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Tuesday 22 October 2019
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Nicolás Dorr: con todo el mar de Santa Fe en los ojos (+Video)

nicolas - dorr

A los catorce años se suele andar con el grupo haciendo trastadas, con la cabeza adolescentemente huracanada, pero es casi insólito conocer a alguien con esa edad que piense escribir una obra de teatro. Hay hombres que nacen con el talento en ebullición y tantas cosas por decir que alumbran con chispas tempranas.

Nicolás Dorr no solo escribió Las pericas en plena adolescencia, sino que marcó un hito en la historia del teatro en Cuba.

Del poeta que quiso cultivar la abuela, del actor que añoró la madre, del mar de Santa Fe o el pinchazo macondiano de un erizo, surgió Nicolás Dorr, dramaturgo, director teatral, novelista, profesor, un alma inquieta.

“Soy una persona muy de la Isla, contento de haber nacido en La Habana, cubano”, afirma el artista, Premio Nacional de Teatro 2014 y no podría ser de otra manera, escucharlo hablar es estar de repente en una obra suya, te tiene con las manos en la barbilla atenta a su próxima frase, dicha siempre con una suerte de arrebato cuerdamente profundo.

Sin embargo, para la actuación tiene sus reparos si el público es de la Isla. “Aunque he actuado en New York y otros sitios en un espectáculo nombrado Nicolás Dorr en persona, en el cual interpreto alrededor de 15 y 17 personajes, no podría hacerlo en Cuba porque conozco el auditorio. Soy dramaturgo, no actor.”

Licenciado en Lenguas y Literatura Hispánicas, discípulo de Mirta Aguirre y José Antonio Portuondo, es capaz de entablar una revolución en el P-5 por la semántica de la palabra permiso.

Quizás por la misma razón se manifieste en contra de la vulgaridad que invade en ocasiones la dramaturgia actual en Cuba. “Nunca he sido partidario de lo procaz, siempre he intentado que la poesía esté presente como aliento de vida y espiritualidad. Todo precisa un toque de lo sensible, ver el mundo con una óptica de imaginación y fantasía. La vulgaridad del gesto y la palabra conlleva a la vulgaridad del pensamiento.”

Diálogos de personajes, angustias ficticias, escenas de comedias, revolotean en este autor de soledad impermisible para quien “el personaje de los sueños tiene que ser un poco loco, pues los demasiado racionales parecen aburridos, debe poseer elementos insólitos como respuesta a la realidad, tener disparos sentimentales y de comicidad, eso da a la vida razón de ser”.

Para Nicolás Dorr Matanzas es un sitio que aún se resiste a costumbres atómicas de la contemporaneidad, “un ambiente más sano que el de la capital”, el lugar idóneo entonces para resguardar patrimonio, objetivo de la Casa de la Memoria Escénica, única de su tipo en el país, de la cual Nicolás es miembro del consejo asesor.

“Es un trabajo extraordinario, quién puede llevarlo sino Ulises Rodríguez Febles, un ser tan acucioso e interesado en su Matanzas y en toda la cubanía. Considero que es una labor imprescindible rescatar y conservar lo que en materia de artes escénicas se ha hecho y se hace en el país. Buscar el ayer para el mañana. Es la casa de la memoria maravillosa.”

Más allá del éxito internacional, ¿quién es sencillamente Nicolás? Un personaje peculiar e interesante de una obra que comenzó a escribirse en 1947 cuando vino al mundo y se llevó en los ojos todo el mar de Santa Fe. Con maña de dramaturgo responde que un personaje basado en su vida “tendría que ser indudablemente un niño, que crece, se hace adulto, envejece y sigue siendo un niño”.




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