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Saturday 16 November 2019
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Milanés: su poesía social y patriótica

milanes“De Matanzas (…) triste como
  el corazón de Milanés…”
José Martí

En el llamado parque de La Catedral de Matanzas se alza sobre un modesto pedestal la estatua de José Jacinto Milanés, situada a la vera de una de las más concurridas calles matanceras que lleva su nombre y a media cuadra de la casa donde murió.

Decir Milanés es decir Matanzas y de él se han escrito miles de cuartillas ensalzando su poética labor.  Sin embargo, poco se ha dicho, a juicio nuestro, del Milanés social y patriota.  En Matanzas en este sentido es meritorio el libro biografía José Jacinto Milanés de Urbano Martínez Carmenate, quien ahora labora en su segunda edición.

De Milanés  resaltan estas condiciones, aún entre su producción más lírica.  Dos poemas de su obra inicial llaman poderosamente la atención:  “La Fuga de la Tórtola” y  “La Madrugada”.  En la primera se lamenta de la avecilla que voló hacia la libertad del monte y la califica de “cimarronzuela”, lo que invita a los lectores a identificar la libertad con el cimarronaje.  El segundo es un canto a la excelsa belleza de la campiña cubana, al suelo que ama con hondo cariño y lo cual expone con todo su esplendor como sello de la tierra natal.

En 1835 José Jacinto Milanés escribe una atrevida composición poética titulada “El negro alzado” dedicada a un cimarrón donde, entre otras cosas, pone en la boca del rancheador crueles frases que sitúan al desnudo su naturaleza inhumana.    El estremecedor poema es un canto abolicionista, cuando esta idea, bajo el régimen colonial, era casi un delito.  Muchos años después el importante hombre de letras Salvador Arias lo catalogaría como “el primer poema verdaderamente antiesclavista en nuestra historia”.

El 11 de septiembre de 1838, en un ambiente cargado de disputas y encontronazos del púbico por algunas obras presentadas con anterioridad, se estrena en el teatro Tacón de La Habana, el Conde Alarcos, con la ausencia del autor, afectado por un fuerte dolor de cabeza.  Tanto el público, como la prensa y los intelectuales lo acogieron con elogiosos criterios, pero también despertó la ojeriza de las autoridades, hasta el punto de prohibir el Capitán General su puesta en escena en Matanzas.  Fue necesario esperar algo más de un año para ver el drama concebido por el matancero. ¿Dónde radicaba el problema? El gobierno entendió, como todo el mundo, que la representación ponía al desnudo la crueldad de la Casa Real y la nobleza, que sin justicia ni lealtad cumplía su función social en beneficio propio sin importarle los valores y necesidades del pueblo.

A mediados de 1842 llegó a La Habana el vate mexicano Ignacio Rodríguez Galván en tránsito hacia la América del Sur.  En la capital cubana lee El Conde Alarcos y el 4 de julio le envía una carta en verso a Milanés  donde le invita a viajar a México buscando aires de libertad para su producción literaria.

Cuando la misiva llegó a sus manos, portada por el limonareño José María de Cárdenas y Rodríguez, Milanés le respondió con sentidos versos,  los cuales reflejan la cima de su patriotismo.  Después de una breve entrada un tanto diplomática, aporta el centro de la cuestión, en la cual puede verter su sincera ideología, pues no es algo para publicar.

Expresa su idea de “… que siempre detesté la tiranía” y le dice que no ha pensado irse de Cuba pues:

“Hijo  de  Cuba  soy:   a ella me liga
Un destino potente, incontrastable:
Con ella voy; forzoso es que la siga
Por una senda horrible o agradable
(…)

Con ella iré mientras la llore esclava,

Con ella iré  cuando la cante libre.”

El poeta vierte todo su patriotismo en el cierre de la composición poética y exclama:

“Buscando  el puerto en noche procelosa,
puedo morir en la difícil vía;
más siempre voy contigo ¡Oh Cuba hermosa!
y apoyado al timón espero el día.”

Aunque esta carta en verso nunca llegó a sus manos, por la prematura muerte del poeta mexicano y el manuscrito fue rescatado por gestiones de Cirilo Villaverde, en ella Milanés muestra su amor por su Patria, el odio al tirano y la esperanza de ver libre a la Nación Cubana.

Su deceso, acaecido en Matanzas, el 14 de noviembre de 1863, conmocionó a la élite literaria del momento y ha dejado una huella indeleble, difícil de borrar en el panorama cultural cubano, aunque a juicio nuestro, se necesita insistir más en su ideario político, pues marca un punto de unidad entre la obra de José María Heredia y Heredia y la de nuestro Apóstol José Martí y Pérez.  De esta forma Milanés siempre estará acodado en el puente, llorará por su tórtola,  seguirá amando inútilmente a Isa y cantándole libre a su Patria esclava.



Periodista. Natural de Los Arabos (Matanzas). Viví en Colón desde los 10 años hasta que en 2002 me radiqué en Matanzas, donde vivo actualmente. Trabajé en el periódico Girón y actualmente en la Web de la Emisora Provincial Radio 26. Mi blog personal es Pedazo de Cuba: http://pedazodecuba.blogspot.com/; soy @yirmaratorres en Twitter y Yirmara Torres Hernández en Facebook.


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