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Tuesday 24 September 2019
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Hado y Divisa

calderon-de-la-barcaLa ciudad de Matanzas poco o casi nada le debe al siglo XVIII, centuria de pobreza extrema: Casas de madera con techo de guano, calles de tierra que en época de lluvia eran lodazales; noches de completa oscuridad, sin atisbos de educación primaria ni esbozos de cultura.

Los escasos esparcimientos eran el juego de la baraja anegada en vino y algunas fiestas religiosas de la liturgia católica de carácter público.  Una de ellas se celebraba el 4 de noviembre como día de San Carlos Borromeo, el Santo Patrón que le fue adjudicado, por el Obispo Severino de Compostela en el acto de consagración fundacional de la ciudad, en la misa del 12 de octubre del siglo XVII.

La economía era tan pobre que las familias emigraban, lo que puso en peligro la propia existencia de la ciudad.

En el siglo XVIII se celebraba con cierta  dignidad las festividades del Corpus Cristi, que obtenían una gran pompa y boato.En Matanzas se ponían a disposición de esta festividad los escasos dineros acopiados por el Ayuntamiento.

Esta diversión era precedida por la mítica figura de La Tarasca, un monstruo que unía en una sola pieza a una mujer y a una enorme serpiente, devoradora de hombres y que era precedida de negritos disfrazados de diablitos, así como de fuegos artificiales.

Un instante importante de la incipiente vida cultural de Matanzas, lo marcó el año de 1747, cuando en el Reino Español y sus colonias se le juró fidelidad al Rey Fernando VI, con motivo de su ascenso al trono del Imperio.  La ocasión fue propicia para que el juramento se sazonara con fiestas de las más diversas índoles y que se extendieron del 6 al 24 de septiembre.

El  Ayuntamiento, como ya hemos señalado, carecía de fondos y los costos de las festividades fueron sufragados por Felipe del Castillo, un rico hacendado con propiedades en la zona.

La jura de la fidelidad al rey estuvo adornada con fuegos artificiales en forma de Castillos y otras figuras apropiadas para la ocasión, también se realizaron paseos de caballeros, corrida de toros en una improvisada plaza, juegos de “enganchar”  la sortija, personajes disfrazados y la puesta en escena de la pieza “Hado y Divisa” del dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca.

En un improvisado escenario levantado en la Plaza de la Vigía una compañía habanera interpretó la comedia Hado y Divisa, que deviene en la primera obra importante que se escenificó en la ciudad de los ríos y los puentes.

Algunos historiadores han  visto en estos festejos y especialmente en la puesta en escena de Hado y Divisa, el más remoto antecedente y el inicio del proceso del sobrenombre de llamar a Matanzas La Atenas de Cuba sin tener en cuenta que este asunto tiene una base socio-económica que tuvo su asiento desde mediados del Siglo XIX, o sea, casi un siglo después, cuando Matanzas ya no era un villorrio y era una de las ciudades más importante del país.

De todas maneras queda este problema entre las más importantes de la urbe matancera en el siglo XVIII.




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