¿Cómo nació la pasión del Delegado?

A Juan Gualberto Gómez Ferrer se le considera uno de los patriotas más consecuentes con los principios independentistas que ha tenido la Historia de Cuba. Casi siempre realza por ser la persona elegida por José Martí para organizar los preparativos dentro de la Isla para la Guerra de Independencia.

Pero la grandeza de su vida y obra se resumen en la capacidad que tuvo para desempeñarse con acierto y de manera sobresaliente en distintos ámbitos de la esfera pública y política dentro y fuera de Cuba a lo largo de su existencia.

Precisamente como uno de los grandes de la Patria hay que hurgar de dónde le nació la pasión al Delegado.

Un niño negro que nació libre.

Juan Gualberto Gómez Ferrer, de padres esclavos, nació el 12 de julio de 1854, en el ingenio Vellocino, Sabana del Comendador, en la provincia de Matanzas. Sus progenitores compraron su libertad cuando aún estaba en el vientre materno.

A los 10 años marchó a La Habana para cursar estudios que después continuó en Francia. En este país conoció al patriota Francisco Vicente Aguilera.

En 1869 en parís por el día estudiaba carruajería y en las noches comenzó a imbuirse de los conocimientos más avanzados y del espíritu revolucionario que dominaban aquella ciudad donde todos los hombres eran tratados por igual sin importar el color de la piel.

Por su vinculación con los conspiradores de la Guerra Chiquita es deportado a España y a finales de 1878 retornó a La Habana, donde conoció a José Martí.

A partir de entonces una empatía fundada en ideales compartidos estrecharía la amistad y uniría la acción revolucionaria de ambos. La amistad entre ambos patriotas se entabla en el bufete de Nicolás Azcárate. El hijo de españoles pobres y el descendiente de esclavos se involucraron en la conspiración de lo que hoy conocemos como la Guerra Chiquita. Ambos fueron deportados a España por sus actividades revolucionarias.

Para 1879 funda el periódico La Fraternidad, publicación que se interrumpe al ser deportado, debido a su simpatía y vinculación a los clubes revolucionarios y movimientos conspirativos de esa época. Regresa en 1890 y en 1895 es desterrado tras el fracaso del alzamiento independentista del 24 de febrero. Antes de concluir la dominación española pasa a Francia y luego a Estados Unidos, donde coopera con el Partido Revolucionario Cubano. En 1898 definitivamente en la Patria sostiene una activa participación en contra de la Enmienda Platt.

Labor periodística en la República.

Después de que el 20 de Mayo de 1901 se declara a Cuba una República, desarrolló bajo el seudónimo “G” un diestro combate frente a Tomás Estrada Palma y la Enmienda Platt, que convertía a Cuba en casi una colonia de los EE. UU.

Sus artículos y crónicas en los que evidenció el peculado y las posturas de pro anexionistas, trascendieron con la rectitud de quien, aun desde la ancianidad, mantuvo una postura consecuente con el legado martiano.

La Fraternidad tenía como cintillo: “Diario general para la defensa de la raza de color en Cuba”. Juan Gualberto fundó además Sociedades de Instrucción y Recreo para pardos y morenos e hizo campañas y visitas personales. Allí denunció los atropellos y discriminaciones que sufrían los negros y mulatos, principalmente los africanos, y se informaban las condiciones de vida, principales inquietudes y preocupaciones.

Este periódico se convirtió en un verdadero vocero y defensor de su raza, llegando incluso a hacer públicas las cartas de las personas del pueblo que escribían contando sus infortunios y experiencias.

La labor en pro de la independencia rindió sus frutos para fines de 1894 existían fuertes rumores atribuyendo a la clase de color el propósito de llevar a cabo una sublevación de carácter racista en toda la Isla, lo que demuestra que los negros estaban organizados en ese sentido.

José Martí le envió la orden del Alzamiento del 24 de febrero y Juan Gualberto Gómez lideró las acciones en el poblado de Ibarra, pero fue apresado.

En1898, por los deberes urgentes, no pudo encabezar la lucha de los negros y mulatos por sus derechos, priorizó los asuntos relacionados con la independencia nacional pues creía que si estos quedaban resueltos, el camino de la población negra sería más fácil. A comienzo de 1902, retoma y encabeza el movimiento de los negros y mulatos.

Trascendencia periodística…

Cuando a Juan Gualberto le sustituyen la condena a prisión en Ceuta por la del destierro en Madrid, comenzó a publicar artículos en importantes rotativos como  El Aboli­cio­nista y en La Tri­buna.

Con el retornó a la Patria en 1890 sacó nuevamente a la calle su periódico de antaño, La Fraternidad, en el que continuó la lucha por la igualdad de derechos entre todos los cubanos. Desde esas páginas, divulgó también el ideario independentista.

Al dejar de circular La Fraternidad por problemas económicos, fundó La Igualdad, con una frecuencia menor, dos veces por semana, pero igual política editorial. Los lectores se deleitaban al ver cómo Juan Gualberto eludía la censura y atacaba el colonialismo español ante las narices de las autoridades.

Se dice que el diario marcó un hito en el periodismo nacional por la claridad del lenguaje, habilidad en la exposición, serenidad en la polémica, audacia en la idea, vigor en el estilo y cortesía para con el adversario. Manejaba lo mismo el ataque incisivo y demoledor que el sarcasmo hiriente y mordaz.

Apasionado de la cubanía, en su artículo “¿Por qué somos separatistas?”, publicado en La Fraternidad (23 de septiembre de 1890), demostró el antagonismo entre Cuba y España y el porqué para la primera era necesaria la independencia.  Fue incluso más allá en su definición de lo cubano al afirmar que somos un pueblo americano, con características propias: “Ni el hijo del peninsular es español, ni el hijo del negro es afri­cano”.

Con la fundación del Partido Revolucionario Cubano se convirtió en el Delegado en Cuba del Delegado Martí. Aprehendido por los españoles en los días iníciales de la guerra necesaria, sufrió un nuevo destierro de donde retornó en 1898.

Frente a un enemigo taimado…

El cese de la dominación española no significó para el prócer matancero el fin de la lucha por la independencia. Ahora tenía que enfrentar un enemigo más taimado y poderoso: el imperialismo norteamericano.

En medio de la Asamblea Const­i­tuyente de 1901, su voz se alzó para condenar la Enmienda Platt y alertar que, de ser aceptada, solo subsistirían los políticos que contaran con el apoyo y benevolencia de Estados Unidos, por lo que tendríamos gobiernos condenados a vivir más atentos a obtener el beneplácito de Washington, que a defender los intereses de Cuba. No cejó nunca en su lucha contra la oprobiosa Enmienda.

Cuando en el rotativo La Discusión le pidieron que cesaran sus ataques contra la injerencia, abandonó la publicación. Su prédica contribuyó al desarrollo de un pensamiento antimperialista en el país, cuando ya Martí no existía y su ideario era silenciado.

Quisieron sobornarlo con homenajes  y con­decoraciones, pero era insobornable y devino crítico severo contra generales y doctores, denunció los desmanes de José Miguel Gómez y los crímenes de Gerardo Machado.

Murió pobre, pero admirado por su pueblo, el 5 de marzo de 1933.

Huellas en La Habana intramuros.

La calle Empedrado número 359 entre Habana y Compostela, en el barrio Catedral, acoge la Casa memorial Juan Gualberto Gómez, un inmueble de la primera mitad del siglo XIX.

En ella el insigne patriota fundó los periódicos La Fraternidad en el año 1879 y La Igualdad, en 1892, cuyas páginas se erigieron defensoras  de la integración racial del negro en la sociedad cubana, y abogaron por la total independencia de la Isla.

En cinco salas de exposición permanente se recogen pasajes de la vida y la obra periodística, su mascarilla mortuoria y el busto que moldeara Teodoro Ramos Blanco.

Los espacios de la Casa conservan testimonios de la vida familiar y el quehacer revolucionario en fotos inéditas, documentos valiosos, así como objetos museables de gran valor artístico e histórico.

Orgullo de Unión de Reyes…

En todas las escuelas primarias que llevan el nombre del patriota matancero Juan Gualberto Gómez, se evoca cada 24 de febrero su fecundo pensamiento político a favor de la independencia de Cuba.

Del ideario de ese intelectual los niños conocen sobre su batallar por los derechos de la raza negra desde las páginas del diario La Fraternidad, periódico en el que su agudo olfato periodístico sentó pautas en el ejercicio de la profesión.

Cada 24 de febrero durante la recordación del Grito de Ibarra el pueblo de Unión de Reyes le dedica ofrendas florales en nombre de los cubanos, en tanto los miembros de la Unión de Periodistas de Cuba evocan su impronta profesional.

De Juan Gualberto Gómez Ferrer José Martí dijo: “tenía el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión del hombre de estado”. En esas sabias palabras está toda la gloria del hermano negro a quien confiara la condición de Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

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