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Wednesday 23 October 2019
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Principio del fin del bandidismo

alzadosLos imperialistas yanquis tropezaron desde los primeros momentos de la Revolución Cubana con un fenómeno con el cual no han podido lidiar. Han apelado a las agresiones económicas (la guerra de ese tipo llamada, eufemísticamente, embargo); sanciones diplomáticas; aislamiento político y hasta intentos de agresión militar.  Solo recibieron fracaso tras fracaso.

Una de las agresiones militares llevadas a cabo entre 1959 y 1965 fue la creación de bandas armadas que sembraron el terror en el campo y fueran una quinta columna en caso de un desembarco de guerra.  Hubo bandidos en las seis antiguas provincias y a Matanzas le correspondió ser el segundo escenario escogido por aquellas hordas, después del Escambray.

Cerca de 50 bandas con más de 600 efectivos y una amplia red de colaboradores asoló el territorio yumurino y cometieron actos terribles como el asesinato de cuatro niños, el ahorcamiento de campesinos en presencia de sus familiares y la tortura y el sabotaje.  Contra ellos se levantó el pueblo formando el Ejército, las Milicias, la Seguridad del Estado y otras fuerzas.

El jefe de los bandidos en Matanzas era Juan José Catalá Coste, alias el Pichi, a quien la CIA le había dado los grados de coronel por sus acciones vandálicas. Contra él y su banda se centró el esfuerzo del pueblo entero para lograr que pagara por más del centenar de caídos en esta lucha.

A mediados de marzo de 1963 fue localizado en un escondite bajo tierra en un lugar conocido como Río de Auras.  Después de tener la seguridad de que allí se encontraba con sus otras dos bandas acompañantes se trazó el plan para proceder a su captura.

El 22 de marzo de 1963 una agrupación de combate al mando del Comandante Dermidio Escalona y el Capitán Lizardo Proenza procedió a cercar la zona y dentro del anillo, otros tres grupos se formaron donde estaba la banda del Pichi, la de Luis León, alias Leoncito y la de Eulogio Mirabal, alias El Roco.

El combate fue cruento y las fuerzas revolucionarias lograron la aniquilación de los 22 bandidos, aunque se lamentó la caída en combate de Silvano Alba Díaz, miembro del Departamento de Seguridad del Estado.

Este triunfo matancero, como señalara días después Fidel, marcó el principio del fin del bandidismo en Matanzas, una derrota más de los imperialistas.




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