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Tuesday 19 November 2019
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Las profecías de Calero

Foto: Ramón Pacheco Salazar

Foto: Ramón Pacheco Salazar

Llegué con 20 minutos de atraso a mi entrevista. Parecía que me había levantado con el pie izquierdo. Ahora posiblemente me juzgarían por mi juventud y mi impuntualidad.

La secretaria me miró de reojo, ya me había advertido que estaban esperando hace rato.  Mi entrevistado aguardaba sereno, lo que amilanó un poco mi pena. Pero  cuando estaba confiada, me dijo: Yo no se pa´ que tanta entrevista, si por todos lados he salido, coge mi biografía y ya.

Le regaleé una sonrisa porque he aprendido que las cosas no se imponen. Despacio logré que Eduardo Calero, hombre de pocas palabras y Héroe del Trabajo, me contara su historia.

¿Tú quieres saber de mi vida? Mira que puede ser pa´largo, porque la vida mía ha sido trabajo na´ma, antes de nacer, ya estaba trabajando, mira qué chiveta.

Me cuenta que es de Minas de Jarahueca y pongo cara de sorprendida, pues ese poblado para mí no existe. Sin embargo insiste: eso es allá lejos, en Sancti Spíritus.

Éramos 16 hermanos, hijos de campesinos pobres muertos de hambre.  ¿Qué comíamos?, verdad que tú tienes cara de preguntar mucho. Eso era antes del triunfo de la Revolución, se comía lo que aparecía, pero la cosa se ponía peor cuando era tiempo muerto. Mi primer par de zapatos lo tuve con doce y porque me cambiaron por eso y cuarenta pesos. Fui una especie de esclavo en la finca de un  terrateniente por seis meses.

Vuelve el tiempo atrás y me confiesa sobre sus días de faena, cuando las 24 horas del día no le alcanzaban. Siente hasta envidia de los que hoy pueden estudiar, él no pudo.

Tengo un millón de anécdotas, ¿te las cuento? Por ejemplo yo estuve en la toma de Santa Clara, bueno no disparé, pero estaba en medio del combate, que es igual. Cuando se acabó todo me quedé en el cuartel, tenía 19 años.

Cuando me dice la edad, pienso que este hombre que aparenta 60 años, hoy roza los 75. Calero, rememora sus tiempos de miliciano.

Si tú hubieras visto lo linda que me quedaba la ropa de miliciano y las responsabilidades que tuve. Conocí a la tropa del Che antes de que partieran para Bolivia. Ahí había guajiros de armas tomar, sobre todo el de Pinar del Río.

Recorrió toda Cuba, hasta que un buen día se quedó en Matanzas, la misma ciudad que no le bastó tenerlo en su seno y lo nombró hijo adoptivo.

Mira pa eso, si me preguntan de dónde soy voy a tener que explicar que soy un espirituano- santaclareño- matancero. He estado en todas partes, incluso fuera de Cuba, pero aquí la chiquitica esa que tengo como esposa me ató, mira que ella ha aguantado al lado mío.

Ella y el trabajo, porque desde que entré en el sector de la construcción no he parado y cuando me jubile seguiré trabajando pero lo haré gratis.

Cuando le pregunto por su reciente distinción como Héroe del Trabajo, único en el  Sindicato de la Construcción matancero, me responde:

Eso no es tan importante, yo no quiero ser el único, hace falta que sean más, porque tú no sabes cuánto me entristece que tantas personas del sector  trabajen duro y no los reconozcan, porque el constructor hace de todo. Acepté la medalla y me la dieron, pero seremos muchos más, dalo por sentado.

Pongo punto final a la entrevista, otros asuntos me esperan. Así entre profecías me despido. Calero con la mirada me pide que no me vaya, me invita a su casa para continuar sus anécdotas. Yo salí de ahí con un buen amigo.  El que no quería hablar, en mar de recuerdos, se quedó con una lágrima en la mejilla y las palabras escapándoseles del corazón.




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