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Friday 22 November 2019
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El principio impopular de una famosa historia

jazz band juvenil

Si decimos Jazz Band Swing Cubano, el nombre le resultará completamente desconocido. Los medios de comunicación ocupan tanto espacio y tiempo en la cacería de personalidades y agrupaciones famosas, que escapan ante nuestros ojos el nacimiento de los sueños, historias cubiertas por el manto de una agenda mediática aprisa que tiene, invariablemente, que tomarse un tiempo para mirar a su alrededor.

Jazz Band Swing Cubano está llena de rostros de adolescentes entre 12 y 16 años con manos de adultos para los instrumentos musicales.

Arribó a su primer aniversario y esta es tal vez su primera señal de vida en la prensa.

En tiempos de explosión reguetonera (explosión al menos para los oídos de esta reportera), encontrar un jovencito tarareando canciones del Benny es completamente inusual.

Pero ahí están ellos con sus pantalones ajustados del siglo XXI y bostezos de niñez todavía. Te hablan de boleros como pudiera otro de su edad hacerlo del Micha y el Chacal.

Cuando al maestro Bruno Villalonga  se le ocurrió formar una jazz band parecía una idea de locos. “Vi que ese formato estaba en extinción ante la aparición de otros ritmos. Además, cuando vas a trabajar en Varadero, destino de la mayoría de las agrupaciones musicales matanceras, si tienes una orquesta así te dicen que no pueden contratar a tantos artistas.  Tiempos atrás llegabas a un cabaret y encontrabas una jazz band, hoy es solo un hombre con un aparato y esta música definitivamente no sale con esos artilugios.”

A falta de pan, cazabe, y si tienes éxito, mucho mejor. Villalonga se decidió entonces a crear el grupo con muchachos a quienes el bolsillo no les toca todavía las cuerdas de la guitarra.

Cada sábado, saxofones, trompetas, violines… parecen tomar por asalto la casa del “profe” Villalonga. En una habitación de dieciséis metros cuadrados ensayan alrededor de veinte personas y la música se mezcla con los gritos de Bruno y Chaván: No, no es así, esa no es la nota, siente el ritmo.

Sí, porque el percusionista Risdi Chaván llegó también para calzar el talón de Aquiles de la orquesta: el ritmo.

Meylin Villalonga asesora las voces, pues los dos cantantes no poseen formación académica, créalo así, porque melodía y tesitura pueden jugarle una mala pasada al escucharlos.

Por otra parte, la musicóloga Ileana Pinedo se encarga de mostrarles los caminos de la música cubana: “Realizamos charlas y presentación de documentales para introducirlos en la historia de géneros casi olvidados. Trabajamos por su incorporación al repertorio de la Jazz Band, por ejemplo el pilón, el mozambique, entre otros.” Agregó además que “rescatar una jazz band es homenajear a grandes de la música cubana como el Benny, Dámaso Pérez Prado y Chapotín”.

Dicen que la vida de un músico entraña disímiles sacrificios. Daniel Pérez tiene solo catorce años, llega de la Escuela Nacional de Arte en La Habana, suelta las maletas y dedica su tiempo libre a ensayar con la agrupación. “La música es mi motivación, para ella todo, esta jazz band es una idea genial, diferente, escapa de lo que hace todo el mundo hoy”, confiesa este joven saxofonista y al verlo tocar, tiene en el rostro una sonrisa fugitiva de los años 50.

Para el reconocido compositor y músico matancero Ildefonso Acosta la Jazz Band Swing Cubano representa un grupo de muchachos tomando las riendas que otros han olvidado. “Hace muchísimos años que se perdió ese formato, Bruno realiza un trabajo virtuosísimo al rescatarlo. Estos chicos suenan muy bien, a mí particularmente me han hecho regresar al atril de los primeros años de mi vida.”

Y así, entre pianos prestados, instrumentos que otras instituciones desechan y ellos resucitan, crece un sueño a la par de sus artífices, de sombras de bigotes que se asoman y estirones de esbeltez.

Cuando el éxito de la Jazz Band Swing Cubano esté en los titulares -apuesto que sucederá porque es el destino de las cosas que se hacen con música en el alma-, recordaré este reportaje, para ese entonces el principio impopular de una famosa historia.




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