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Sunday 22 September 2019
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El regreso o la aparente partida de Joel Cano

joel cano“Traía en la mirada estrellas y cocuyos que luego iluminaron un camino hacia todas las artes…”

Rubén Darío Salazar.

Hace más de veinte años Joel Cano reside en Francia, sin embargo, nunca ha dejado de ser un dramaturgo medularmente cubano. A tres décadas de la escritura de Fábula de un país de cera, una de las piezas que obligan una y otra vez  a regresar a este autor, el Taller Internacional de Títeres de Matanzas reservó en la Casa de la Memoria Escénica un espacio dedicado a discursar sobre la obra de este importante dramaturgo de la diáspora teatral cubana.

La teatróloga Yudd Favier se refirió a la distinción de la dramaturgia de Cano entre los autores de la década del 80 y afirmó que Fábula de un país de cera constituye un obligado referente del teatro cubano para niños junto a Galápagos, de  Salvador Lemis, otro de los grandes nombres de la escena nacional.

Con Marilyn Garbey como moderadora, los dramaturgos Blanca y Ulises Rodríguez Febles profundizaron en la estética de Cano y los diversos caminos novedosos de Fábula de un país de cera.

Seguidamente se realizó una lectura interpretada de Los Aretes que le faltan a la Luna con la actuación, entre otros, de Armando Morales, María Laura Germán e Iván García y se presentó la obra publicada bajo el sello de Ediciones Matanzas.

El autor apenas pudo expresarse y contener la emoción inherente de los regresos. Graduado en el año 1989 del Instituto Superior de Arte, Joel Cano ha explorado diversos campos en el universo creativo, desde el teatro, la danza, composición musical, cine…, porque cree en un único camino en el arte: “se trata de una búsqueda constante, de interactuar, no concibo a un artista que haga solo teatro, tiene que salir a indagar otros terrenos, aunque de alguna manera el teatro las cristalice a todas después”.

Regresa a Matanzas en el Taller Internacional de Títeres para impartir un curso sobre ritmo y melodía en la escritura teatral para niños, en la Casa de la Memoria Escénica. Durante la charla, Rubén Darío Salazar expresó que “todavía seguía siendo el hombre que llora y sueña, y aquel guajiro de Villa Clara que llegó en los ochenta al ISA (Instituto Superior de Arte), aun cuando lleve una camisa parisina”.




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