Matanceridad y cubanía

matanzasUn concepto acuñado por el intelectual villareño Medardo Vitier, asentado por largo tiempo en Cárdenas y Matanzas, ha calificado el modo de ser, de pensar y actuar del matancero.  Es la matanceridad con el significado igual a la cubanía de los motivos todos de la Isla de Cuba.

Por todo esto es bueno pensar lo que Matanzas le ha entregado a la sociedad cubana y pensar la validez actual de estos conceptos.

Ante todo Matanzas, como su propio nombre nos recuerda, señaló el primer acto de rebeldía de los indocubanos frente a los invasores, hecho poco reconocido, por lo cual debemos insistir los propios matanceros.

Los primeros conspiradores, con  Heredia a la cabeza (más matancero por su vinculación con este terruño, que con su tierra natal), que nos entregó el primer símbolo de la independencia, la estrella y seguido por Miguel Teurbe Tolón, con la bandera y el escudo nacional.  La sólida cultura, creada en medio de una enseñanza moral, patriótica y científica, donde se alzaron hombres de la talla de Milanés y Byrne, los Guiteras, los Gener y los Del Monte, que con muchos más dieron lugar a la Atenas de Cuba.

La ofrenda de sudor, lágrimas y sangre que vertieron los matanceros por la independencia y la libertad están como simiente preciosa para los empeños democráticos en la seudorrepública.

Aún hoy podemos notar que en la población la matanceridad está sembrada y rinde sus frutos, pero, ojo a la actualidad, porque actuaciones foráneas, la pérdida de tradiciones y las influencias externas (disfrazadas algunas veces con la capucha brujera de la modernidad) hacen un signo contrario a esa matanceridad que calificó Fidel de pueblo revolucionario, culto y laborioso.

La familia, la escuela y la sociedad son tres elementos decisivos en erradicar actitudes y acciones muy lejanas del modo de ser del matancero.  Cimentar el orden, la honradez, el respeto, la limpieza de la calle y del alma de los ciudadanos es seguir entregando amor y dignidad al legado que nuestros antepasados nos entregaron.

  •   Escrito por el Dr. Cs. Arnaldo Jiménez de la Cal 

 

 

 

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