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Wednesday 23 October 2019
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Mansión Xanadú sigue cautivando

Xanadu

La Casa Dupont o la Mansión Xanadú, una de las mayores atracciones del principal polo turístico de Sol y playa de Cuba.

Imponente por su opulencia y singularidad en el entorno de la playa de Varadero, a 140 km de La Habana,  la Casa Dupont o Mansión Xanadú tiene un espacio bien ganado entre las siete maravillas matanceras por su arquitectura admirable y su halo de envolvente misticismo.

El millonario norteamericano Irénée du Pont la mandó a construir en 1927, justo el año en que se retiraba de la presidencia de su compañía. Tal vez deseaba un palacio a la medida del de Kublai Khan y por eso la bautizó Xanadú, como la capital de verano del antiguo imperio mongol e invirtió en ella un millón 300 mil dólares.

Lo cierto es que, enclavada sobre la Peña de San Bernardino, punto más alto de la península, fue la primera edificación de cantería de Varadero con tres pisos, siete habitaciones, tres terrazas (una de ellas actualmente cerrada y convertida en bar), siete balcones, un muelle, un campo de golf de 9 hoyos y una cava.

Sus arquitectos: nada más y nada menos que los famosos Evelio Govantes y Félix Cavarroca, “el dúo clásico de la arquitectura moderna de La Habana”, quienes participaron, entre otras cosas, en la concepción del Capitolio Nacional.

Sin embargo, Xanadú no guarda una relación formal evidente con otras construcciones cubanas. Resulta más bien un verdadero monumento al eclecticismo, con elementos “de aquí y de allá”, ideas que parecen traídas no por los proyectistas, sino por el propio du Pont y su manera de entender la arquitectura desde el punto de vista norteamericano.

Tal es así que a pesar de encontrarse ubicada en un entorno tropical, la sala principal de la planta baja luce una estufa completa en todo el sentido de la palabra y que realmente pudo haber servido para “calentar” las noches varaderenses.

Esta misma habitación posee un órgano electromecánico que mediante un sistema de tres mil tubos llevaba la música a distintos espacios desde el primer piso hasta el tercero. Según la arquitecta Katia Casanova, quien trabaja en la mansión, solo se construyeron tres de este tipo y dos de ellos fueron propiedad de la familia du Pont.

En cuanto a los motivos decorativos la mayoría se relacionan con el ambiente marino. Peces, caballos de mar, rosas náuticas, veleros o timones adornan lo mismo lámparas o muebles que el piso de la terraza posterior, iluminado con teselas.

Es por ello que vista desde la costa la construcción simula un barco y lleva en sus dos extremos los faroles rojo y verde que señalan, en el lenguaje de las naves, babor y estribor.

A pesar de que los interiores están concebidos con buen gusto y predominan en ellos los mármoles italianos (de carrara) y cubanos, y las maderas preciosas: jiquí, caoba, cedro, no hay en la casona obras artísticas de significativo valor, exceptuando una colección completa de la Enciclopedia Británica.

En especial los cuadros colocados en las paredes son de intrascendente factura, sólo dos tienen cierto mérito histórico, le fueron obsequiados a du Pont por Celia Triolet, hija de Ernesto Triolet, propietario de la famosa botica matancera.

Dupont: Realidad y leyenda

Alrededor de la persona de Irénée du Pont (1876- 1963) se han tejido y aún se tejen un sinnúmero de leyendas, cierto es que la biografía del millonario norteamericano, descendiente de una notable familia francesa y heredero de un emporio químico, da para eso y más.

Su antepasado Eleuthère emigró a los Estados Unidos y durante el siglo XIX consolidó la E.I. du Pont de Nemours and Company, años más tarde de esta misma empresa saldrían las invenciones del nailon y el teflón, materiales que revolucionaron el mercado.

Con semejante monopolio a sus espaldas Irénée compró 180 hectáreas (a cuatro centavos el metro cuadrado), que incluían 8 kilómetros del litoral, en Varadero.

Su personalidad promovió acusaciones como la de estar “obsesionado con Hitler”, lanzada por el historiador Charles Higham. Desde otro ángulo la revista Fortune lo declaraba como uno de los veinte hombres más ricos de los Estados Unidos.

Se dice que su muerte se produjo el 12 de diciembre de 1963, el mismo día en que la primera mujer cosmonauta del mundo, Valentina Tereshkova, reinauguró su mansión convertida en el restaurante Las Américas.

Aún así, la coincidencia que más motiva la imaginación es el propio nombre de Xanadú, pues en el filme Ciudadano Kane (1940), se llamó de igual modo al palacio de inconmensurable lujo mandado a construir por el personaje de Charles Foster Kane, un millonario que al final resulta atrapado por su propia riqueza.

Cierto es que Orson Welles (director y guionista) se inspiró para su clásica película en la figura de William Randolph Hearst (1863-1951), dueño de un monopolio mediático, pero Kane es mucho más, simboliza a un minúsculo sector dentro de la sociedad norteamericana, el de aquellos que poseen cantidades de capital que sobrepasan con creces sus necesidades humanas pero no sus humanas ambiciones.

Cabe entonces cuestionarse si Welles no tomaría también algunos rasgos del propio du Pont, poseedor de una fortuna cercana a los 400 millones de dólares, quien se compró una playa de ensueño y un palacio para habitar en él solo por breves temporadas y tal vez fuere un ejemplo más de que el dinero no puede canjearse por la felicidad.

De cualquier manera, día tras día visitantes de muchas latitudes nada más que llegan al balneario de Varadero preguntan dónde queda la Casa Dupont o la Mansión Xanadú, una de las mayores atracciones del principal polo turístico de sol y playa de Cuba.

Pie de foto:

Foto 1: Esta tarja que reconoce como Monumento Nacional de la República de Cuba a la Mansión Xanadú, casa Dupont.

Foto 2: La Casa Dupont o la Mansión Xanadú, una de las mayores atracciones del principal polo turístico de Sol y playa de Cuba.

 




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