Search
Tuesday 17 September 2019
  • :
  • :

Lenguaje sicológico y vulgaridades

Lenguaje sicológico y vulgaridades

Lenguaje sicológico y vulgaridades

El debate  sobre el uso de las  llamadas malas palabras,  ocupa desde tiempos pretéritos a conservadores e innovadores de la lengua.
Cervantes, autor español elogiado en todos los tiempos, en situaciones precisas incluye  vocablos que,  en otros contextos, serían calificados  de obscenos o por lo menos de mal gusto.
Pero aunque  la vida cotidiana  es la más fantástica de las aventuras imaginables, la conversación entre pensantes: el diálogo simple, el saludo,  incluso  la discusión de temas candentes, y la despedida,  no necesitan vestirse  con interjecciones mal sonantes,  mucho menos  si quien intenta comunicarse es un dirigente, un maestro o un estudiante.
Alerto: No me refiero  a  “aceres”,  “cúmbilas”,  “consortes”, “pasmaos” y otras palabras y giros lingüísticos  que han pasado a formar parte del habla entre ciertos grupos etarios, como ayer fueron, por ejemplo, “yénica” y “monina”.
Incluso en otros países, hasta suelen identificar al cubano por el empleo  de tales semantemas coloquiales, los cuales, aunque  a algunas personas les suenen mal, lo cierto es que no connotan alguna grosería u obscenidad y se interpretan como parte del lenguaje sicológico, donde una sola palabra bien puesta equivale a  una oración  capaz por sí misma de transmitir emociones y sentimientos fuertes.
Pero abundan  también los practicantes de lo que podríamos llamar  “aumentada   jerga callejera”, que pretende  denotar, machismo, rudeza, desenfado y reto. Incluye, por ejemplo,  a hembras y varones incapaces de hilvanar una oración sin citar recurrentemente al órgano sexual masculino, aunque lo hagan con cierta ingenuidad, porque se acostumbraron a apuntalar así su imagen  pública de gente dura.
Pero, amigos, está científicamente probado: lenguaje y pensamiento van unívocamente  unidos, son formadores del carácter,  es decir de  acciones  reiterativas de los seres humanos, de los que ya crecimos y sobre todo de los que están creciendo, a quienes tenemos el deber de aconsejar y enseñar, en el aula y en el hogar. Ahora usted tiene la palabra.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones