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Sunday 15 September 2019
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Asalto a la Flota de la Plata: descalabro español

Pieter Heyn

Pieter Heyn

El almirante holandés, armado en corso, Pieter Pieterszoom Heyn, era un acérrimo enemigo de España.  Sus motivos tenía, pues de jovencito y durante cuatro años corrió la suerte de los galeotes, encadenado a un remo en un barco español que lo había apresado en un bajel de pesca en los mares del Norte.

Su ambición era causar estragos a los barcos y ciudades de España.  Tenía una bien ganada fama.  Entre otras hazañas estaba el asalto y toma de San Salvador de Bahía, en mayo de 1624, y tres años después capturó una flota de naves mercantes portuguesas en la Bahía de todos los Santos.

El 20 de mayo de 1628 partió de Europa con 36 buques que portaban 620 cañones y tres mil hombres. Su objetivo era tomar la Flota de La Plata, que bajo el mando de Juan Benavides Bazán traía leones y once mercantes con 213 cañones, transportando 177 mil 329 libras de plata y otros tesoros.  Benavides, a pesar de su experiencia no tomó ninguna medida previsora y por  otra parte el Gobernador de Cuba, conociendo la presencia holandesa en la zona, no le envió aviso alguno para ponerlos sobre aviso.

Piet Hayn envió una urca (barco maniobrable) el cual, por la negligencia hispana, se introdujo en la formación de los barcos de Benavides y durante todo un día navegó junto a ellos y logró escapar llevándoles la información a los holandeses.

 Al amanecer del día 8 de septiembre la Flota española avistó a los holandeses y Benavides decidió pasar frente a La Habana y seguir rumbo a Matanzas. Pretendía el jefe español desembarcar en Matanzas y allí ocultar los tesoros, pero no tuvo tiempo cuatro naves mercantes encallaron en las bajas arenas de la bahía yumurina, donde precisamente iban los mayores tesoros.  Piet Hayn ofreció la rendición que los marinos aceptaron, ya que el Almirante Benavides había huido en un bote por el entonces llamado Río Matanzas (hoy San Juan) buscando asilo en las haciendas de esa zona.

Hayn entró en posesión del botín.  Puso a flote los galeones apresados, con una carga que llegaba a las bordas y llevó como prisioneros 165 piezas de artillería de bronce y 48 de hierro  En estos trajines estuvieron los asaltantes hasta el 17 de septiembre en que felizmente abandonó el puerto, con una flota aumentada a 34 veleros.  La venta del cargamento en Europa produjo quince millones de florines y la Compañía de las Indias Occidentales pudo distribuir el insólito dividendo del 50 por ciento entre sus accionistas.

El General Benavides no escapó del castigo a su cobardía, acusado con saña por el jurista Juan de Solórzano Pereira, fiscal de la Corona, fue condenado a muerte y degollado en la Plaza Mayor de Sevilla de San Fernando el 18 de mayo de 1634.

Las consecuencias del asalto fueron varias.  El sistema de flotas decayó, pues ya no era seguro y España comenzó a enviar sus barcos hacia Europa en solitario. En los mercados de la época se cambió del monometalismo (en oro) al bimetalismo  en plata y oro.

Hay una estatua levantada por los comerciantes holandeses y situada al borde de la bahía de Matanzas, que recuerda al marino holandés, héroe nacional de su país, y que llevó a cabo su hazaña en las aguas de un territorio que largamente esperaba por la fundación de su ciudad.




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