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Tuesday 17 September 2019
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La discreción pende de un hilo

INCONTINENCIA VERBALEn estos tiempos en que hay tanto por hacer y se cuentan por miles las misiones altruistas a las cuales dedicarse, abundan paradójicamente los críticos a ultranza, quienes todo lo cuestionan, encuentran siempre objeción ante las tareas que otros cumplen y defectos en la actuación de los demás.

Hay algo interesante. Quienes así se manifiestan, generalmente no examinan con el mismo prisma y rigor su propio proceder o el del pariente, vecino o amigo, solo poseen luz larga para escudriñar en quienes   apenas conoceny se mueven en contextos no cercanos.

Existe como una mala plaga que atenta contra la mesura, la circunspección; soplan vientos a favor de la indiscreción, de hablar del prójimo, con una frecuencia que raya en lo inadmisible.

Cualquier tribuna les parece idónea para referirse   al carnicero que recorta los productos normados para vender el “sobrante” a precios exorbitantes,  la maestra que no enseña bien, del jefe que no evaluó adecuadamente el caso de una indisciplina y sí llevó muy recio a otro trabajador que no era de su agrado.

También reseñan sobre el chofer que se paseó con la guagua vacía e ignoró a las personas de la parada, o del que ante las carencias lo vende todo, necesita de quienes les rodean, pero nunca es capaz de un gesto dadivoso.

Realmente constituyen males e irregularidades a los cuales hay que atacar y ponerles coto, porque no son situaciones narradas en una obra de ficción, están presentes en la sociedad.

Urge  enfrentarlos con valentía, en el momento y sitio adecuados, para que el mensaje llegue con claridad y tenga el efecto que deseamos.

De lo contrario, ¿qué aportes estamos haciendo para su solución?

El problema también se refleja  en  otro sentido, al escucharse comentarios en términos desagradables del compañero de trabajo, del jefe, del amigo y hasta de familiares.

Cuestionamientos que deben evaluarse y adoptarse las medidas en el seno del colectivo laboral o del hogar, salen por obra de magia a la luz pública, y el escenario puede ser lo mismo una camioneta, la escalera del edificio, la cola del pan, el pasillo del centro de trabajo, hablando sin miramientos, a toda voz, pero sin el criticado enfrente.

Esa costumbre a todas luces dañina, puede ser muy perjudicial a los intereses de la Revolución, si las personas hablan a derecha e izquierda de un dirigente, de su actuación, sin conocimientos de causa, sin ser objetivos en los análisis, sin conocer a fondo los asuntos que evalúan, en la mayoría de los casos.

Todo  indica que para cuestionar  y censurar a los demás, aunque haya argumentos y razones para acusarlos, sobra el tiempo, según evidencias de la realidad cotidiana, pues se observa con preocupación la proliferación   de tan nocivo vicio.

Y lo más difícil es descifrar cuál es la intencionalidad de esa práctica, ya que no se aprecia un objetivo marcado que propicie búsqueda de solución al problema, en resumen, es hablar por hablar.

Habría que preguntarse si esa conducta no perjudica la dedicación de los individuos a sus funciones, a su puesto de labor, en tiempos en que es preciso trabajar y hacerlo bien con énfasis en la disciplina, eficiencia, calidad y productividad.

Me arriesgaría afirmar que una cualidad imprescindible en la vida como la discreción, está casi en extinción y aunque parezca un asunto doméstico, a escala de la sociedad también cuenta, pues no sería baldío repetir que esa es una virtud que la Revolución siempre ha defendido.

Vivimos una época en que los especialistas acentúan la necesidad de lograr una convivencia armónica, que se alcanza, en gran medida, con una buena comunicación, en la cual no debe prevalecer la ofensa, la agresión, y sí claridad en el mensaje sobre la base del respeto.

Motivos de sobra podrían hallarse para hablar de otros, no hay nada mejor para alimentar el espíritu  que saber valorar la consagración y méritos de quienes nos rodean.

Elogiar a los colegas, subordinados o superiores, que sobresalen no demerita a nadie ni es acto de adulación, más bien engrandece al ser humano.

Escrito por: Aida Quintero Dip



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