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Monday 21 October 2019
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Un hombre con aroma de café (+Fotos)

Humberto Alejo

Humberto Alejo. Fotos: Abel López.

Humberto Alejo nació entre matas de café, allá en el poblado de Aguas Nuevas. Sitio muy peculiar por acoger en la colonia a un regimiento español  que prefería la tierra de Jovellanos por guardar la mejor de las aguas.

Alejo no conoce otra cosa, sus padres cultivaban café y sus abuelos también. Verdad  que dio tumbos por la vida, me sonríe pícaro para guardar la mentira piadosa, pero ahora solo vive para sus plantas.

Me enseña sus 20 maticas, como les dice de cariño, sé por su hijo que otras cien se esconden en el pequeño patio.

Yo solo siembro café criollo, el que consumían  los viejos de antes. Lo hago  pa´mí y a veces lo cambio por arroz, frijoles, alguito de dinero pa´los carnavales, ¿me entiendes? Esto me da un quintal y más, fíjate en los aguacates, este año me dieron tres mil.

Lo miro como si delante de mí estuviera Juan Candela, el personaje de Onelio Jorge Cardoso. Su hijo se da cuenta y me hace señas, como para decirme que su papá tiene razón.

Las semillas son del difunto viejo mío, yo no las dejo perder. Lo ultimo que queda en la mata lo guardo en bolsitas. Te haría una colada, pero mi cafeterita es la de 5.25 cuc, que uno solo se lo toma.

Me río, en el fondo yo no bebo café, pero me llama la atención este guajiro que no hace la bebida con colador.

El problema, es  que yo no le tengo miedo a las tecnologías, ni a la cafetera,  ni a la olla de presión. El café lo proceso en maceta y lo pongo a orear. Con el sol de hoy y el de mañana esto está listo, cuando se seque le quito la segunda cáscara, lo pongo en la máquina y ese es el bueno de tomar. La tierra del fondo me la dio el Estado, hay quimbombó, maní, aguacate, unas boberías pa´el diario.

Le pregunto si me puedo quedar a almorzar y me responde entre risas que quizás otro día con más tiempo. Me muestra su cosecha, fruto de su amor por la tierra.

Yo no le tengo miedo a la muerte, ensarto hasta un palo, lo que sea, si no es pa´mí, es pa´mis nietos, pero hay que trabajar. Mi secreto para tostar el café es hacerlo lento, sin apuro y lo demás no te lo puedo decir.

Me despido y casi cuando en el jeep va por la última curva, donde se divisa la casa de madera y yagua, siento el olor, veo a un hombre con aroma de café.

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