Verano y alcohol, una liga que no liga

Playa y bebidas alcoholicasSiempre con la llegada del verano se renuevan los aires en las ciudades y un intenso  estado de diversión cae sobre ellas. Con esto se olvida el estrés vivido durante casi diez meses, provocado por  la escuela o el trabajo,  para embarcarnos en lo que podemos describir como una campaña fulminante hacia la recreación.  Estas empresas tanto personales como colectivas pretenden, en gran parte de los casos, disfrutar al máximo la estancia en un campismo, visita o viaje a la playa. Sin embargo aunque no existe nada incorrecto en la recreación sana debemos actuar con prudencia en cada caso y evitar ceder  a la insensatez.

Los cubanos encontramos agradable por naturaleza el chapuzón en cualquier charquito cerca de casa. Es que ante el persistente azote del calor quién no accede a dar una vuelta por la playa o un río para refrescar. Ya de paso mientras el cuerpo se aleja del vapor provocado por los rayos solares algunos deciden incluir bebidas alcohólicas a la sesión. Tornando así lo que pudiera ser una placentera tarde, en una actividad peligrosa debido a este ultimo componente.

De jóvenes, como somos más osados, muchas veces no vemos el riesgo al combinar este elemento en nuestras fiestas o espacios de recreación. Quizás en un obstinado empeño de visualizarse como seres infalibles las personas olvidan que así como la buena suerte, los accidentes le pueden tocar a cualquiera.

Por ejemplo, en los balnearios  el consumo de bebidas alcohólicas se está  convirtiendo en una práctica frecuente por parte de la población, a pesar de las advertencias de las autoridades entendidas en esas cuestiones.  A la sombra primero y luego en la playa o el río las personas  beben alcohol sin recordar lo perjudicial que resulta en el medio acuático la ingestión de estas bebidas  para la salud del hombre. En caso de los comúnmente conocidos  calambres, el oleaje o la tempestad quienes se encuentren bajo sus efectos no podrían reaccionar con igual rapidez para colocarse a salvo lo que ocasionaría un lamentable accidente.

Adolescentes y jóvenes en la imprudencia de la edad, con los juegos y el nado intenso aumentan las posibilidades de sufrir agotamientos, los cuales a ciertas profundidades podrían colocarlos en una situación de riesgo o a punto de ahogarse.

Mientras lo que para el medio acuático solo supondría poner en peligro la vida propia, al volante la ingestión de alcohol es una negligencia de los conductores. En la vía los accidentes pueden resultar  fatales, pues la  acción de una sola persona conduce a la perdida varias vidas como ocurre  frecuentemente.

Existen quienes hoy en día aún aseguran que luego de algunos tragos son los mejores manejando, no obstante reiteradas investigaciones han probado lo absurdo de este planteamiento pues los sentidos no funcionan igual bajo los efectos del alcohol. Cuando bebemos nos cuesta reaccionar rápidamente ante diferentes situaciones por lo que al volante nos convertimos en un peligro sobre ruedas.

Hablar de índices o estadísticas solo angustiaría al asustadizo y dispondría al receloso a cerrar esta página, por lo tanto la reflexión es la única alarma que pretendo hacer a través de este texto. Existen tantas formas para amenizar nuestros momentos  sin tener que incluir al alcohol por mas tentadora que parezca la opción, que el simple hecho de hacerlo es inexcusable.

Las imprudencias son corrientes en las personas y más en los jóvenes aunque no tienen justificación. La euforia que nos domina en estos meses de descanso no puede hacernos olvidar las obligaciones cívicas que tenemos, por lo tanto la diversión no puede ser una excusa para alejarse del buen comportamiento. Es cierto estamos en verano la única etapa en el año en que olvidamos los deberes escolares y laborales para tomar un relax, así que por qué convertir  un momento de recreo en una situación lamentable, seamos precavidos en nuestras acciones para disfrutar mucho más de este período.

Giselle Rodríguez Martínez,  estudiante de  periodismo

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