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Friday 20 September 2019
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Retablo interior y la fotografía escénica matancera

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En los archivos de la Casa de la Memoria Escénica se conservan imágenes de la escena desde 1955 hasta el día de hoy. Recoge especialidades tan diversas como el circo, el teatro, la danza, entre los que se encuentran colectivos desaparecidos como el Teatro Lírico de Matanzas o de otros que surgieron a finales del siglo XX.

Muchas no pertenecen a la era digital que permite conservar con nuevas tecnologías el valioso patrimonio de la memoria. Sin dudas el tiempo valoriza cada documento y lo redimensiona para el presente y el futuro. Son imágenes de fotógrafos anónimos, que la carencia de una cientificidad lanzó al olvido, porque no se clasificaron, ni dejaron huellas que nos ilumine.

Algunos no tienen esa marca, que dejaron fotógrafos profesionales, de la primera mitad del siglo XX, que identifican al autor y al estudio. Pero también hay una herencia –y solo hablo de la matancera – que nos permitió conservar y proteger y a la vez perpetuar aportes de fotógrafos que ayudaron con diferentes resultados al testimonio escénico de Matanzas.

Uno de ellos  es el músico Pedro Alfonso, recientemente fallecido,  que se consagró  con su cámara a dejarnos impresionantes instantes de nuestro teatro. Gracias a su constancia hoy podemos admirar los espectáculos de los sesenta, los setenta e incluso de principios de los ochenta. Su eficacia y fuerza expresiva, nos muestran escenas y personajes que aún hoy nos subyugan.

Ramón Pacheco Salazar, demostró en los ochenta y noventa, con su experiencia como fotoreportero y artista,  imágenes que enriquecen el legado de nuestra escena,  conservadas y protegidas en los archivos y  en periódicos y revistas especializadas. Sin dudas, pueden mencionarse otros nombres, incluido creadores, promotores que dejaron testimonio fugaz e intermitente de la creación escénica; pero prefiero mencionar a algunos de los que más se destacaron.

En los primeros años del 2000 Pedro Luis Dávila, desde el departamento de promoción del Consejo provincial de las Artes Escénicas  (CPAE) dejó testimonio de varios acontecimientos de la escena, que hoy permiten conservar esa etapa, clasificada y ordenada digitalmente en la institución yumurina. Varias muestras de su obra se expusieron en eventos realizados en la ciudad de Matanzas.

Desde la Casa de la Memoria Escénica, con la organización en áreas especificas, como la de audiovisual Juan José Palma perpetuó una etapa imprescindible de nuestro teatro y el reflejo de acontecimientos relevantes o cotidianos, que con el paso del tiempo se convirtieron  en historia.

Es este momento el que permite –desde lo artístico y lo testimonial –  la cientificidad de un proceso,  que defiende el legado fotográfico de la escena como patrimonio. Hasta este momento, muchas de estas imágenes no estaban organizadas, clasificadas y se difundían violando las leyes de la Propiedad Intelectual, tanto del artista como de la institución; en muchas ocasiones hasta los mismos que debían defenderla.

Significativo fue en esta etapa la creación de de materiales digitales a partir del patrimonio escénico conservado, como una vía de sociabilización del archivo desde códigos artísticos en espacios creados para interactuar con el público como Memorias, Luz, Corazón o el Lado Oscuro del Corazón y abarcan todas las especialidades de la escena.

Las imágenes fotográficas de Juan José Palma se expusieron en eventos teatrales cubanos y  aparecen en publicaciones cubanas.

Esta herencia lo continúan fotógrafos como Reinier Dávalos y Ramsés Ruiz Soto, quien con una mirada muy especial supo captar el universo creativo de la escena matancera en materiales de video y fotografía, que no solo  destacan por su belleza, fuerza expresiva, uso eficaz de  la luz y las sombras; sino tambien por la capacidad de lograr en los espectáculos danzarios imágenes de una belleza inusitada, con un dominio muy particular de la técnica fotográfica. Varias exposiciones de su obra se realizaron en la galería La Vitrina, en otros espacios de la ciudad y en eventos como el Festival de Teatro de Camagüey y aparecen registradas en publicaciones cubanas y extranjeras.

En Ramsés Ruiz Soto, se resumió la sensibilidad creativa con una defensa conciente y científica del patrimonio escénico desde la perspectiva de una institución, que cumple el próximo 29 de abril  sus veinte años de creados.

En este abril, el joven fotógrafo Julio César García hizo su debut con imágenes de la escena en el vestíbulo del Teatro Velasco, como preámbulo del XI Taller Internacional de Teatro de Títeres y el Consejo Mundial de la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA).  Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, desde el Departamento de Promoción del CPAE y motivado por el teatro de títeres inauguró  Retablo interior, una muestra de doce fotografías de la serie Ensayos.

Con galardones como el premio único de Proyecto Arte digital del Centro Pablo de la Torriente  Brau, el segundo premio del Instituto Cubano del Libro y mención de la Fototeca de Cuba, este retablo abierto – estimulado por el Departamento de Promoción del CPAE y por ese promotor incansable y persistente que se llama Rubén Darío Salazar – consigue mostrar una zona oculta de la escena, la que nunca logran ver los espectadores, y siempre estimula a los fotógrafos:  la de los ensayos, maquillaje, entrenamientos o la de los propios creadores observando el espectáculo.

Imágenes en que Julio – obsesionado por el mundo de los títeres, un soñador que espero continúe el camino que ha iniciado – crea obras muy especiales, expresivamente dramáticas que captan  la psicología de los artistas en sus procesos, con contrastes de luces, sombras y cromatismos muy específicos, que contribuyen a enfatizar fragmentos de un Todo; en algunos casos, metaforizando las situaciones y situándola ante nuestros ojos para revelarnos, con la permanencia de lo testimonial y la belleza de lo artístico, lo efímero y fugaz de lo cotidiano de cada representación.

Esta serie,  abre en el panorama escénico otra vía para la difusión de un arte que muchos aman y que la fotografía perpetúa. Un testimonio de las esencias de la creación y de rostros que permanecerán  o se perderán en la fugacidad de un mundo que se transforma y sin embargo nos regala, la constancia de que alguna vez existimos.




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