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Thursday 19 September 2019
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Broncean dos

La hermosa bailarina de Rufín.

La hermosa bailarina de Rufín.

Broncean dos es la exposición que Israel de León e Israel Rufín exhiben en la sede matancera de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas. Son dos estilos diferentes, que los une algo en común: el bronce, como material para la recreación de sus obras.

Figuras humanas y zoomorfas en las de Rufín y en las de León, esa peculiar estética de sus obras que constituye un tejido de finísima elaboración y formas, para desde lo decorativo y utilitario crear un universo estético, a veces recreando en  lámparas, arbustos o huevos, miniaturas de una rigurosa concepción, como lo es la mujer sentada en un banco, que mira quién sabe adonde u otra de objetos utilitarios (como la campana), donde el bronce constituye uno de los  materiales más usuales, por su sonoridad y belleza para alertarnos y anunciar el paso del tiempo.

De León ha creado siempre una obra que sorprende por su belleza y por lo  que alcanza con los fragmentos para formar un todo. Aves de ondulantes líneas en la libertad del espacio o en la espesura del bosque o quizás en la génesis de su propia creación. La artesanía se hace artística por lo de utilitario, decorativo y a la vez bello estéticamente logra el artista; por el riesgo que asume en nuevas formas y el virtuosismo que persigue.

El artesano artista expone un mundo de nidos, de nacimientos, de actitudes humanas en los animales y recrea la belleza de las hojas de los árboles con sus diversos cromatismos que van desde la serenidad del verde, hasta la intensidad del dorado o de lo oscuro.

Su obra Como pez en el bronce, es una de esas obras que en la exposición abre otro camino temático a seguir, una inspiración que ojalá generara otras de un mundo subacuático en la imaginación de este artista. Cada una de las piezas adquiere sentidos estéticos diferentes, si se le mira desde lejos o de cerca. Siempre vemos –según las perspectivas-  otra cosa, lo delicado y diverso de las formas. Incluso, cuando penetramos en los interiores de las mismas y vemos cómo las luces y las sombras producen un universo que contrasta con lo que tejido en bronce, vemos desde afuera.

Israel Rufín muestra solo tres obras. Es hermosa su bailarina, la manera en que trabaja la delicadeza del cuerpo y los gestos, su levitación en el espacio, la dramaticidad de su rostro, que lleva en sí mismo la fuerza de una interpretación vista desde una butaca de espectador, un homenaje a esas Giselles eternas y especialmente a nuestra Alicia Alonso.

Lo mismo ocurre con su caballo, con la dinámica de movimientos de una carrera hacia el infinito, un caballo salvaje que busca el horizonte.

El bronce crea en los cuerpos un esplendor eterno que subyace en la imaginación de los creadores. Una textura nacida del fuego y el dominio sobre ella.

Lo que menos me place de la exposición es el guajiro de Rufín, porque crea una imagen del campesino en que subyace una visión estereotipada de una iconografía que se reitera en el manejo –en varios materiales– de ciertos personajes de nuestra cultura popular, con visos de comercialización.

Broncean dos es una excelente muestra de dos de nuestros más valiosos artesanos, Israel de León e Israel Rufín. Una búsqueda infinita de la belleza en el bronce. Una exposición que dignifica la institución y que invitamos a todos a admirar: el juego de figuras que con el bronce se pueden crear.




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