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Tuesday 22 October 2019
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Un baile para una reina en Matanzas

isabellIIespEn 1835 abrió de nuevo sus puertas la Sociedad Filarmónica, en la misma casona del Callejón de San Severino, sitio donde después se fundaría El Liceo Artístico y Literario de la ciudad de Matanzas, edificio hoy inexistente.

Fue allí donde en 1849 se escenificó un acontecimiento que puso muy en alto la conciencia cívica colectiva de los matanceros de la época.

Ese año se conmemoraría en España y sus dominios el cumpleaños de la Reina Isabel y se ordenó que en todo el reinado se efectuara un baile en su honor.  Las autoridades de la ciudad tomaron con celo y aplicación esta directiva y el Gobernador político y militar de la jurisdicción, brigadier José Falgueiras dio las instrucciones pertinentes al alcalde Don Francisco Cassá, para que cumpliera lo estipulado.  La Sociedad Filarmónica era entonces la más indicada para el festejo y fue designada para ello.

El presidente de la misma, Plutarco González Torres, se vio en el compromiso de cumplir con la encomienda, la cual no era bien vista por la Sociedad matancera, más bien liberal que conservadora, como era la Reina.

La dirección de La Filarmónica, compuesta el citado González Torres, Joaquín María Delgado y Francisco Sorondo comenzó los preparativos.

De antemano podemos decir que el periódico local La Aurora dio poca información.  Solamente el 9 de octubre de 1849 publicó en noticias locales, un suelto donde se anunciaba el baile.

La aversión a la Reina fue la causa de que un grupo de jóvenes afiliados al bando separatista-anexionista y afianzado en las más importantes familias citadinas se diera a la tarea de entorpecer al baile.  Esto conllevó a que la protesta, silenciosa pero imponente, la organizaran los hermanos Francisco y Calixto Sorondo, Ignacio Álvarez y Joaquín María Delgado.

Así llegó el miércoles 10 de octubre de 1849.  En la casona del Callejón de San Severino todo estaba listo.  La limpieza de los salones relucía, con puertas y ventanas abiertas, multitud de luces ambientaban el lugar, la orquesta sólo esperaba la señal para iniciar su actuación y las autoridades en el salón esperaban la llegada del público.  Pasaba el tiempo y ni siquiera se oía en la distancia el acompasado trote de caballos anunciadores de la llegada de una calesa.  Por fin ante la afrenta las autoridades se fueron y las luces de velas se apagaron, cerrándose sus puertas y ventanas.

La ira colonialista no se hizo esperar.  La Comisión Militar, Ejecutiva y Permanente comenzó de inmediato a funcionar.  Esto hizo que los directivos de La Filarmónica, avisados por manos amigas decidieron salir al exilio apoyados por la naviera yumurina Presas y Cía.

Las autoridades un tanto frustradas por la imposibilidad de juzgar a los implicados, tomaron otras medidas.  Se clausuró la Nueva Sociedad Filarmónica y el gimnasio de Plutarco González.Y algo que suena muy ridículo: se prohibió a la ciudad de Matanzas y a sus habitantes la realización de fiestas durante un año.

Este hecho no fue armado pero sí fue un desafío civil que demostraba la valentía del pueblo de la ciudad de los yumurinos aante el poderío español,donde se exponía, como ejemplo, el civismo que nos llega como paradigma de patriotismo y dignidad.




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