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Thursday 19 September 2019
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Signos de mayo

primero_de_mayo_plaza_de_la_revolucion

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Mi primer desfile, allá por la década del 90, llegó cuando solo tenía 5 años de edad y la escuela entonces exigía asistencia a los actos y otras actividades. Eran momentos en que todo parecía desvanecerse, como si se esfumara el sueño de Fidel y de toda Cuba en un abrir y cerrar de ojos. Tiempos duros de reafirmación ideológica, de hambrunas, de preguntarse qué había fallado con nuestros parientes soviéticos, si todo iba tan bien, al menos eso parecía.

Yo no levantaba ni una cuarta del piso, pero ahí estaba. Uniforme, sin pañoleta todavía y una pequeña banderita cubana de papel para agitarla en el viento. La multitud me pareció tan inmensa que dejó en mí cierto espanto, pero que se hizo necesario con el paso de los años. Eran marchas donde todos vestíamos iguales, portábamos las mismas pancartas y gritábamos idénticas consignas, quizás, porque en el intento de uniformar las posibilidades sociales, casi todos asumimos una similar ideología, sin cabida a otros pensamientos y con la incertidumbre del mañana.

Fue un Primero de Mayo pletórico de escaseces y sueños, que de vez en cuando la literatura del desencanto bien describe y revive muchísimo mejor que yo. En casi 20 desfiles desde allá hasta hoy se pudiera resumir fácilmente la trayectoria del proletariado cubano, que ha vivido un largo Período Especial, nuevas transformaciones en el orden financiero y ha sabido crecerse ante las adversidades y oportunidades de cada tiempo.

Mayo inicia sus días con una gran movilización de pueblo, con gente que trabaja o estudia, pero que quiere romper con la inercia de otros meses y despojar el inmovilismo y la burocracia. Mayo se viste con pullovers azules, rojos o blancos, y con otros colores también porque la Patria convoca, pero no impone. Mayo abre sus puertas a los ingenieros, los médicos, los trabajadores de los servicios, los intelectuales y artistas, los jubilados y los estudiantes, porque es un día donde todos contamos, sin listas de asistencia y puntualidad, sin exclusión ni salvedades.

Este Primero de Mayo marcharán una vez más junto a los trabajadores del sector estatal los cuentapropistas, esa figura que ha ganado espacio en el ámbito productivo nacional y que es reconocida ya, como una pieza esencial en el rompecabezas de nuestra economía. El Día de los Trabajadores en Cuba debe ser, más que una fiesta, el momento preciso para reflexionar sobre cómo ser más eficientes y rentables, no en consignas,  sino en cálculos reales y palpables.

Este Primero de Mayo no desfilaré ya como estudiante, sino como una trabajadora más de esta Isla y me pregunto inevitablemente si estoy a la altura de los tiempos que corren, de los retos laborales que vendrán y de los cambios que se avecinan. Me cuestiono a cada rato la productividad del día, si soy sustentable o sostenible, ya ni sé, pero aunque a veces no encuentre respuestas, sé que si me cuestiono debe ser un buen síntoma.

Y es que este Primero de Mayo es tan diferente a aquel de 1995, que me queda cierta nostalgia por los días que no volverán, pero con la dicha de haber evolucionado y aterrizar en esta época de plantillas infladas y reordenamiento laboral, de leyes y gacetas oficiales, de aperturas y contravenciones por un lado, de perfeccionamiento empresarial y entidades con pérdidas.

Ahí están los signos, ya viene otro mayo. Nunca igual, jamás irremplazable.




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