Matanzas: un compromiso con la tradición musical

El danzón Baile Nacional Cubano, nació en MatanzasLa ciudad de Matanzas, conocida como la Atenas de Cuba por el esplendor cultural que alcanzó en el siglo XIX, cuenta también su historia en diversidad de géneros y estilos musicales, que conforman un auténtico legado de generaciones como hilo conductor entre pasado y presente de la urbe.

En este ámbito, la ciudad, conocida por la belleza de sus centenarios puentes, marca una profunda huella como Cuna del Danzón, el danzonete, la rumba y el mambo, sonoridades que aún avivan pasiones por su ritmo contagioso.

Dichas creaciones artísticas demuestran el indiscutible talento de matanceros de la talla de Miguel Failde, quien compuso “Las Alturas de Simpson”, Aniceto Díaz, fundador del danzonete y Dámaso Pérez, autor del inmortal mambo.

 Las raíces musicales de Matanzas

 En Cuba la música resulta una mezcla de los ritmos traídos por los colonizadores españoles, los esclavos procedentes de África y los inmigrantes asiáticos, que se refleja en el uso de la corneta china en la conga de los carnavales, expresó la musicóloga María Victoria Oliver.

 Esa fusión, determinada por las raíces europeas y africanas, dio lugar a la música tradicional, donde se evidencian una amplia gama de géneros que forman parte de la identidad nacional y permiten hoy su reconocimiento universal.

 A decir de la también directora de la Casa del Danzón, con el propio proceso de transculturación, este legado musical se ha mezclado con expresiones contemporáneas como la música electroacústica, pasando por el jazz, el rock, y el reggae.

Estos nuevos géneros se alejan, generalmente, de las raíces cubanas cuando en realidad, deberían rescatar los ritmos autóctonos para que lleguen de este modo a las nuevas generaciones, afirmó Oliver.

 Por el rescate del patrimonio intangible

Propuestas con el fin de conservar el patrimonio intangible matizan los últimos tiempos, protagonizadas por los Conciertos Corales de Primavera, el Festival Cubadanzón y el encuentro de trova y rumba, a cargo de Silvio Rodríguez y Los Muñequitos de Matanzas.

 En el marco de la vigésimo segunda fiesta del danzón se reestrenaron partituras matanceras antecedentes de este ritmo, que solo se encontraban en el antiguo periódico La Aurora del Yumurí y se declaró al baile Patrimonio Inmaterial de la Nación Cubana, afirmó Luis Ortega, divulgador de la Empresa de la Música.

Por otro lado la destacada actuación del joven Ethiel Fernández, tataranieto de Miguel Failde, conquista al público en cada una de sus presentaciones, en las cuales incorpora temas del repertorio original de la orquesta.

El Castillo de San Severino y el Callejón de las Tradiciones se reafirman como sedes habituales de las celebraciones encaminadas a replantar nuestras raíces, así llegaron hasta esos parajes la Fiesta de los Orígenes y presentaciones de grupos folclóricos.

Sorangel Fuentes, Jefa del Departamento Relaciones Públicas del Consejo Provincial de Artes Escénicas expresó que Matanzas carece de variedad en las opciones musicales, debido a la ausencia de un escenario idóneo para agrupaciones de gran formato, por ello resulta necesaria la reparación del Teatro Sauto y la Sala White.

Sala White: una necesidad del pueblo

 La Sala White, anteriormente conocida como Liceo Artístico y Literario de Matanzas se encuentra en remodelación desde hace más de una década, hecho que se traduce en la pérdida de un espacio destinado al enriquecimiento cultural.

En la actualidad se remodela el sitio y con él su objeto social, por ello se prevé al centro como sede de conciertos de agrupaciones de diversos formatos que interpreten música clásica, donde converjan artistas matanceros y foráneos.

Según José Miguel Álvarez, director de la Sala de Conciertos José White, una vez reinaugurada la misma se procederá a la creación de un sello discográfico para registrar el repertorio compuesto por músicos.

Aunque ya restan pocas las acciones constructivas, aún faltan elementos de terminación que atentan contra el viejo anhelo del pueblo matancero, de sus músicos y de sus estudiantes de la Escuela Vocacional de Arte, señaló Álvarez.

Quizás la carencia de lugares propicios para la difusión de las raíces musicales sea un factor que influya en la calidad del espectáculo pero se debe mantener por encima de todo el deseo de crear y conservar la esencia de los ritmos matanceros en su propia cuna.

El rescate de tradiciones en su sentido más amplio podrá asegurar que perdure la idiosincrasia a lo largo de varias generaciones; sin dudas, la melodía corre por las venas del cubano que, ante el llamado de la música, enseguida responde.

Escrito por  Lilian Casabona Dihigo y Anet Martínez, Estudiantes de Periodismo

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