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Tuesday 15 October 2019
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Los delegados que no rinden

rendicion-cuentasJusto el mismo día en la que la Asamblea Provincial de Poder Popular (APPP)  se reunió en Matanzas para rememorar los 40 años de su primera constitución, 21 de julio de 1974, los delegados analizaron los resultados del Tercer Proceso de Rendición de Cuentas a los Electores, un acontecimiento que suele pasar sin penas ni glorias en la sociedad cubana.

El trascendental acto democrático se pierde en la compleja cotidianidad de un país que precisa que la vida de sus barrios acontezca sin tantos contratiempos, algo que suena raro, muy raro, a la luz de estos tiempos, donde cualquiera “detalle” quiebra la quietud de las comunidades.

¿Qué es rendir cuentas? Pareciera la absurda pregunta en un territorio que cuatro décadas atrás sirvió de sede a la experiencia que dos años más tarde extendió  a la Isla los Órganos Locales del Poder Popular.

Rendir cuenta es la acción que cada seis meses deben realizar los delegados de circunscripción para explicarle a sus electores lo hecho en ese período, tanto su labor como representante de la comunidad, miembro del Consejo Popular, de la Asamblea Municipal del Poder Popular y de sus comisiones de trabajo.

Ese es el deber que le concede la Ley Electoral Cubana y que no siempre cumplen bien, tanto es así que la APPP reconoce como aspecto no resuelto la preparación de estos representantes de circunscripciones.

Que cada dos años y medio se realicen elecciones, implica que un porcentaje de estos delegados cese o continúe en sus funciones.

Datos de los últimos procesos refieren que el 50 por ciento son renovados, lo que supone incorporar al sistema de capacitación a los nuevos que llegan.

De cualquier manera, sin subestimar la necesaria preparación que las direcciones de las asambleas municipales están llamadas a suministrar a sus miembros, una cosa es cierta, cada circunscripción tendrá el delegado que elija. Ahí se decide la suerte de ellos mismos y de la comunidad toda.

No por gusto cada proceso está precedido de la convocatoria de elegir al mejor y más capaz, y aunque de tanto repetirlo ya ni oídos se prestan al sabio consejo, no es menos cierto que a veces se elige a cualquiera para salir del paso, o porque los competentes no quieren y hay que atrapar al que se deje, y las consecuencias se pagan con lamentos como “mi delegado no es bueno, mi delegado no resuelve”.

Y si es así, si en el acto de elegir existe la posibilidad de nominar al que adecuadamente puede representarlos, entonces, cada circunscripción tendrá al delegado que merece, a ese hombre y mujer con quien podrá ejercer gobierno en las rendiciones de cuenta, allí donde son los vecinos reunidos en asamblea quienes deben decidir qué conviene o no al barrio.

Si ese esencial ejercicio democrático se desaprovecha, no se compulsa a solucionar lo que se puede con el concurso popular, es probable que ahora mismo usted padezca las consecuencias de un vertedero en la esquina de su cuadra, le atormente el bache, el agua que no llega, o esté demorado el aceite de la canasta básica.

Y donde eso suceda, simplemente usted carecerá de un delegado con la suficiente autoridad para intentar que la demarcación funcione sin tantos contratiempos; pero donde eso suceda, piense que usted es parte del problema, de la persona que eligió, pero también puede ser parte de la solución.

Dondequiera que un delegado no cumpla con sus obligaciones, puede ser revocado por quienes lo eligieron. Yo misma estoy inconforme, ni siquiera supe cuándo fue la rendición de cuenta de mi circunscripción, tampoco lo supieron mis vecinos. ¿Habrá habido rendición de cuentas? ¿Dónde y cuándo realiza sus despachos el delegado?

Eso no lo sabemos, a pesar de que el bache sigue frente a una casa recién terminada, ensuciando sus nuevas puertas, quitándole valor de uso a la calle Milanés. ¿Dónde está mi delegado?, me pregunto mientras las luces de la calle siguen apagadas y el claxon de un camión interrumpe el sueño.

Vuelvo a preguntarme lo mismo, mientras en mis oídos corre otra historia, la de una mujer que no deja que ningún planteamiento quede sin respuesta, la de una delegada responsable de la vida normal de sus electores, de una señora que ya nadie llama Odalis, porque perdió su nombre, ahora le dicen, “la delegada”.

Y esas son realidades que animan frente a otras que llevan a pensar que hay delegados que no rinden.

Foto tomada de TV Yumurí




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