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Thursday 21 November 2019
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Doce vidas en la madera

Adán junto al Quijote. (Fotos: Gilberto Naveira)

Adán junto al Quijote. (Fotos: Gilberto Naveira)

Adán Rodríguez Falcón llegó al teatro hace 23 años “por capricho o por coincidencia”, pero jamás imaginó ser diseñador escenográfico del Mirón Cubano y mucho menos el escultor del Museo de Estatuas de la Dramaturgia Cubana, ubicado en la Casa de la Memoria Escénica en Matanzas.

Aquellas tardes junto al abuelo, sacándole quillas a la madera hasta formar un yugo para los bueyes, fueron sin dudas el comienzo sencillo de esta historia.

“Hacía tiempo que quería hacer algo con este material, un personaje recreado en madera, hasta que un día se lo cuento a Ulises Rodríguez Febles y él, más sensato, fue quien estructuró el proyecto del museo.”

Hasta el momento se han inaugurado cuatro piezas: El Quijote, inspirado en la obra de Albio Paz; Virgilio Pinera, personaje de Si vas a comer espera por Virgilio, escrita por José Milián; Huevos, de Ulises Rodríguez Febles y Romance del papalote que quería llegar a la luna, de la autoría de René Fernández Santana. La pretensión, según Adán, es llegar a doce esculturas antes de que finalice el año.

Iván García junto a la escultura de Virgilio Piñera.

Iván García junto a la escultura de Virgilio Piñera.

“La perspectiva es hacerlas más escultóricas y menos teatrales, aunque siempre respeto el aire de la puesta en escena. Algunas son más conceptuales y otras más fieles, las soluciones estéticas son diversas.

“Por ejemplo, El Quijote fue diseñada por mí, es decir, ya tenía el precedente de la concepción de su imagen, sin embargo, traté de hacerlo algo diferente. En Romance del papalote que quería llegar a la luna la propuesta es más ingenua y ligera, sin dejar por eso de ser sugerente. Yo no dejo nunca de ser escenógrafo, mi sistema de trabajo lo aplico también a la confección de las estatuas, estudio las obras de teatro y luego aparecen las imágenes en mi cabeza.”

El Museo de Estatuas de la Dramaturgia Cubana, emplazado en la Casa de la Memoria Escénica, ya despierta el asombro de muchos. Inmortalizados en madera figuran disímiles personajes y pareciera que de un momento a otro comenzarán a moverse, quizás por la frescura con la que fueron creados o por esa vida extraordinaria que le conceden a un ser imaginado que, por extrañas y mágicas razones, sobre un escenario tiene tanta vida como nosotros.

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