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Monday 16 December 2019
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El hombre que nos salvó La Colla matancera (+Fotos)

ruesca-colla matanceraRoberto Ruesca es lo que se dice un hablador locuaz. Conoce tanto de aquí y de allá que sus conversaciones suelen tomar el camino largo, largo, entre cifras y reflexiones.

Habita una casa colmada de recuerdos en la barriada de Versalles, en su querida Matanzas. Quiere vivir lo suficiente para contar la historia de su vida o mejor la de La Colla de Montserrat.

Siendo un niño su abuelo lo hizo arrodillarse ante la verge moreneta, esa que hoy conserva pese a su deterioro y el mal paso de los años. Fue entonces cuando inició, sin saberlo, los vínculos que lo mantendrían unido por siempre a la imagen religiosa y a la tradición de origen hispánico escenificada en la ciudad.

Hoy es el presidente del Círculo de la Cultura Española en Matanzas, sobrepasa los 70 años y conserva cada uno de los legajos que dan vida a La Colla matancera desde 1981, cuando se retomó la festividad para ser considerada como la más importante celebración de origen ibérico rescatada en la Isla luego del triunfo de la Revolución.

Aparece con su historia, archivada sigilosamente con los años, documentada hasta el más mínimo detalle. Hojas manuscritas del programa cultural, vales para alimentos, recortes de prensa, fotografías inéditas… Todo está aquí en sus muchas carpetas.

Y es que este señor de palabras rescató la festividad cuando apenas se sabía de ella, de sus particularidades y esencia. Se había extinguido durante de la primera mitad del siglo XX.

Entonces Ruesca era un hombre joven, conocedor de la historia de su nación y amante indiscutible del arte. Desde su puesto en la Dirección municipal de Cultura le llegó la indicación de echar a andar La Colla, una de las 24 fiestas de carácter popular o litúrgico que corresponden a los yumurinos.

Por ello no es de extrañar que sonría cuando dice, casi en broma, casi en serio, que Matanzas bien podría llegar a ser la capital de los festejos en Cuba.

E ahí otra nueva historia a punto de llegar, la que decide tronchar en ese largo camino de las palabras. Retorna y dice que recibió la indicación de organizar La Colla solo 15 días antes y después de varias décadas fuera del panorama local. “Entre el estupor y la desinformación me lancé a la calle y en medio de una semana realicé doce entrevistas”, confesó.

Comencé por un viejito catalán que se sentaba todos los días en el parque de la Rueda Dentada. Me habló de otro y otro y otro… porque fueron ellos, los catalanes, quienes iniciaron la festividad aunque ésta era extensiva al resto de las nacionalidades españolas radicadas aquí y al pueblo en general.

A partir de ese momento La Colla se convirtió en la hija que tuve que parir, una hija que todavía hoy no finalizo porque aún le restan elementos identitarios como son sus 40 hombres vestidos con trajes típicos y armados con tenedores, cucharas y cuchillos a tamaño natural.”

Del retorno de la romería muestra imágenes. Allí, se le observa liderando el ascenso del pan gigante. Así es la tradición surgida entre los matanceros: un pan gigante que llegó a alcanzar los dos metros de largo, ya que según el refranero catalán “de pan y vino se hace el camino”.

Aquella de 1981 resultó multitudinaria”, enfatiza al tiempo que revisa por aquí y por allá. “En aquella oportunidad varias personas mayores lloraron al escuchar nuevamente las gaitas después de muchos años de ausencia de la ciudad.”

Situado en el siglo de las nuevas formas y fusiones, se le pregunta qué tan importante es la tradición, esa a la que ha dedicado si no su vida, la mayor parte. “Uh…, importantísima”, subraya. “¿Qué heredan los pueblos? El pensamiento, la educación… incluso la forma de divertirse porque en ello también va nuestra espiritualidad.

Comenta que las décadas del 80 y 90 fueron las de mayor esplendor, a la vez que no renuncia a reconquistar los viejos tiempos. Cree además, que la fiesta en sí misma ha dado pasos significativos para recuperar su identidad, donde la nueva réplica de la virgen La Moreneta es ya buen síntoma.

En las romerías, el último de los días, después de varios en vísperas, el pueblo asciende a la Ermita de Montserrat para disfrutar del canto y el baile a la usanza de los abuelos. Antes ya se habrá realizado el brindis de confraternidad con personalidades ilustres e invitados, donde se siente el chasquido del vino y muy particularmente se moja el pan en salsa catalana, tal como dice la tradición.

Roberto Ruesca sabe de ello y así quiere dejarlo asentado, en parte de su vida, en parte de las romerías. El hombre que salvó La Colla ha emprendido una carrera contra reloj.

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Fiesta de La Colla durante la primera mitad del siglo XX. FOTO CORTESÍA ENTREVISTADO.

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La fiesta de La Colla de Montserrat donde “el pan y el vino hacen el camino”, según el refranero catalán. FOTO CORTESÍA ENTREVISTADO.

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La tradición insta a subir hasta las alturas de Montserrat. FOTO CORTESÍA ENTREVISTADO.

 

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Instantánea de la primera Colla rescatada durante la década del 80. FOTO CORTESÍA ENTREVISTADO.

 

 

 




3 thoughts on “El hombre que nos salvó La Colla matancera (+Fotos)

  1. Vladimir cruz

    Soy matanzas y mis semillas lo seguirán siendo soy yumuri de corazón muy buena la historia pero ya no es así como yo quisiéramos mucho que fuera como cuenta la historia Ojo de agua

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