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Saturday 16 November 2019
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Ejercicio periodístico cual Pluma en Ristre

banner-pablo-de-la-torriente-brauSu primer artículo periodístico lo publicó con tan solo nueve años en la revista escolar El Ateneísta, perteneciente a los Colegios Internacionales del poblado El Cristo, muy próximo a la ciudad de Santiago de Cuba. Y es que quizás una poderosa profecía de la familia materna lo enlazaba con la asunción de una noblísima profesión que realizaría años después.

Don Salvador Brau Asensio, su abuelo puertorriqueño fue, entre otros disímiles desempeños, el fundador del periódico El Clamor del País, desde donde combatió y denunció los desmanes del gobierno borinqueño, hasta lograr la destitución del Gobernador General de la Isla, ordenada desde la Metrópoli. Por su parte, su tío Luis Brau de Zuzuarregui, inició las primeras lecturas políticas de los sobrinos Torriente Brau en el semanario satírico fundado y dirigido por él denominado Pica-Pica, que por más de treinta años combatió la injerencia norteamericana en Puerto Rico.

Pablo de la Torriente Brau nunca cursó estudios de periodismo en ninguna escuela. Además, no existe evidencia cierta de que se halla nutrido de algún manual para aprender las técnicas específicas del oficio. Con una suerte de capacidad intuitiva vislumbró que el reportero funcionaba, como señalara cierta ocasión la doctora Mirian Rodríguez Betancourt, cual « usuario legítimo de los métodos más diversos para documentar la realidad».

Así, se inició como redactor en el diario El Nuevo Mundo y en el magazín El Veterano, ambas publicaciones dirigidas por el otrora coronel del Ejército Libertador José Camejo Payents. Más adelante, luego de la salida de su primera prisión publicó en El Mundo, un influyente medio nacional, sus 105 días preso.

A juicio de investigador italiano, Federico Saracini,  esta serie de reportajes resultó:

«un texto importante que marcó una renovación en el periodismo cubano, gracias al aporte de una dinámica y una concepción moderna de la crónica y del propio reportaje, amalgamando en un solo texto el cuento y el relato, tratando siempre de conjugar el equilibrio estilístico con fines sociales (…)mediante este nuevo modo de hacer periodismo».

Por este tiempo también colaboró con Línea, el periódico universitario y órgano del AIE, hasta el momento antes de ser capturado nuevamente y enviado hacia la Isla de Pinos. Luego del presidio, exilio y retorno a Cuba, Pablo reemprendería con nuevos bríos el trabajo antes interrumpido, esta vez, desde las páginas de Ahora.

Es en este medio de prensa donde el periodista consagró su labor entre enero de 1934 y febrero de 1935, al desplegar su ímpetu creador a través de diversos géneros, con mayor predominio del reportaje, desde el mismo momento en que llega a la redacción. Las palabras de Guillermo Martínez Márquez, su entonces director, así lo demuestran:

«De la máquina comienzan a salir, a partir de los minutos que siguen, reportajes vivos, crónicas humorísticas, diálogos y frases punzantes para la cabeza y los pies de las caricaturas de actualidad, artículos vibrantes de rebeldía, biografías de hombres eminentes, rememoraciones históricas, trabajos de divulgación científica, exploraciones notables, recuerdos escalofriantes de sus aventuras… Hace sueltos, tiene facilidad para esa prosa sintética e impresionista propia de los titulares, da ideas para los cartones humorísticos y redacta editoriales. ¿Dónde aprendió Pablo este trabajo periodístico, que realiza con maestría y que muchos hombres bien preparados tardan años en llegar a dominar?»

banner-pablo-de-la-torriente-brauCiertamente, muy asombroso resulta que sin aprender jamás el oficio en academia alguna, hayan brotado de su pluma obras como Tierra o Sangre; La Isla de los 500 asesinatos; ChicolaLa Habana, ciudad de los kilos, entre tantísimos más, que devienen exponentes cimeros en su labor, a propósito del exquisito dominio de la técnica, y del empleo de recursos literarios a través de un discurso denunciador, crítico, militante.

Así y sin sospecharlo, Pablo se hizo precursor de tendencias o escuelas como las del Nuevo Periodismo norteamericano de los años 60 y del Periodismo de Investigación.

«Es, precisamente, ese sentido transgresor el que resulta destacable en Pablo, una transgresión que en su caso, no solo significa innovación periodística, sino que se entronca con la formación intelectual, ética, humana, política, recibida desde niño, avivada desde el ambiente familiar y que termina por proyectarse de manera muy fuerte en el escenario social (…)»

La gran calidad y comunicación trascendente de esos textos lo han convertido, en opinión del investigador y académico Fernando Martínez Heredia (2007), en el más famoso cronista de la Revolución de los años 30. Y es que la grandeza de su ejercicio profesional radica en la realización espontánea de un periodismo comprometido con la realidad social y, por demás, adelantado en tiempo y forma a los cánones reporteriles asumidos en la época que le tocó vivir.




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