La celebración, desde 1994, del 17 de junio como Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, constituye un llamado a prevenir la degradación de las tierras en el planeta.
Porque la tierra es, probablemente, el problema ambiental más importante de estos tiempos, de ella obtenemos desde los alimentos que consumimos, hasta las casas en que vivimos, todo proviene de los recursos del suelo.
Pero el uso inadecuado de este recurso por parte del hombre ha generado la pérdida de su capacidad productiva, razón por la que el fenómeno de la desertificación ya afecta a más de 110 países y cada año seis millones de hectáreas de tierra productiva se convierten en arena.
Entre los principales factores que dieron lugar a esta situación se encuentran el uso intensivo de maquinarias para la labranza, la explotación inadecuada de los recursos hídricos, la contaminación química y la salinización.
De ahí lo acertado del tema que preside las acciones en este 2016: Cooperación inclusiva para lograr neutralizar la degradación de la tierra.
Para ello se propone generalizar el método de agricultura de conservación, que según el doctor Theodor Friedrich, representante de la FAO en Cuba, es un sistema agrícola basado en tres principios básicos enlazados: mínimo laboreo del suelo, cobertura permanente con materia orgánica, además de diversificación y rotación de los cultivos en secuencia o asociación.
“Un suelo labrado mecánicamente se compacta mucho más, afecta la correcta distribución de los nutrientes y favorece la erosión”, comentó el señor Friedrich.
Dentro de este programa de la agricultura de conservación se debe impulsar, agregó el representante de la FAO en Cuba, las industrias rurales o locales, vinculadas a las ideas de la agricultura familiar.
Y como la mayor de Las Antillas tampoco escapa de ese fenómeno que se conoce como desertificación y sequía, la aplicación de este programa en el archipiélago es un reto para productores y decisores.






















