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Monday 18 November 2019
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La epopeya del yate Granma

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Desde el infame cuartelazo del 10 de marzo de 1952 la salida a la crisis cubana era revolucionaria y no politiquera. En este sentido el asalto al cuartel Moncada abrió la senda de la lucha armada y en ella se inscribieron hechos fundamentales como el asalto al Goicuría el 29 de abril de 1956, el alzamiento de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956 y los preparativos guerrilleros en México, el azaroso viaje del yate Granma desde Tuxpan a las Coloradas y la lucha armada en montañas y ciudades, dirigida por Fidel.

En la epopeya del Granma participaron nueve matanceros: Armando Huao Secades, Horacio Rodríguez Hernández, Calixto García Martínez, Evaristo Montes de Oca Rodríguez, Humberto Lamothe Coronado, José Smith Comas, Luis Crespo Castro, Universo Sánchez Álvarez y René Rodríguez Cruz.  Todos ellos actualmente fallecidos.

El 25 de noviembre de 1956 se reunieron en Tuxpan un grupo de hombres dispuestos a salir rumbo a Cuba a pesar de las condiciones adversas. De ese momento nos deja el Che su legítima versión:  “Salimos con las luces apagadas del puerto de Tuxpan, en medio de un hacinamiento infernal de materiales de toda clase y de hombres.  Teníamos muy mal tiempo y, aunque la navegación estaba prohibida, el estuario del rio se mantenía tranquilo.  Cruzamos la boca del puerto yucateco,  y a poco más, se encendieron las luces (…)  se cantaron los himnos nacional y del 26 de Julio…”

El mareo fue general salvo dos o tres marineros y cuatro o cinco personas, entre ellas Fidel, el resto de los 83 tripulantes sufrió de un intenso mareo.  Así fue el inicio de la travesía.

Por otra parte, el matancero Calixto García Martínez por su parte relata:  “Si se rompe el yate será una cosa terrible: la Revolución va a tardar.”  Recuerda que personalmente Fidel revisó y arregló las mirillas y en general comprobó el estado del armamento.  Sobre la comida dice Calixto García:  “los primeros días del viaje nuestra ración fue media lata de leche condensada que yo no tomé por temor a marearme.  En los siguientes días dieron una naranja por persona, luego una tajadita de queso con mortadela, otro día una naranja y después… nada”.

Un accidente demoró la travesía, ya de por sí accidentada. Pasaba el tiempo y no se divisaba el faro de Cabo Cruz y en la noche Roberto Roque Núñez, el segundo de la nave, subió al techo del Granma con el propósito de localizarlo, pero un inesperado bandazo de la nave le hizo perder el equilibrio y caer al agua.

Empezó una búsqueda frenética. La altura de las olas y la negrura de la noche eran obstáculos casi infranqueables.  Cuando casi no había esperanzas Fidel dijo que no se podía abandonar a ningún compañero, máxima que sería adoptada en su accionar.  Al subir a bordo, casi sin fuerzas,   gritó:  “!Viva Cuba Libre!”

En el receptor de la nave se captó la noticia del levantamiento de Santiago de Cuba y de las acciones de Guantánamo, Las Villas y Matanzas.  Era el 30 de noviembre con el levantamiento organizado por Frank País.

El Granma avanzaba, pero no se veía la tierra anhelada, cuando esta se avizoró y estuvieron seguros de que no era ningún cayo, Fidel ordenó lanzar el Granma sobre el manglar costero y se desembarcó con el agua al pecho. Los primeros en desembarcar fueron los integrantes del Estado Mayor y el pelotón de vanguardia. Cuando ya todos avanzaban el guardacostas 106 abrió fuego sobre el manglar y un avión Catalina bombardeó la zona, pero ya era tarde.




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