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Monday 18 November 2019
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El magisterio como primera opción

maestra

En el trabajo cotidiano frente al aula, los jóvenes han confirmado su vocación por el magisterio. Foto: Miguel Febles Hernández

Por senderos bastante similares, no exentos de tropiezos, incomprensiones, desvelos ju­veniles, contradicciones familiares y recurrentes desmotivaciones, Dian­­ne, Claudia, Ana Rosa, Milagros y Elia­ni descubrieron el apasionante y no siempre justipreciado mundo del ma­gisterio.

Tras cuatro años de estudio en la Escuela Pedagógica Nicolás Guillén, de esta provincia, las cinco jóvenes forman parte del contingente de cer­ca de 500 alumnos que en julio próximo conformarán la primera promoción del curso de formación de maestros para las enseñanzas primaria, preescolar y especial.

Desde el mes de febrero realizan sus prácticas finales en la Escuela Pri­maria Josué País, de la cabecera provincial, y se preparan ahora para el ejercicio profesional de culminación de estudio, prueba de fuego que les permitirá demostrar las habilidades adquiridas en el desempeño cotidiano frente al aula.
“Nunca pensé ser maestra, tenía en mente otras cosas, pero después, ya en la escuela, con el apoyo de los profesores y mi interés personal, po­co a poco me fue gustando y hoy puedo decir con orgullo que encontré mi verdadera vocación”, asegura Dian­­ne Suárez Almarales.

“Tuve que esforzarme mucho, agr­e­­­ga, para sacar adelante la carrera, algo que les debo también a mis padres que me ayudaron con mi hija. No es fácil llevar parejo las dos cosas: el estudio y ser madre. En septiembre tendré dos satisfacciones: me quedaré a trabajar en esta escuela y ya la niña em­pieza en preescolar.”

La mamá de Claudia Pérez Varona, que es economista, quería que esta le siguiera los pasos en la profesión, pero al concluir noveno grado se inclinó por el magisterio: “Me gusta mucho trabajar con los niños, eso me fue motivando y ya todo está perfecto, me siento preparada para enfrentar el trabajo”.

“Al principio me sentía extraña en la escuela pedagógica, no me adaptaba al intenso régimen de estudio, pero luego las prácticas cambiaron mi percepción y eso se lo debo a los excelentes tutores que he tenido, quienes con su ejemplo me inculcaron el amor por la profesión”, comenta, por su parte, Ana Rosa García Muñiz.

“Eso que dicen mis compañeras, re­fiere Milagros Sebrango García, es muy importante, pues en la interacción con los alumnos en el aula, a la hora de impartir una clase, es cuando se pierde poco a poco el miedo escénico y se sabe de verdad si esto es realmente lo que uno quiere como trabajo”.

Similar criterio maneja Eliani Misa Olivera, a quien el “bichito” definitivo de dedicarse por entero al magisterio se le despertó bajo la conducción del “profe” Juan Luna Ceballo: “Sus consejos, asesoría metodológica y exigencia contribuyeron a que ganara confianza y no me sienta defraudada por la carrera que escogí”.

EL VALOR DE UNA BUENA TUTORÍA
Con 47 años de experiencia pedagógica, Luna Ceballo ha sabido granjearse un sólido prestigio entre colegas, padres y alumnos, gracias a su incondicional entrega a una profesión que exige sacrificio, superación constante, disciplina, creatividad y mu­­cho amor en el trato cotidiano con los educandos.

“Eso es lo que tratamos de transmitirles a los maestros en formación: aunque tengan vocación y deseos de trabajar, deben pertrecharse de un grupo de elementos que solo los da la práctica, sin descontar el sustento teórico necesario para enfrentarse a un aula”, explica el destacado docente.

Quiso también el azar que Mi­la­gros Sebrango García tenga hoy co­mo tutora a Susana Ricardo Bortes, la misma que un día le enseñara a leer y a escribir, y ahora no vacila en afirmar que “Milagritos será una bue­na maestra, pues es muy preocupada por sus ta­reas aun con problemas per­sonales”.

“Solo considero, dice, que se debe planificar más tiempo de práctica en los centros escolares durante todos los años de la carrera, un momento sumamente importante que les permite a los futuros educadores ganar en seguridad y trabajar sobre las carencias en el orden didáctico y metodológico.”

“Puedo decir, remarca Susana, que en estos momentos el trabajo de formación de maestros ha vuelto a tomar un camino certero, a través de una correcta selección, atención y seguimiento que asegure la cobertura do­cente en todos los tipos de enseñanza y el proceso lógico de renovación del claustro”.

En ello coincide Yamilé Rodríguez Arias, quien ratifica que “debemos confiar en esos jóvenes, pues han demostrado disposición, responsabilidad, interés por aprender y amor por los niños, que es fundamental en esta labor. Todos nosotros, hasta los más experimentados, tuvimos también una primera vez”.

FORJA DE EDUCADORES
Para moldear tales valores y virtudes, se habilitó en el 2010 la Escuela Pedagógica Nicolás Guillén, espaciosa instalación que entre 1975 y 1992 fue la sede de la Escuela Formadora de Maestros Primarios, luego se dedicó a preparar instructores de arte y a co­mienzos de esta década retomó sus funciones iniciales.

Hoy, con un trabajo más consolidado, el centro acoge en sus unidades de estudio una matrícula de dos mil 365 alumnos provenientes de los trece municipios de la provincia, quie­­nes durante cuatro años se preparan en las especialidades de educación primaria, preescolar, especial e in­glés.

Su actual director, Idalberto Reyes Porro, anuncia que ahora se aprestan a recoger la primera cosecha: 497 jóvenes (109 varones), quienes con los conocimientos recibidos y su vinculación a las instituciones escolares están en co­n­diciones favorables para ejercer la do­cencia a partir del próximo mes de sep­­tiembre.

“Claro está, añade, sobre la base del diagnóstico que se tiene de cada uno de ellos, previa coordinación con las direcciones municipales de Edu­ca­ción, continuará en los territorios su preparación y orientación a través del trabajo metodológico, que es continuo en el sistema educacional”.

Confirma el director que, tras graduarse, los jóvenes tienen la posibilidad de incorporarse al estudio de la Licenciatura en Educación, para lo cual deberán pasar un curso de nivelación antes de presentarse, en mayo del 2015, a las pruebas de ingreso a la Universidad de Ciencias Pedagógicas José Martí.

Egresado de la propia Escuela For­madora de Maestros Primarios, co­mo otros tantos de los actuales profesores del centro, Reyes Porro pone énfasis en la necesidad de continuar trabajando en la elevación del índice de eficiencia escolar, que apenas al­canzó el 55 % en esta promoción.

“Para ello, expresa, se avanza en el mejoramiento del proceso de selección de los jóvenes en las secundarias básicas, tomando como base, primero que todo, los resultados académicos y la formación vocacional, y evitar así que se solicite la carrera como una op­ción más para salir del paso”.

La Escuela Pedagógica Nicolás Gui­llén es el centro de su tipo de ma­yor ma­trícula del país y el que más alumnos graduará este año, justo en correspondencia con la necesidad de fuerza docente que tiene Ca­ma­güey para atender en el próximo calendario lectivo más de 700 centros escolares en todos los niveles de enseñanza.

Tomado de Granma



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