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Thursday 19 September 2019
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Ciencia y matanceridad en el siglo XIX

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Estación de Pastos y Forrajes Indio Hatuey.

La presencia de la ciencia y la técnica en el ámbito matancero se remonta a los inicios de la ciudad, la cual fue fundada el 12 de octubre de 1693 empleando métodos científicos en la urbanización mediante plano previamente trazado, utilizando la cuadrícula española a “regla y cordel” y levantando un castillo para su defensa usando las mejores técnicas del arte militar e ingenieril.

Los siguientes años fueron de estancamiento y pobreza, pero los inicios del siglo XIX iniciaron una destacada prosperidad.  Primero el café y después el azúcar, trajeron aparejados la transferencia de la tecnología más moderna de la época, unidas con un empleo de los más adelantados aportes a la producción y la transportación mediante el uso del vapor, siendo vanguardias de España y América Latina.

El poderío económico de los criollos se concentró, entre otros factores, en el empleo tecnológico y se refleja en asuntos concretos como la aparición de la imprenta (1813) y la edición de 525 libros en la primera mitad del siglo, el 35% de ellos de perfil científico técnico.  A esto agregamos la constitución en 1827 de la Diputación Patriótica, filial de la Sociedad Económica de Amigos del País.

En el terreno educacional, como soporte del desarrollo técnico, tenemos la creación de instituciones importantes como el afamado colegio de los Guiteras, la Empresa, en 1840; el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, en julio de 1865 y los días 3 y 4 de enero de 1884 la celebración del Primer Congreso Pedagógico organizado en Cuba en un salón del Ayuntamiento, por iniciativa del maestro local Claudio Dumas Franco.  Tenía por objetivo defender el amor a la educación, la unión del magisterio y enaltecer la labor educativa.

La fundación del Liceo Artístico y Literario de Matanzas (1859) llevó a la creación de su sección de Ciencias Físicas y Naturales en 1864, el primer centro de Ciencia y Técnica que se creó en Matanzas el cual contó con la publicación de su anuario, la formación de un museo de Historia Natural y la ejecución de un proyecto de divulgación científica.

En 1882 se fundó en Cárdenas el Centro Médico Farmacéutico.  Esta iniciativa fue seguida por la ciudad cabecera en 1893.     La institución tenía como objetivo lograr la unidad entre médicos y farmacéuticos, elevar el conocimiento científico y la praxis médica-farmacéutica.   También en Cárdenas se creó  en 1893, la primera clínica ginecológica  de Cuba por el Dr. Fernando Méndez Capote.  A la inauguración asistieron las más altas autoridades del país y la provincia.

La provincia de Matanzas fue la cuna de eminentes científicos de corte nacional e internacional.  Al organizarse el 1861 la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fueron cinco los matanceros que formaron el selecto grupo de 30 fundadores.  Ellos fueron Federico Gálvez Alfonso,  Joaquín García Lebredo y Lladó, Juan Calixto Oxamendi y Desprez, Juan Bruno Zayas y Francisco de Zayas, todos médicos.

A este listado se une un destacado grupo de científicos que es necesario mencionar, pues según Martí: “…no mueren a los que a la Ciencia y a la Patria hicieron bien”.  En este listado de más de 60 prohombres matanceros no pueden faltar Oscar Amoedo Valdés, creador en Francia de la odontología forense; Joaquín Barnet Ruíz, el primer mártir de la ciencia en Cuba; Juan Nicolás Dávalos  Betancourt, al cual se le considera el primer bacteriólogo del pais; Juan Santos Fernández y Hernández, el oculista más prolífico en idioma español; Federico Gálvez y Alfonso, el primer especialista cubano en llevar a cabo operaciones de alta cirugía; Joaquín García  Lebredo y Lladó, quien sentó las bases de la Bioquímica en Cuba; los hermanos Antonio, Eusebio y Pedro José Patricio Guiteras Font, el primero, célebre latinista; el segundo, políglota, escritor y pedagogo y el último, destacado historiador.

A estos debemos agregar a Enrique Lluria Despau, eminente urólogo e investigador social; Ramón Luis Miranda, amigo y médico del Apóstol; Sebastián Alfredo de Morales y González Hernández, doctor en Medicina, dedicado con éxito notable a la Botánica y Carlos de la Torre y de la Huerta, uno de los más afamados malacólogos del mundo.  A estos se unen un buen grupo de otros destacados científicos de los cuales Matanzas se siente orgullosa.

El siglo XIX fue una centuria donde la Ciencia y la Técnica brillaron en el horizonte cubano y casi se apaga en los primeros 58 años del siglo XX. Solo con la Revolución, Matanzas tiene universidades, centros de investigaciones como la Estación Experimental de la Caña de Azúcar y la de Pastos y Forrajes Indio Hatuey; el pueblo disfruta del privilegio de la enseñanza y la salud gratuitos y en beneficio popular de la ciencia sabe que todo tiempo futuro tiene que ser de hombres de ciencia, de pensamiento preclaro.




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