Las aguas que dividen Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica siempre se han surcado por navíos de diferentes tipos. Antes del triunfo de la Revolución había buques de pasajes y muchos de carga que trasladaban a Cuba producciones variadas, muchas de ellas confeccionadas con el azúcar y otras materias primas compradas a bajo costo o por intercambios leoninos.
Después lo surcaron lanchas piratas que traían la muerte con sus ataques a zonas costeras o infiltraban mercenarios para organizar a grupúsculos contrarrevolucionarios o acometer diversas fechorías.
También lanchas, balsas, botes y cuanto esperpento que sirviera para navegar fueron utilizados por cubanos para llegar a costas del norteño país. Así fue el éxodo de Camarioca, el Mariel o el de la base naval de Guantánamo, sin contar los múltiples intentos a título personal. Correría que llenó las aguas de sangre y dolor de muchos cubanos. Todavía están latentes las vicisitudes del niño Elián González, por solo contar un caso por la trascendencia que tuvo.
Recientemente comenzaron a surcar las azules aguas, yates veleros y cruceros, todos con fines de acercamiento y amistad, vínculos que engrandecen y llenan de regocijo a ambas partes. Ya son tradicionales los lazos entre clubes de la Florida, Cayo Hueso, Miami y el Club Náutico Internacional Hemingway, de Cuba.
Ayer arribó una flota de trece yates a motor y un velero del club de Cayo Hueso, participantes en el rally Cayo Hueso-La Habana.
Mañana miércoles, a las 11:00 de la mañana, junto a embarcaciones del Club Náutico Internacional Hemingway, de Cuba, los visitantes realizarán una parada que llegará hasta la bahía de La Habana, para después navegar a lo largo del malecón, con regreso a la marina capitalina.
Esperemos que este acercamiento se incremente y que sea para bien.






















