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Tuesday 22 October 2019
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El coterráneo del Che

CheInnumerables canciones, poemas y obras de las artes plásticas, películas y programas audiovisuales se estrenaron en el mundo después del asesinato de Ernesto Guevara de la Serna en La Higuera, Bolivia.

Los lectores recordarán los temas antológicos de Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Pablo Milanés, Carlos Puebla y otros.

La afamada y universal fotografía de Alberto Díaz (Korda) que recorrió y recorre naciones en manos de jóvenes y más reciente, las exposiciones y homenajes del destacado creador cubano Roberto Chile, guevariano por todos los puntos cardinales, que traen al hombre que fue y es el Che, llamado San Ernesto por los indígenas de La Higuera y Valle Grande, quienes le encienden velas y piden paz, lluvia y prosperidad para sus cosechas.

Poemas de Mirta Aguirre, Miguel Barnet, Mario Benedetti o Nicolás Guillén conmovieron a los amantes de las causas justas en el planeta.

Debido a la vigencia del pensamiento del Guerrillero Heroico y su presencia perpetua en estos tiempos, es cotidiano acercarse a su obra, a su vida y a sus hazañas.

En este año 2014, cuando se cumplen 47 años de su asesinato por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, consumaría su centenario de nacimiento Julio Cortázar, reconocido poeta, escritor e intelectual argentino, quien falleció en París hace tres décadas y que adoptó la nacionalidad francesa, en 1981, en protesta contra los gobiernos dictatoriales que imperaban en la nación andina.

Cortázar, amigo de Cuba y de Casa de las Américas, se encontraba en Argel, la capital de Argelia, cuando los titulares de los periódicos y de las agencias en todo el orbe anunciaban la muerte del Che y publicaban aquellas fotos, que hoy todavía ponen los pelos de punta a quien las mire.

El cuerpo inerte de ese hombre-luz, con ojos abiertos y semidesnudo en  Valle Grande, no es imagen que se olvide fácilmente…

Existe una carta de Julio Cortázar, fechada el 29 de octubre de 1967 en París y poco conocida, que expresa su dolor inmenso ante la noticia inesperada.

El remitente la envía a Roberto Fernández Retamar y a su esposa Adelaida de Juan, en un momento de rabia y sufrimiento.

En uno de sus párrafos el autor de Rayuela le confiesa al amigo:

 “Anoche volví a París desde Argel. Sólo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones…
 

“El Che ha muerto y a mí no me queda más que el silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié ese texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como si uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica”…

Cortázar dejó para el mundo, tal vez, los más bellos versos, que ahora mismo los reproduzco con total agradecimiento al poeta y como ese tributo eterno a la memoria del Che Guevara, quien acompaña mis días y mis noches.

CHE

Yo tuve un hermano. No nos vimos nunca
Pero no importaba. Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.
No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Lea aquí la carta completa: http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/america_latina/che_guevara/la_muerte_del_che_por_cortazar.php




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