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Tuesday 22 October 2019
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El mundo al borde de una hecatombe atómica

crisis-octubre-cubaAlguien dijo que si se diera una cuarta guerra mundial serían unos pocos humanos que guerrearían con palos y piedras, pues la tercera sería una hecatombe atómica que borraría de la faz de la tierra todo vestigio de civilización y los que quedaran vivos añorarían la suerte de los muertos.

Uno de esos momentos cruciales en la historia moderna de la humanidad se realizó a finales de octubre de 1962, cuando los     Estados Unidos bloquearon navalmente a Cuba para anular los cohetes con posible carga atómica que se habían instalado en la Isla como elemento disuasorio frente a una agresión de las fuerzas armadas yanquis, que se fraguaba desde los vecinos de enfrente.

El gobierno soviético había propuesto el emplazamiento de cohetes de alcance medio y el basamento de  modernos bombarderos para la defensa de Cuba.  Fidel insistió que se hiciera público este tratado entre dos naciones soberanas, pero los soviéticos insistieron en su ocultamiento y Cuba cedió ante la experiencia y el dominio de la política internacional de la URSS.

Una gigantesca operación militar de traslado hacia Cuba de los cohetes, aviones, la logística y los especialistas militares cruzó el océano bajo el nombre en clave de Anadir.  En Cuba se filtró el secreto a voces entre la población.  Los vecinos cercanos a las instalaciones sabían que algo grande se fraguaba, pero conocían sería en beneficio de la Revolución aparentaban no ver ni oír.

Así se fue dando las condiciones para levantar las bases y los emplazamientos coheteriles.  Se suponía que había un detallado y minucioso enmascaramiento.  Pero ya en aquellos años las cámaras ultra secretas de la CIA y el Pentágono veían la luz de un fósforo encendido en la tierra.  Por eso un vuelo espía de un avión U-2, volando a diez mil pies de altura sobre el
Verde Caimán, detectó a los cohetes y Kennedy, ni corto ni perezoso, ordenó el cerco sobre Cuba y la alarma de sus fuerzas armadas.  Era el 22 de octubre de 1962, cuando en horas de la tarde, el alarmante sonido de las sirenas, rompió la quietud y Cuba entera se volvió un avispero defensivo.

Los cubanos sabían que se jugaban la vida en esta confrontación.  Los Estados Unidos lo primero que destruirían con armas de todo tipo, incluyendo las atómicas era la cohetería no instalada completamente y con ella borraría al heroico pueblo antillano.  Del lado de acá no había miedo.

Los aviones yanquis en vuelo rasante pasaban a menos de cien metros de ciudades y pueblos, hasta que cansado de tanta prepotencia, el Gobierno Revolucionario advirtió que derribaría a estas naves.  Dejaron de afrontar el desafío.

El mayor peligro del estallido bélico fue en el momento en que una dotación de defensa antiaérea soviética derribó de un certero disparo, en la provincia de Oriente un avión espía U-2, que volaba sobre ellos.

Las grandes potencias se llamaron a la cordura y comenzaron a platicar sin la presencia de Cuba, lo cual ocasionó fricciones posteriores con la URSS.  Esta acordó retirar los cohetes, a cambio de una vaga promesa de no agredir a Cuba, cuestión cumplida en parte.

En momentos en que la paz está amenazada cabe volver a las lecciones de la Crisis de Octubre y a la ejemplar conducta de Cuba, su gobierno y en especial de Fidel,  en la defensa de sus principios.




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