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Wednesday 20 November 2019
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El mundo farmacéutico del siglo XIX desde una botica francesa

Tienda Botica Francesa Matanzas- Foto Yirmara TorresEn el centro histórico de la ciudad de Matanzas se encuentra la Botica Francesa de Ernesto Triolet, legendaria por el tesoro que guarda intacto en alrededor de cinco millones de piezas, donde muestra los secretos de la farmacia de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX.

Abierta al público como museo el 1ro. de mayo de 1964, la instalación Monumento Nacional y Premio Nacional de Restauración en 2008,  recibe anualmente más de 40 mil visitantes, quienes experimentan, con solo traspasar el portón, la sensación de viajar en el tiempo.

La iluminación tenue de las lámparas deja señorear a la natural, que se cuela a través de los coloridos vitrales y un olor suave, proveniente de la mezcla de las viejas esencias de anís, plátano, eucalipto, piña…, atrapadas para siempre, junto al aroma del cedro de la portentosa estantería, envuelven el aire fresco y húmedo, contribuyendo a dar un halo mágico al lugar.

La botica mantiene la primera planta intacta, con sus estantes majestuosos, los gaveteros y el mostrador, como si aún pudiera venderse allí cualquier medicamento; la rebotica, con la mesa dispensarial y los equipos para preparar pastillas u óvulos vaginales y el libro enorme donde se registraban las recetas; los almacenes repletos de frascos y cortezas; el patio donde se guardan aún pomos recién lavados y más atrás  el laboratorio, con las máquinas que parecen listas para ser usadas de nuevo.

Subiendo por la escalera de mármol el visitante encuentra, en el piso intermedio izquierdo, con el taller de vitrales que maneja la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, y más adelante, aunque no siempre está incluido en el recorrido, se accede a la segunda planta, donde se mantienen intocables los espacios y muebles de los dueños de la botica. Allí, una pequeña sala con un piano, que sirve de espacio para conciertos, recitales o presentaciones de grupos teatrales.

En el “mezzanine” de la derecha, adonde se accede con dificultad, subiendo por la escalera de servicio, se encuentra la pequeña oficina de quien ha sido por 32 años la directora del Museo Farmacéutico, Marcia Brito Hernández, una mujer de baja estatura, piel muy blanca y mirada sincera. Aunque es difícil encontrarla allí, porque siempre está guiando una visita, quitando polvo o supervisando para que los recién llegados no toquen las piezas, esta vez accede a un breve descanso para alejarse del ruido y conversar tranquila sobre la historia y los retos de la Botica Francesa.

Marcia, ¿cómo nace la Botica Francesa de Matanzas?

– Nace de la unión entre la familia cubana Figueroa y la francesa Triolet. Juan Fermín Figueroa, quien era conocido como “rey de boticas de Cuba”, porque tenía establecimientos en La Habana, en Cienfuegos y en todos los municipios de Matanzas, hace un viaje a Francia y conoce allí a Ernesto Triolet Lelievre, a quien invita a venir a Cuba. Ernesto se enamora de su hermana, doña Justa de Figueroa, se casa con ella y juntos fundan esta botica.

– En realidad la primera botica francesa de Triolet estuvo en Sagua La Grande, en Villa Clara, pero pronto la cierra y la traslada hacia Matanzas, para este mismo lugar. La fundan el primero de enero de 1882; pero poco después de fundada, Justa de Figueroa muere y Ernesto Triolet se casa de nuevo, esta vez con la hija de Juan Fermín, la primera mujer farmacéutica de Cuba, María Dolores de Figueroa, quien se había graduado de Farmacia en Nueva York.

-¿Qué relevancia tuvo esta botica  en la Cuba del siglo XIX y principios del XX?

– La Botica Francesa de Matanzas era muy reconocida en Cuba por la seriedad en la preparación de los medicamentos y la presentación del producto. Sus remedios se comercializaban no solo en Cuba, sino en otros países. Durante sus años de funcionamiento mantuvo un comercio muy activo con Francia, aunque venían productos de Alemania, de Italia, China y otros lugares.

– Pero lo que le dio notabilidad fue la participación en la Exposición Universal de París en el año 1900. El doctor Triolet llevó onceproductos patentados por él y obtuvo una Medalla de Bronce, que forma parte de las piezas del museo. Entre los productos que llevó se encontraba el Jarabe Café Compuesto para el asma y la tos, píldoras para febrículas, un remedio para la caída del cabello y otro para los callos.

– Sin embargo, ese viaje llevó a Ernesto Triolet Lelievre a la muerte. En París contrae pulmonía y muere. A solicitud suya su cuerpo es enterrado en Matanzas en el cementerio de San Carlos. Entonces su esposa, María Dolores Figueroa, se hace cargo de la botica hasta 1914, cuando su hijo Ernesto Triolet Figueroa regresa a casa, graduado como doctor en Farmacias en la Universidad de La Habana.

– Por la continuidad que hubo en esta familia de farmacéuticos, yo siempre sostengo la teoría de que aquí se da el nacimiento de la botica cubana. Aquí convergen las escuelas de farmacias más importantes del mundo del siglo XIX: Triolet, de la escuela de farmacia de París; Juan Fermín, de la de Madrid y María Dolores, de la de Nueva York. Ellos tienen que adecuar todos esos conocimientos a un entorno completamente diferente, donde estaba la influencia de la medicina que traían los negros africanos y los chinos emigrantes con el uso de la medicina natural y tradicional.

– Todos esos conocimientos los fueron adecuando a la realidad en la que ellos se desarrollaban y tuvo como colofón que uno de los tres hijos del matrimonio, Ernesto Triolet Figueroa, que es el último farmacéutico de la botica, estudiara Farmacia y se graduara en Cuba.

– ¿Cómo se logró mantener la Botica Francesa o Farmacia Triolet casi intacta hasta la actualidad?

– En primer lugar se debe a los propios dueños, los Triolet-Figueroa. La botica, como otros negocios que existían en Cuba, fue nacionalizada a finales de 1963. El 16 de enero de 1964 se prepara la última receta y su dueño decide entregarla a Patrimonio. Ese es un momento trascendental en la historia de esta botica. La humanidad debe estar eternamente en deuda con Ernesto Triolet, por su grado de desprendimiento. Hay que entender que se nacionalizaba el negocio, pero los bienes eran propiedad del dueño; sin embargo, lo dejó todo a la posteridad.

– Así abre el 1ro. de mayo el Museo Farmacéutico, primero de su tipo fundado en Latinoamérica. Cuentan que el 30 de abril se hizo el acto inaugural y el doctor Triolet hizo la primera visita. Una de las leyendas que acompaña a la botica y es totalmente cierta es que su último dueño trabajó en el museo hasta 1979 y murió en los altos, donde tenía su vivienda.

¿Qué intervenciones se han hecho en el Museo que han contribuido a su estado de conservación?

– Cuando yo llegué a trabajar aquí en 1982 se celebraba el centenario y se había realizado una pequeña reparación, con los recursos que había en aquel momento, pero solo se dio un pequeño mantenimiento al edificio.

– La primera reparación capital se hace del 2005 al 2008, que es con la que se obtiene el Premio Nacional de Restauración que otorga el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. El restaurador fue Sergio Roque Ruano y el grupo Atenart.

¿Cómo lograron realizar la restauración con tantas piezas en medio de ese proceso?

– Yo luché porque se reparara durante 20 años, pero tenía temor de que se rompieran las cosas, porque aquí todo es de cristal o porcelana, y en segundo lugar temía que se perdiera la atmósfera del lugar y de pronto pareciera una tienda luminosa, nueva y que ya no fuera la botica, sino otra cosa. Eso no sucedió.

– Lo excepcional de ese proceso de restauración fue que no se sacó una pieza del museo y no se rompió nada. Trabajamos con todo aquí adentro. Movíamos las piezas nosotros mismos, nos daban las 5:00 de la madrugada trasladando todo cuando se iba a comenzar una nueva habitación, porque a las 8:00 de la mañana llegaban los restauradores y el lugar tenía que estar en condiciones para ellos trabajar.

– El museo se mantuvo dando servicios con la restauración y la gente venía a ver el proceso. Muchos se preguntaban cómo podíamos, pero fue muy interesante.

-Cuando se entra a la botica da la sensación de que es una botica viva, ¿cuál es el secreto para mantenerla así?

– El museo siempre ha sido excepcional, porque tiene una característica distintiva; no es un museo montado, es una botica convertida en museo y eso lo hace diferente. Tiene todo en el mismo sitio en que se encontraba cuando sus dueños la manejaban.

– El secreto para mantenerla así es trabajar mucho. Es un nivel de entrega extraordinario. Todo el mundo en función de que aquello no se puede caer, de que hay que limpiar, de que hay que traer todos los trapos que se puedan o un poquito de detergente; porque es muy difícil mantener tantas piezas limpias. Aquí no hay vitrinas selladas, que tú limpias la vitrina cada dos o tres meses y ya. Aquí todo está en estantes o a la mano, y la protección y conservación del lugar debe ser muy cuidadosa; la hacemos nosotros mismos.

– Tengo 19 trabajadores; cuatro son museólogos y varios técnicos de museo que hacen funciones de auxiliares generales, atendiendo la conservación y la animación. La limpieza se incluye dentro de la conservación y para limpiar no hay hora, lo hacen durante todo el día, porque a las 10:00 de la mañana todo está impecable y ya a las 2:00 de la tarde está lleno de polvo.

– Pero además, aquí cada visitante tiene una visita dirigida, adecuada a los intereses de la persona o el grupo. Son dirigidas porque aquí no hay pie de exponente, no hay nada que explique nada; si no se les dirige lo pueden ver bonito, pero no entienden nada. Cada uno de los 19 trabajadores está preparado para hacer una visita dirigida, desde el “sereno” (cuidador nocturno) hasta el museólogo más preparado.

– Trabajar en un museo es una cosa compleja, en primer lugar porque las personas tienen que ser de mucha confianza, personas muy íntegras, porque te desmontan el museo y no te enteras. Las personas que trabajan aquí aman mucho este lugar.

¿Qué valor tienen las piezas que guarda el museo?

– Son piezas de mucho valor. Toda la porcelana es de Sévres; son piezas muy antiguas, algunas decoradas con polvos de oro y a mano; son únicas y propias. Hay más 800 mil etiquetas, cientos de miles de frascos de cristal mandados a hacer para este lugar. Están los frontones, dos frascos inmensos, con función ornamental, que son de cristal de Bohemia, dos piezas únicas, pues sus dueños compraron la exclusividad del diseño. O sea, que en el mundo existen esas dos nada más.

– En los planes para la evacuación del museo en casos de desastres me dicen, por ejemplo, que debo priorizar cien piezas y yo les digo que aquí todo es valioso: los albareros todos son distintos, las etiquetas son invaluables y la biblioteca es una joya, ahí hay libros de todo el mundo que no existen en otra parte; hay una farmacopea de Bélgica del año 1845 que no existe ni en ese país.

¿Cómo son las relaciones con la comunidad y el mundo farmacéutico actual?

– Hemos logrado un fuerte vínculo con la comunidad cubana e internacional. El reconocimiento que tiene en el público internacional es grande. Hay muchas personas que vienen a otro lugar de Cuba y se trasladan a Matanzas nada más a ver la botica. En cuanto a los niños y jóvenes cubanos, mantenemos vínculos con todos los niveles de enseñanza, desde los círculos infantiles hasta la Universidad, especialmente con la Facultad de Ciencias Médicas. El Museo es sede la Filial de la Sociedad Farmacológica de Cuba en Matanzas.

– Desarrollamos investigaciones que están dirigidas fundamentalmente al estudio de sus colecciones, que son amplias. Actualmente se trabaja en el estudio de productos medicamentosos que están en el museo desde el momento de fundación de la botica, sobre la base de que hay fórmulas de 1882 que se pueden hacer aquí porque están todos sus componentes. Eso lleva un trabajo exhaustivo, con los libros de asentamiento para determinar las fórmulas y con los fondos que hay en salas y en almacén.

– El proceso de digitalización de los 55 tomos de los libros de asentamiento de recetas de la botica, concluido en 2013, fue otro paso importante, que favorecerá que toda esa información pueda ser utilizada por los investigadores de las especialidades vinculadas a la farmacia en el mundo. Próximamente va a haber una publicación de esas formulaciones para que la gente las use, y este año continuará otra fase del proyecto, que incluye un catálogo digital de los bienes del museo.

¿Han pensado en brindar otros servicios en el museo, como la venta de remedios o esencias?

– Nosotros hemos tenido ese proyecto de siempre; no aquí en el museo, porque los bienes son patrimoniales, sino en un espacio que está al lado y que hemos solicitado al gobierno de Matanzas desde hace años. Hoy lo ocupa una inmobiliaria para las construcciones turísticas y una oficina de Infotur. Cuando ocurrió la nacionalización esa construcción era propiedad del doctor Triolet. Quisiéramos habilitar ese sitio para vender cocimientos o cremas. El proyecto existe, lo único que se necesita es la buena voluntad de quienes deben decidir.

¿Cuáles son las principales dificultades que enfrenta hoy el Museo Farmacéutico?

– Aunque su estado de conservación es bueno, tenemos dificultades constructivas en el inmueble que se deben solucionar a tiempo. Lo principal son filtraciones graves en la cubierta, porque la manta impermeabilizante que se puso ya cumplió 16 años y su fecha de vencimiento era de diez. A partir de arreglar la cubierta hay que hacer otros arreglos. También nos ha causado daños el cierre del hotel Louvre, edificio que colinda pared con pared por la derecha con la botica y que sufre de un deterioro acelerado. Pero no es solo  el Louvre, sino que estamos en un lugar inhóspito, pues por la parte de atrás tenemos al antiguo Club 66, la bodega El Águila y lo que fue una sucursal bancaria, todas instalaciones en estado deplorable.

– En cuanto a la cubierta, ya está aprobado para este año un proyecto para hacerle una restauración a la manta que tiene y mejorarla. Nos han dado otras soluciones, pero implican sellar la cubierta y eso no es bueno para un lugar como este donde lo ideal es que el revestimiento transpire. Soy del criterio de que las acciones de restauración cuando no son adecuadas hacen más daño que esperar un tiempito a que se logre lo que realmente lleva.

-Además de los planes inmediatos de reparación, ¿qué otros proyectos tienen en mente?

– El proyecto más importante, y que quisiera lograr antes de morirme, es lograr que el museo sea declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. Estamos en la Lista Indicativa por Cuba, reunimos los requisitos para ello, pero eso no depende solo de eso, tiene que haber una voluntad muy fuerte en las personas que gobiernan en la localidad para que realmente se logre y no hemos contado con ese apoyo.

– Matanzas está en una situación difícil. Aún cuando fue declarada Monumento Nacional en 2013 la situación en cuanto a conservación del centro histórico de la ciudad es muy compleja y eso también lo valora la UNESCO.

El razonamiento de Marcia, lleno de toda lógica, no es pesimista, sino realista; es un llamado de atención a quienes tienen la responsabilidad de salvar, como se ha salvado la botica, otros sitios patrimoniales de Matanzas.  Pero el museo y ella misma con su energía me hacen creer que tal vez sea posible que la UNESCO falle a favor de declarar esta joya de la farmacéutica mundial, que tiene el doble mérito de haberse mantenido incólume en medio de un entorno tan agresivo, como Patrimonio de la Humanidad.

Mientras bajamos por la estrecha escalera de madera, Marcia insiste en darme una visita dirigida para contarme paso a paso cada uno de los secretos de los frascos, de las etiquetas, de los libros donde se escribían las recetas. No para de hablar y apenas tengo tiempo para anotar, para grabar, para dejar constancia gráfica de todo.

Aprovecha y me cuenta del encuentro previsto con los descendientes de la familia Triolet, de las muestras especiales en la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, de la Medalla Conmemorativa por los 50 años que instituirán de forma especial, de un gran concierto y que cerrarán el año con la segunda edición en diciembre del Evento de Medicina Natural Tradicional Triolet 2014.

Le hago la trillada pregunta de “qué ha significado el museo para ti”, y Marcia no duda en contestar. “Esta es mi casa, el lugar al cual yo he entregado lo mejor de mi vida. La gente se ríe porque yo les digo que esta es mi botica y ha habido funcionarios que me han llamado la loca que se cree dueña del museo.”

No le digo nada, solo asiento. Pero quisiera explicarle que tal vez es un poco su museo, que ser o estar loca no es tan malo cuando se logran obras como esta y que muchas personas en Matanzas aseguran que la Botica Francesa y la humanidad le deberán siempre a la familia Triolet, pero también y aunque su modestia no le deje aceptarlo, estarán en deuda con Marcia Brito Hernández.

Algunas precisiones

Museo Farmacéutico Ernesto Triolet: Fundado el 1 de mayo de 1964, en la ciudad de Matanzas. Farmacia convertida en museo por su último dueño, Ernesto Triolet Figueroa. Su principal valor reside en el estado de conservación de su colección, compuesta por alrededor de 5 millones de piezas originales. Monumento Nacional desde 2007. Obtuvo el Premio Nacional de Restauración en 2008. Está incluida en la Lista Indicativa por Cuba para optar por la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Ernesto Triolet Figueroa: Hijo del farmacéutico francés radicado en Cuba en el siglo XIX Ernesto Triolet Lelievre y la cubana María Dolores Figueroa, primera mujer cubana graduada de Farmacia, en Nueva York. En 1914 se graduó de Doctor en Farmacia en la Universidad de La Habana, y comenzó a trabajar en la Botica de sus padres. Fue el último dueño de la conocida también como Farmacia Triolet. En enero de 1964, tras la nacionalización de la farmacia, decide donar todos los bienes a Patrimonio para que esta sea abierta como museo. Trabaja en el Museo Farmacéutico hasta 1979, cuando fallece.

Otros hijos de la familia Triolet Figueroa: Ernesto Triolet Lelievre y María Dolores Figueroa tuvieron otros dos hijos: Alfredo y Celia. A Alfredo, quien fuera un destacado médico forense, le sobrevive su hijo Alfredo Triolet Estorino, quien radica en La Habana y mantiene estrechos lazos con el  museo. Celia Triolet Figueroa no se dedicó a la ciencia, sino a las artes plásticas. A ella está dedicada una de las salas del Museo que lleva su nombre, convertida en un taller de vitrales, donde artistas de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas de Matanzas restauran los propios vitrales de la casa y hacen piezas exclusivas.  

Marcia Brito: Licenciada en Educación. Especialista en Medicina Natural y Tradicional. Directora desde 1982 del Museo Farmacéutico de Matanzas.

Nota: Este trabajo fue publicado originalmente en Cubahora: http://www.cubahora.cu/historia/viaje-al-mundo-farmaceutico-del-siglo-xix-desde-una-botica-francesa#.Uzs4oaLlcxQ



Periodista. Natural de Los Arabos (Matanzas). Viví en Colón desde los 10 años hasta que en 2002 me radiqué en Matanzas, donde vivo actualmente. Trabajé en el periódico Girón y actualmente en la Web de la Emisora Provincial Radio 26. Mi blog personal es Pedazo de Cuba: http://pedazodecuba.blogspot.com/; soy @yirmaratorres en Twitter y Yirmara Torres Hernández en Facebook.


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