Narra la mitología griega que Ícaro, hijo del inventor Dédalo, en su empeño por alcanzar la brillantez abrasadora de los rayos del Sol, se aproximó demasiado al astro rey, se le quemaron las alas y cayó al mar. No quiso el diseñador Rolando Estévez que a Icarón, agrupación concebida y fundada por Miriam Muñoz, se le incendiara el ímpetu en su perpetua búsqueda de nuevos sueños, proyectos, empeños y le regaló un par de nubes como alas.
En ese bregar colmado de triunfos y sinsabores, de premios, sacrificios y enseñanzas interminables, ha sido más que decisiva, medular, la guía de una de las maestras del arte de las tablas en Matanzas y en Cuba. Nada tiene que ver su espíritu luchador, constante y temperamental con su estatura pequeña.
Su talento se ha crecido dentro de nuestro país y en escenarios extranjeros durante el paso de los años, años que ya comienzan a verse reflejados en las finas arrugas de su rostro, pero que no han podido opacar la fuerza de su personalidad.
Maestra de generaciones, actriz, directora, promotora cultural…, todo eso resumido en Miriam Muñoz Benítez. Con una formación autodidacta, desde muy pequeña decidió seguir los pasos de sus padres en el mundo artístico, primero en la música, para después consagrarse a las artes escénicas.
Ávida siempre por adentrase en el amplio espectro teatral, en los lenguajes estéticos del teatro como arte, se insertó en varios talleres relacionados con la música y el universo de las tablas, impartidos por maestros en estos campos, entre ellos Patricia Ariza, Miguel Gutiérrez, Flora Lauten. Recibió, además, clases de Israel Moliner, Nelson Dorr y Daniel Marcos.
Para ello, igualmente, siempre contó con dos cualidades que la han distinguido dentro del mundo actoral matancero, cubano e internacional. La modestia y la tenacidad son los ingredientes que han sazonado el carácter de la actriz Miriam Muñoz y han sido definitorios en el desarrollo de la carrera de esta mujer que logra desdibujarse, marcar pautas, reencontrase consigo misma para convertirse en Eva o en Edith y sobreponerse siempre a las penas que la matan, aun cuando las situaciones se ponen calientes, calientes, que la queman.
Quien la ve sonreír no advierte que durante su niñez fue secuestrada y detenida por ayudar a su padre en la lucha clandestina, que los sufrimientos de su vida personal han intentado mellar su espíritu, pero también han enriquecido su experiencia profesional para hacer de ella una actriz capaz de escenificar los personajes más disímiles, personajes a los que siempre les entrega el alma y más allá.
Las enseñanzas de René Fernández Santana, otro grande de las artes escénicas matanceras, la condujeron siempre a la entrega absoluta. El entonces Conjunto Dramático, hoy teatro El Mirón Cubano también contó con su excelencia artística.
En ese período su relación con directores como Albio Paz, Armando Crespo, Armando Tomey y Gilberto Subiaurt influyó notablemente en su formación y consolidación como una actriz de primerísima fila dentro de las artes escénicas de la Isla.
El año 2001 marcó un momento especial en la vida de Miriam Muñoz, cuando con un grupo de graduados de sus talleres de actuación decidió conformar Alas Teatro, un proyecto que se consolidó y en el 2002 se convirtió en Icarón.
El conjunto escénico ha merecido desde entonces importantes lauros, siempre bajo la guía de quien fuera su promotora, creadora y alma. Entre sus objetivos principales figuran la formación de jóvenes actores y la investigación del lenguaje teatral. En este sentido busca una mejor comunicación con el público joven como requisito previo para una más amplia labor comunitaria.
Los premios, justos resultados por una trayectoria infatigable dedicada al teatro desde las tablas, constituyen para Miriam un pequeño recuerdo de momentos de gloria, tan efímeros como la propia puesta en escena de una obra. Su verdadero reconocimiento es el cariño del pueblo que la admira, la respeta y la quiere.
Matanzas es para ella lo primero. A esta ciudad, dice, le debe lo mejor y lo peor de su vida, porque Matanzas le ha servido de inspiración y le ha dado lo que es hoy. Este es el único sitio en el mundo en el que realmente se siente feliz.
Y vuelve a hablar siempre del papel de René Fernández en su formación, como una hija agradecida retorna a las enseñanzas de su maestro y comenta que él fue quien la incitó a consagrarse, a dejar la piel sobre el escenario y, con la piel, los sueños, las esperanzas…, la vida misma, una vida que para ella no es más que teatro.






















