Melbourne 1956: dos ciudades, un boicot (XIX)

melbourneLa primera dificultad en la organización de los Juegos estuvo en la legislación sanitaria ‘aussie’ con respecto a la entrada de animales en el país austrialiano, pues se exigía que pasaran por una cuarentena de seis meses. Por ello, la ciudad sueca de Estocolmo acogió, en junio, las pruebas ecuestres.

En 1956 el mundo estaba convulsionado políticamente: segunda guerra israelí-árabe, intervención franco-británica sobre el canal de Suez y los tanques soviéticos reprimiendox a Hungría.

Esos acontecimientos provocaron el primer boicot olímpico. España, Holanda y Suiza se ausentaron por los conflictos en Hungría y Egipto. Líbano e Irak, por la presencia extranjera en el Canal de Suez, China continental se retiró por el reconocimiento de la isla de Formosa (Taiwán).

Alemania estaba dividida en Occidental y Democrática. El Comité Olímpico Internacional reunió a los deportistas de ambos bandos en un equipo combinado (EUA) que compitió bajo una bandera con rayas horizontales negras, rojas y amarillas, con los anillos olímpicos y como himno la Oda de la Alegría, de la IX Sinfonía de Beethoven. Esta situación se repitió en Roma 1960 y Japón 1964.

Del 22 de noviembre al 8 de diciembre, más de tres mil 300 atletas de 96 países compitieron en 151 eventos diferentes.

Dos medallas de oro se enamoraron. En la jornada de apertura, Olga Fikotova, hermosa estudiante checa de Medicina, ganó el lanzamiento de disco. Al día siguiente, el norteamericano Harold Connolly se impuso en el lanzamiento de martillo.

Se conocieron mientras se entrenaban para mantenerse en forma y pasar el tiempo. Ahí surgió el amor olímpico entre una comunista y un burgués en plena guerra fría. A Harold le negaron la visa para ingresar a Checoslovaquia. La noticia recorrió el mundo, ocupó páginas y páginas de los diarios, hasta convertirse en una apasionante historia de amor.

Intervinieron los embajadores y los presidentes. Al fin, se casaron en Praga, el matrimonio Zatopek apadrinó la boda, en las tres ceremonias: civil, católica y protestante. Vivieron en Boston, tuvieron cuatro hijos, pero la felicidad duró 16 años. Exactamente cuatro ciclos olímpicos. Olga pasó a formar parte activa en los movimientos por la liberación de la mujer y Harold, católico y hombre de hogar, la dejó en libertad.

El argelino-francés Alan Mimoun O´Kacha por fin obtuvo el triunfo. Luego de sus medallas de plata en los diez mil metros en Londres 1948 y en los cinco mil y diez mil metros en Helsinki 1952, siempre detrás de la «locomotora humana» Emil Zatopek, en la cita de Melbourne logró desplazar a su acérrimo rival en la maratón.

Alain Mimoun tenía 36 años y acababa de ser padre de una niña llamada Olimpia. Cuando cumplió 62, el presidente de Francia, Pompidou, lo nombró oficial de la Legión de Honor. Actualmente, cinco ciudades francesas llevan su nombre, al igual que una en la villa argelina donde nació.

El brasileño Adhemir Ferreira da Silva y el pastor norteamericano Bob Richards, que había dejado los hábitos, repitieron sus éxitos de Helsinki en salto triple y pértiga.

El húngaro Laszlo Papp se convirtió en el primer boxeador en ganar tres medallas de oro consecutivas. En 1957 pasó al boxeo profesional. Ganó el título europeo de la categoría mediana y se retiró invicto en 1965.

La gimnasta soviética Larysa Semiyonovna Latynina, conocida como “la diosa olímpica”, comenzó su trayectoria de tres ediciones en las que conquistó 18 medallas (9 de oro, 5 de plata y 4 de bronce).

Cuba asistió con 16 representantes en cinco deportes: atletismo, gimnástica, natación, remo y yatismo, sin ningún resultado relevante, con excepción de la presencia de la primera mujer, Bertha Díaz, que compitió en los 80 metros con vallas.

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