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Tuesday 12 November 2019
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UN NOMBRE QUE PERDURA

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El primer europeo que llegó a la bahía de Guanima, como la llamaban los nativos, fue Sebastián de Ocampo, cuando en 1509 realizó el bojeo a la Isla con el propósito de demostrar su insularidad.

 Poco tiempo después la espaciosa rada cambiaría de nombre bajo trágicas circunstancias, conociéndose entonces como la Bahía de la Matanza, como lo prueba en uno de los primeros mapas del Nuevo Mundo el realizado por Juan de Vespucci titulado La  Tierra de Ayllón (1526),  donde aparece con nitidez llamándolo puerto de Matanzas.

Para que este curioso nombre surgiera y quedara afincado en la toponimia en aquellos momentos iniciales, debió responder a un hecho conmovedor de la incipiente sociedad y por lo tanto que permaneciera impreso en la memoria histórica del país. Por esta razón, a través de los tiempos, se han elaborado varias teorías las cuales buscan darle respuesta a la interrogante del surgimiento del singular título.  Las tres más conocidas nos hablan de la degollina de puercos, indios o españoles.

 Un somero análisis nos puede indicar el verdadero origen de la denominación.  Ninguna de las dos primeras  explicaciones tenía fuerza para conmocionar a la naciente colonia y fundirse en el acontecer histórico. El  sacrificio de ganado a gran escala pudo realizarse solamente muchos años después, pero nunca en los primeros veinte años de la presencia hispana en la bahía yumurina y en cantidad suficiente como para nominar, con su impronta, a la comarca.

Por otra parte no hay la más pequeña evidencia de una carnicería de indios en las inmediaciones de estos parajes. Se impone entonces tener en cuenta la tercera tesis, o sea, el exterminio de un grupo de españoles a manos de los aborígenes, versión que reúne todos los requisitos para quedar ubicada en la historia del país.

En 1508 se fundó la colonia de Urabá en las actuales costas de Colombia, la cual fracasó y sus habitantes decidieron abandonarla y partir hacia La Española. Navegaron sin rumbo fijo hasta naufragar en las costas de Cuba, en la región de Guaniguanico, salvándose veintisiete hombres y dos mujeres.

Con su instinto como guía, los náufragos salieron costeando por el norte con  rumbo al oriente de Cuba y fueron recibidos por  diferentes cacicazgos hasta llegar a la bahía de Guanima, la cual representaba un formidable obstáculo natural en esa época.  Dos ríos caudalosos, rodeados de grandes pantanos y tupidos bosques, se extendían ante la mirada de los recién llegados.

En el entorno lacustre habitaba un grupo de aborígenes en un poblado denominado Yucayo el cual, hasta el presente, no ha sido posible ubicar con exactitud.  Los indocubanos estaban bajo la jefatura de Guayucayex, quien parecía conocer de las atrocidades cometidas en otros sitios por los hombres blancos o bien por la lógica defensa del suelo natal, y decidió enfrentarlos con astucia, pues la lanza y la piedra no podían con el arcabuz y la espada.

El ladino cacique les ofreció la posibilidad de cruzar la rada en sus frágiles canoas, accediendo a ello los hispanos. Cuando estaban en aguas profundas los remeros indígenas volcaron los esquifes y murieron los invasores, la mayoría ahogados, un grupo menor fue atacado y ultimado en tierra y se salvaron  un hombre y dos mujeres, los cuales quedaron en poder de Guayucayex.

Tres años más tarde Diego Velázquez comenzó la conquista y colonización de la Isla, llevando por la costa a Pánfilo de Narváez y al fraile Bartolomé de las Casas.  Estando en Carahatas se recibió la noticia de tres castellanos en poder de los aborígenes y se envió a un grupo de remeros en su rescate.  Estos lograron traer de vuelta a las dos mujeres y posteriormente a García Mexía.  Ellos contaron su odisea y Velázquez se lo hizo saber al Rey desde Trinidad, en su Carta de Relación del 1ro. de abril de 1514.

Desde entonces a la bahía de Guanima se le llamó Matanzas y la verdadera dimensión del hecho se la dio el historiador yumurino José A. Treserra y Pujada cuando conceptualizó:

 “Este fue el primer acto de hostilidad ejecutado por los indocubanos contra los europeos invasores de su territorio,  llevado  a  cabo por  el astuto  Guayucayex, último cacique  de Yucayo  y el primero que defendió la  independencia  de  su patria  amenazada por aquellos;   pues   Hatuey, cacique de Guajabá y venido de Haití, luchó en 1512  y el cacique oriental Guamá se rebeló años después de  consumada la conquista.”

Ha llegado la hora de honrar a Guayucayex y sus hombres, dándole un lugar adecuado en la lucha por la liberación nacional.




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