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Thursday 19 September 2019
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Matanzas y la guerra hispano-cubano-norteamericana

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Con la entrada de los Estados Unidos en su fase imperialista, una nueva visión del mundo se desarrolló en los años 90 del siglo XIX, hecho que cambió la concepción norteamericana de las contiendas por apoderarse de los territorios adyacentes.  Para eso no necesitó una gran flota de guerra.

Un teórico-militar el capitán de navío A.J. Mahan presentó una tesis sobre la necesidad de crear una  gran flota de guerra que fue tomada muy en cuenta por el gobierno norteño y llevada a cabo, empleándose por vez primera contra España, lo cual le permitió realizar su sueño de más de 100 años: apropiarse de Cuba.

La oportunidad fue dada a partir de 1896.  España se debilitaba, mientras se fortalecía el campo mambí.  El 8 de febrero de 1897 fue publicada la carta enviada desde La Habana al embajador madrileño, en Washington, Dupuy de Lome,   y sustraída por el joven matancero Gustavo Escoto donde denigraba al presidente McKinley.

Pocos días después, el 15 de febrero, estallaba el Maine en la bahía de La Habana.  Todo esto y otros asuntos le permitieron a los Estados Unidos, el 25 de abril de 1897, declarar la guerra, aunque desde varios días antes, de hecho, la moderna flota de guerra yanqui llevaba a cabo acciones bélicas.

España no estaba preparada para enfrentarse a esta contienda.  Había fracasado en sus intentos de apaciguar a los cubanos con la autonomía y su política, de defender a su colonia “hasta el último hombre y la última peseta”, había naufragado ante el desarrollo de la guerra.

Mientras tanto los cubanos habían fortalecido su anhelo por la independencia.  Una declaración del general Pedro Betancourt esclarece el asunto, en ella expresó:

 “En tanto no se consiga la absoluta independencia de Cuba permaneceré en los campos de la Revolución. Después del Gobierno de Weyler no cabe entre cubanos y españoles otro pacto que el de la absoluta independencia”.

La poderosa flota yanqui procedió, al momento de declararse la guerra, a bloquear los puertos más importantes del occidente de la Isla, entre ellos a Matanzas.  Por su parte, los españoles reforzaban sus defensas de la boca de la rada yumurina, emplazando algunos cañones, un tanto obsoletos en Maya y Punta Sabanilla.

 El primer acto hostil fue realizado el 27 de abril cuando tres navíos de la escuadra agresora se acercaron a punta de Maya, era el Puritan, el New York y el Cincinnati, y bombardearon las defensas de Matanzas, sin previo aviso.

Su mala puntería hizo que algunos disparos cayeran en la ciudad sembrando el pánico. Por su parte el fuego español desde el Morrillo los hizo poner proa a mar abierto fuera del alcance de la artillería hispana.

En los finales de abril fue el preludio, que tendría un amplio desarrollo en mayo en la provincia de Matanzas y el cual en próximos artículos reseñaremos con más detalles.  Así nació lo que  Lenin calificó, con plena razón, como LA PRIMERA GUERRA IMPERIALISTA DEL MUNDO.




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