El agua de lluvia, producto de la magia de la naturaleza, puede ser bendita cuando se utiliza en provecho de los seres vivos; o maldita, cuando llega con furia infernal que arrasa vidas y haciendas, pero en cualquier caso, los hombres, desde que surgieron sobre la faz de la Tierra, han clamado por este líquido, símbolo mismo e la vida en todas sus facetas.
Aunque el agua caiga del cielo se infiltre en la tierra y surja en forma de manantiales, al punto de que algunos puedan embotellarla, no es simple mercancía, ni solo sirve para lavarse las manos, en todos los sentidos.
Nuestro archipiélago cubano, dependiente de precipitaciones que surten fuentes de superficie y subterráneas, reconoce dos periodos: lluvia y sequía. El primero desde el 15 de mayo hasta noviembre. El segundo el resto del año.
Algunos malos agricultores comienzan a lamentarse por la falta de lluvias desde el primer día de la temporada reconocida de sequía hasta que termina. Son profesionales de las justificaciones.
Para invocar a la sequía como causal de improductividad hay que referirse a datos comparativos reales. Igual en la etapa de lluvias.
El agua, que unas veces abunda y otras se pierde, es menester conservarla siempre, de todas las formas posibles, ahorrarla, aprovecharla bien y cuidar su calidad. Científicos, economistas, ingenieros, agricultores, al igual que cualquier vecino de barrio, afrontan el gran reto de mostrar resultados en esos empeños.
La falta de una zapatilla en una llave puede significar millares de litros de agua pura desperdiciados.
¡Que bueno sería que inspectores supervisaran los salideros in situ y exigieran la debida reparación a entidades estatales y viviendas!
Recordemos: asociada a la pérdida de agua está el derroche de la electricidad para bombearla desde los acueductos.
El desgaste en plañideras quejas sobre presuntas sequías debe ceder el paso a la ocupación práctica y constante por economizar cada gota que en la tierra cuesta cara, y aunque, reitero, algunos la embotellan y la convierten en mercancía, la realidad es que el agua es mucho más, es la vida misma de los todos, vegetales y animales, racionales, no racionales o poco racionales, que habitamos en continentes, islas y cayos.
Recuerde: esa agua de lluvia también sirve para múltiples usos domésticos y no necesita electricidad para disponer de ella. No la desperdicie. En Cuba, a partir del 15 de noviembre, comienza la temporada oficial de sequía.





















