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Tuesday 15 October 2019
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Nuestro Martí, desde la pasión de dos hombres

Conjunto Escultórico, ubicado en el centro del conocido Parque de la Libertad.

Conjunto Escultórico, ubicado en el centro del conocido Parque de la Libertad.

El por qué quiso el Doctor Ramón Luis Miranda realizar en Matanzas un monumento en homenaje a su paciente y amigo José Martí, debe ser, quizás, una interrogante muy simple. El galeno, radicado en Nueva York, nació en la conocida Atenas de Cuba en 1839, y al igual que muchos yumurinos que se trasladaron a La Habana y más tarde a las principales urbes europeas, llevaba muy adentro su ciudad natal.

Justo en 1905 cuando en la capital cubana se levantaba el primer conjunto escultórico en la Isla dedicado al Apóstol, soñaba con un proyecto similar para su urbe de entre puentes.

Y tal fue su empeño en evocar el legado del más universal de los cubanos que cercana su propia muerte y temiendo aún no reunir el financiamiento necesario pediría a su hija Angelina Miranda de Quesada, mediante disposición en su testamento: “… si el monumento de Martí, en Matanzas, no hubiese reunido los suficientes fondos para su colocación, pongas lo que falte a mi nombre, para que quede debidamente instalado…”.

Conocido como el “médico de Martí”, Miranda pudo asistir a la ceremonia de inauguración del Conjunto Escultórico, el 24 de febrero de 1909. De regreso a Nueva York, en los primeros días de diciembre, su salud se vio severamente afectada. Falleció el 27 de enero de 1910.

Para entonces, ya había culminado su propósito gracias a la colaboración del escultor siciliano Salvatore Buemi, quien acogió su causa como parte de la simpatía que le unía a los cubanos. “…somos insulares, de tierra caliente,  temperamento fogoso, corazón abierto… y luchamos con valor por la libertad”, apuntó en una ocasión.

MÁS QUE SU MÉDICO, UN AMIGO

Ramón Luis Miranda, médico y amigo de Martí.

Ramón Luis Miranda, médico y amigo de Martí.

La primera vez que el matancero conoció a Martí le valió para nunca más olvidarle y desde entonces permaneció entre ambos una grata amistad.

Ya en el exilio el galeno era reconocido por la exactitud de sus diagnósticos y tratamientos, de ahí que una oportunidad fuese llamado para atender el llamado de alguien quien sufría con frecuencia de padecimientos.

 “Me mandó a buscar… y me dirigí a su casa… lo encontré en su modesto y estrecho cuarto, postrado en cama, febril, nervioso; examinado diagnostiqué bronquitis y que en breve se curaría; él se había alarmado creyendo que su enfermedad pudiera agravarse…”, explicó Miranda.

Doctor, me dijo, cúreme pronto, tengo una misión sagrada que cumplir con mi patria, poco me importa morir después de realizarla; la muerte para mí no es más que la cariñosa hermana de la vida.”

Fue éste el encuentro que lo marcó “… desde entonces sentí por él respeto, admiración, y comprendí su grandeza e inmenso amor por Cuba”, confesó el galeno.

Destacan Ricardo Hodelín y Damaris Fuentes, ambos profesores del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba, que el yumurino más que aliviar sus males físicos, se preocupaba para disminuirle las tensiones diarias. Refieren estos autores que éste poseía la virtud de calmar y aminorar en su espíritu las exaltaciones que les producían los hechos injustos, y que frente a situaciones complejas acudía al “doctor”, como le llamaba, para escuchar su opinión.

Por ello no es de extrañar la obsesión que viviera el facultativo una vez acontecida la muerte del amigo. En 1905 propuso levantarle un Conjunto Escultórico, iniciativa financiada por los propios matanceros mediante colecta pública.

Con la ayuda de su yerno, Gonzalo de Quesada, emprendería el Monumento que mejor refleja en la Isla la figura y personalidad del Héroe Nacional Cubano, al contar con su asesoría y la del propio Quesada, considerado el hijo espiritual del Maestro y albacea de sus documentos. El escultor seleccionado fue el italiano Salvatore Buemi.

BUEMI, UN ESCULTOR DESCONOCIDO

El Monumento a Martí se considera el más fiel en la Isla a su figura y personalidad.

El Monumento a Martí se considera el más fiel en la Isla a su figura y personalidad.

El proyecto cobró forma cuando el Encargado de Negocios de Cuba en Italia redactó el contrato, firmado en agosto de 1906 entre Miranda y Buemi.

Se dice que el Martí de Salvatore se encuentra en pose de meditación, más bien evoca su pose de oratoria y exhortación; intención que remarca el legajo que trae en su mano derecha, donde se pueden leer las palabras “Cuba Libre”.

Además de las certeras acotaciones de Miranda y Quesada, Buemi estudió durante un año la historia de las Guerras de Independencia llevadas a cabo por los cubanos y el accionar de Martí.

Otro de los elementos del Conjunto es la estatua de La Libertad. La creó, al igual que el resto de las piezas, del otro lado del océano. Utilizó para ello a cuatro féminas. Para el torso desnudo posó su propia esposa, mientras el rostro, los brazos y piernas corresponden a otras jóvenes italianas. Su figura sujeta cadenas rotas, símbolo de soberanía, y un gesto a medio acabar hace pensar en su grito de independencia.

El Monumento consta de un pedestal de granito de Ravena de Lombardía. La estatua de Martí alcanza los 2.5 metros, y la obra, en su totalidad, sobrepasa los cinco. Posee además adornos, un verso martiano y una bandera a sus pies. A mediados de 1908, sus partes ya estaban listas y fueron expuestas en Roma.

Salvatore Buemi nació en Sicilia, Italia. Muy joven emigró a los Estados Unidos donde se casó y actualmente se registra parte de sus descendencia. Como muchos de su generación accedió a trabajos en la Isla, donde hoy se encuentran tres de sus producciones: la de Matanzas, un Monumento a Ignacio Agramante, en Camagüey, y la del Ángel Rebelde, situada en el Capitolio Nacional, descrita como la segunda escultura en el mundo alegórica a Satanás.

No obstante, según apuntes, el italiano se mantiene solapado dentro de la Historia del Arte en Cuba, ya que sus piezas no presentan seguimiento.

24 DE FEBRERO DE 1909, EL DÍA ANSIADO

Días antes del emplazamiento del Monumento fueron enterrados en su base periódicos de la época y los textos: Isamaelillo (1882), Versos Sencillos (1901) con dedicatoria del Apóstol y una de sus cartas al Doctor Miranda.

Además se depositó una colección de monedas, entre ellas se ubica una italiana, colocada allí por el propio Buemi quien viajó expresamente a Matanzas para ver la terminación de su obra.

El 24 de febrero de 1909, en ocasión del aniversario 14 de los alzamientos en Oriente y Matanzas y como parte del reinició de las lucha de independencia convocada por el Héroe Nacional Cubano, se dieron cita en el conocido Parque de la Libertad para develar el Monumento.

Presente el galeno, junto al italiano que materializó su proyecto, se escucharon las notas del Himno de Bayamo, una composición de José White y la Marsellesa, todos interpretados por la Banda de Bomberos. Entre los discursos, también declamó un soneto de la inspiración “el poeta de la bandera”, Bonifacio Byrne.

Desde entonces, el Conjunto Escultórico rinde homenaje perenne al más universal de los cubanos, tras el empeño de su médico y amigo que no descansó hasta verlo concluido.

El 27 de enero de 1910, a tan solo unas horas del aniversario 43 del natalicio de José Martí, su confesor, el Doctor Ramón Luis Miranda, pese al esfuerzo de los facultativos que lo atendían, dejaba de existir. Su evocación a aquel hombre de palabra profunda y soñar Patria ya estaba allí, colocada para la posteridad, para con los años erigirse como otro de los elementos que identifican a la “matanceridad”.

En octubre de 2013 el Conjunto Escultórico sufrió daños en su estructura, ocasionados por un mal proceder en su limpieza.

Ver Ultiman detalles para restaurar Conjunto Escultórico del Parque de la Libertad




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