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Thursday 14 November 2019
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Campaña contra el mosquito… y las aguas derramadas

salideros-matanzasConocida en Cuba como la Ciudad de los Puentes y los Ríos, Matanzas gana desde hace tiempo un escalón más en materia hídrica y para nada romántico. Las aguas corren por las cunetas de la urbe como si de multiplicar sus cuatro ríos se tratase. Aguas negras y cristalinas se cruzan en las calles y de bache en bache se estancan.

 Al ubicarse en una región de terrazas y rodear la bahía ubicada a cien kilómetros de la capital, la mayor parte de sus calles responden a un trazado cuadriculado descendente. Y mientras desde viviendas, centros laborales y antiquísimas tuberías de asbesto cemento brotan los salideros, a medida que corren calle abajo, los caudales van ganando fuerza.

 A la altura de la conjunción de las calles San Carlos y Gumá se forma uno de los tantos charcos enormes que pululan en el barrio Matanzas Oeste.  Gloria Alpízar se lamenta desde su puerta de la aparente impunidad de las aguas. “Yo trabajé durante 32 años en el Hospital Pediátrico -seis cuadras loma arriba-, y desde entonces veía como bajaba esa agua. De dónde, no sé, pero siempre esa agua hedionda está ahí y no aparece una solución, y ahora con este problema del zika, es un peligro más.”

La preocupación de Gloria se corresponde con la de numerosos de sus vecinos, temerosos de que el incremento de depósitos de agua en la vía pública contribuya a fomentar la aparición de mosquitos Aedes aeyipti, agente transmisor del dengue, el chikungunya, el zika virus y muchos años atrás, de la fiebre amarilla.

Para Rodobaldo  Ruiz, un matancero entrado en años, resulta todo un misterio cómo corre tanta agua por el frente de su casa y en las tuberías de la vivienda el líquido brilla por su ausencia. Sentado en la acera mientras trabajadores de la campaña antivectorial fumigan de casa en casa, establece un debate con otros amigos de la cuadra, acerca del origen del profundo charco maloliente que resiste el paso del tiempo en la esquina de San Carlos con Daóiz, aparentemente surgido de la ineficacia de obras anteriores, conjugada con la indisciplina social.

 “Eso apareció cuando se hicieron unos trabajos aquí –sostiene Antonio Veranes –, y vertieron la tierra que sacaron en la boca del tragante. Eso, unido a la basura que las lluvias arrastran y cae ahí, obstruye totalmente el paso del agua.”

 Rodobaldo agrega que la sustitución de tuberías contribuyó también a la aparición de nuevos salideros, al ceder el relleno bajo el peso del asfalto, quebrándose el tubo varias veces.

 Dos esquinas más abajo el tragante aún permanece funcional gracias a la gestión de vecinos que colocaron una rejilla metálica desechada en otro barrio. Sin embargo, tampoco allí la desidia ajena da tranquilidad. Así lo confirma un joven de menos de 20 años, quien revela que no pocas personas tiran jabas de desechos en el tragante, en lugar de colocarlas en el sitio donde puedan ser recogidas por los trabajadores de Servicios Comunales y que han sorprendido a barrenderos empujando la basura con la escoba en lugar de recogerla.

 A escasos 50 metros, el agua corre libre por encima de dos rejillas de registro, obstruidas totalmente por tierra y piedras, cuando debían contribuir a evitar que se estancase unos metros más abajo. Situación similar y tal vez peor debido a la topografía llana del terreno se presenta en Pueblo Nuevo, donde Hiraldo Fuentes afirma que bajo los dos tragantes tupidos se hicieron hace 30 años  sendas comunicaciones con el subsuelo, lo que permitía que las aguas no se acumulasen en el contén de la forma que ocurre hoy.

 Confirmación de la regla

Autoridades de Salud insisten en que la mayoría de los focos encontrados en la provincia se encuentran dentro de las viviendas, aunque persisten las condiciones para que el mosquito se reproduzca en ciudades donde se pierden toneladas de agua diariamente y las medidas que se adoptaron alguna vez están lejos de ser la solución.

 La literatura epidemiológica indica que a mayor cantidad de agua parada y vertederos de basura, mayor será la presencia de agentes transmisores de enfermedades tropicales y Matanzas es la confirmación de la regla.

 La doctora Magalys Chaviano Moreno, Directora provincial de Salud, reconoce que “tenemos que seguir trabajando en la calidad del tratamiento focal y adulticida (términos técnicos para nombrar la eliminación de focos de mosquitos y la fumigación), unido a la pesquisa de personas con fiebre y a la participación de la comunidad en el saneamiento dentro y fuera del domicilio, en aquellos lugares de mayor riesgo, sobre todo en Cárdenas, Matanzas y Jagüey Grande.”

 La provincia de Matanzas presenta un índice de infestación de 0,3 focos por cada casa revisada, un promedio muy por encima de los valores considerados permisibles que son de 0,05 por vivienda. Y ahora las poblaciones de mosquitos emigran hacia las periferias de las ciudades, ahuyentadas por la fumigación.

 “Lo principal –agrega la doctora Chaviano- es cortar la transmisión del dengue que lo estamos logrando. Solo cuando tengamos índices de seguridad podremos decir que esta campaña ha sido exitosa.”

Pero de nada valdrá la campaña antivectorial si no se adoptan medidas definitivas con los infractores de las más elementales normas de higiene, ni se asumen ciertos trabajos de infraestructura, con la urgencia y la calidad que requieren las circunstancias. Si el agua sigue fluyendo, el mosquito tendrá vida.

(Publicado por: Yosvany Albelo, tomado de TV Yumurí)



Radio 26 es la emisora provincial de Matanzas, planta matriz de la cadena de radio de nuestra provincia cubana. Está ubicada en la capital matancera, en la calle de Milanés esquina a Guachinango, en las alturas de esta bella ciudad rodeada por el valle Yumurí y la bahía de Matanzas. Twitter: @radio26cu Correo: emisora@r26.icrt.cu


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