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Tuesday 17 September 2019
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Precios que suben, calidad que baja

Precios que suben

Foto: Noryis

Cuentapropismo: ¿demanda o necesidad?, fue el comentario que la colega Yaídima Díaz Gómez publicó en la sección En Diana, de Girón, periódico de la provincia de Matanzas,  y provocó, nadie lo dude, los mil y un comentarios sobre un tópico tan sensible como el del transporte, ¡como el del transporte no estatal!

Fue por ella que lo supe. De golpe y porrazo, de la noche a la mañana, se ha duplicado el valor del viaje que une en máquina dos puntos importantes de la urbe matancera, unos siete kilómetros  entre América esquina a Milanés y el parque de Peñas Altas. ¡10 pesos en lugar de cinco!, es lo que deberá pagarse ahora.

Según Díaz Gómez, el alza sobrevino luego de una medida que redujo de seis a cinco la cantidad de viajeros autorizados para transportar (cargaban a cuatro personas atrás y ahora deberán ser tres), quizás fue esa la gota que colmó la copa, porque otros argumentos como combustibles caros o las piezas adquiridas por cifras astronómicas, figuran también como pretextos de los choferes.

Por necesidad más que por demanda, reflexionó la joven periodista, habrá que ajustarse a la imposición de estos conductores, puestos de acuerdo para “aplicar” la nueva tarifa, que nuevamente revienta por el lado más débil, la economía del trabajador o del estudiante.

Y en este punto, en eso de aceptar tal decisión, no puedo menos que sentirme en una posición de total desamparo. ¿Quién protege a la sociedad cubana de actos como estos? ¿Cómo debieran reaccionar los gobiernos locales?

Una lógica deducción. Si los precios de estos servicios se duplicaron, deben duplicarse, como la más elemental de las matemáticas, los impuestos sobre los ingresos de quienes ejercen la actividad o los controles por los encargados de conceder la Licencia Operativa, que legitima el buen estado técnico de los carros, por mencionar dos reacciones.

Sin embargo, ni la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT) ni mucho menos las unidades territoriales de Inspección Estatal de Tráfico actúan de manera inmediata, de hecho, no se pronuncian sobre esta suerte de anarquía.

Los precios no están dictados por la oferta y la demanda. Los precios se negocian, son el resultado de una conspiración, de la connivencia de unos pocos que mandan sobre algunos que intenten oponerse a posturas escudadas en la legitimidad, en el derecho de los trabajadores no estatales de vender sus ofertas al precio que quieran y si la gente la acepta, es su problema.

Pero los derechos deben existir de las dos partes. También posee derechos quien recibe los servicios y paga.  En la carretera de las prestaciones, no todos los almendrones ruedan igual. No sé a usted, pero pedazos de ropas he dejado yo en algunos con los muelles afuera, por un cable o tornillo suelto, por no mencionar la contaminación ambiental de la música estrepitosa o los escapes de combustibles, esa emanación que se pega hasta en el último pelo. ¿Podrán entonces costar lo mismo? ¿Dónde queda la relación calidad-precio?  ¿Quién me defiende de esto?

Si los gobiernos locales de verdad desean elevar su eficacia, tendrían que tomar cartas en el asunto, ponerse al día en situaciones de esta y de otra naturaleza. Las sesiones de las asambleas municipales del Poder Popular necesitan acercarse más a la gente, sentarse a su lado, ir con ella a los mercados, subirse al almendrón o tomarse un café en el puntico de la esquina. Necesitan ver con sus ojos cómo el precio sube, la calidad baja y el bolsillo llora.

A los gobiernos locales toca crear condiciones para que este segmento de la población laboral ejerza mejor su trabajo, emitir ordenanzas, pero también contenerlos si hiciera falta. El cuentapropismo no puede dictar sus leyes alejado del sentido de compromiso y justicia social de un país como este.




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