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Tuesday 10 December 2019
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De vieja industria a chiquilla renovada

El turismo en Cuba dejó de ser hace rato aquella vieja industria de la década del 90, en que se potenció dicho renglón ante la necesidad de captar divisas extranjeras. Los cubanos aún miramos meditabundos los inmuebles turísticos que la televisión nacional nos muestra, como si fueran otra maravilla del mundo moderno, como si los cayos no estuvieran en el archipiélago nacional.

Y es que la actividad turística cubana aprendió, junto a los inversores de cadenas hoteleras foráneas, a satisfacer las exigencias de un mercado acostumbrado al confort y el buen servicio, que prevalece en países altamente desarrollados como Canadá, Alemania o Rusia, por solo citar algunos mercados potenciales.

Pero se impone resolver una ecuación compleja ante la llegada del turismo norteamericano, ya que pronto estará ahí tocando a nuestras puertas. Varadero, el principal destino de sol y playa de la Isla experimentó su overbooking en el último año, ya que más del 60 por ciento de la planta hotelera estuvo bajo estrés por la creciente demanda de habitaciones durante la temporada alta.

La demanda habitacional no solo se ha hecho visible en la red estatal, sino en la hostelería y casas particulares, las cuales viven también su especie de overbooking hotelero. En la Ciénaga de Zapata, por ejemplo, aumenta cada vez más esta modalidad de hospedería privada, por la exquisitez en el servicio, la interacción con un espacio natural bien conservado y la existencia de ofertas diseñadas para el ecoturismo como el buceo y el senderismo.

Luego del histórico 17 de diciembre vivimos un ensayo sorpresivo para comprobar si nuestra red hotelera lograría asumir una avalancha de visitantes procedentes de Estados Unidos, ante la aprobación de un visado de turismo.

Una ecuación beneficiosa pero a la vez complicada. En la última temporada los norteamericanos disfrutaron 8 mil 329 días en el polo turístico de Varadero, bajo otros visados que autorizan la entrada a la mayor de las Antillas. Ni la infraestructura podrá acoger a tantos visitantes ni la fuerza calificada está preparada para enfrentarse a esos clientes, que son sobre todo, inexplorados para el personal de la hotelería.

El Ministerio del Turismo debe priorizar inversiones en instalaciones casi descomercializadas para mejorar la calidad de sus ofertas y aumentar la disponibilidad habitacional. En la península de Hicacos, por ejemplo, se revitaliza el hotel Playa Caleta desde hace un año con acciones constructivas en casi toda la planta, abarcando no solo piezas habitacionales sino también otras áreas interiores como cocinas, salones de espera y cuartos de servicio.

Para diversificar las ofertas urge estudiar otras zonas no explotadas en la geografía matancera y así las rutas no sean solo Varadero, Matanzas y Ciénaga de Zapata. Estoy segura de que en algún campo matancero se pueden impulsar proyectos de turismo agroecológico, basadas en experiencias cercanas que se gestan desde Pinar del Río mediante el turismo rural.

Cuba es otra y el turismo cambiará también. Los récords de visitantes dejarán de ser números históricos porque vendrán nuevas marcas.




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