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Wednesday 23 October 2019
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De Matanzas al Moncada

mmmmmmmmmEl sentimiento de rebeldía que distingue a los nacidos en Matanzas se destacada en innumerables acontecimientos de la historia de Cuba. La presencia de matanceros en la epopeya del 26 de julio de 1953 es un ejemplo de ello.

En esa mañana de la Santa Ana en que la Generación del Centenario enfrentó al ejército del dictador Fulgencio Batista en los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, once fueron los participantes matanceros.

Junto al médico Mario Muñoz Monroy, del municipio de Colón, estuvieron sus coterráneos Gerardo Álvarez Álvarez, Héctor de Armas Erasti (sobreviviente), Mario Martínez Arará y su hermano Raúl, quien más tarde traicionó a sus compañeros de lucha.

También se inscriben en esa nómina de jóvenes a los que el compromiso con la patria les llevó hasta los muros del Moncada, el jagüeyense Julio Reyes Cairo, los hermanos Horacio y José Wilfredo Matheu Olivera, y Félix Perdomo Vasallo, todos de Pedro Betancourt, así como el yumurino Israel Tápanes Vento (sobreviviente).

Completa el grupo Calixto García Martínez, quien tras salvar la vida  siguió a los líderes del movimiento y se convirtió en expedicionario del Granma y combatiente del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Al triunfo de la Revolución Calixto García desempeñó importantes cargos y responsabilidades dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), entre los que se destacan el de jefe de los ejércitos Oriental y Central.

Acerca de las razones por las que esos jóvenes matanceros se sumaron a las acciones protagonizadas por la Generación del Centenario en el oriente de Cuba la  yumurina Clara Enma Chávez Álvarez, máster en estudios sociales, destacó:

“Todo el asunto estriba en que Fidel, en las aulas de la universidad y también por la labor dentro de la ortodoxia (Partido de Vanguardia), había hecho mucho trabajo y se había vinculado por esa vía con algunos matanceros.”

En esa época La Habana constituía un fuerte atractivo para los jóvenes matanceros que buscaban trabajo. Por ello, comenta Clara Enma, fue posible el intercambio con Fidel en la propia capital cubana.

“En muchos casos son muchachos procedentes de poblados rurales de Matanzas, pero entraron en contacto con la organización porque se desempeñaban como obreros de la construcción, hay que recordar que era el tiempo en que se construían los grandes hoteles en  La Habana.

“Es decir, que en Matanzas se produce ese efecto geográfico-económico que hace que en muchos aspectos de la historia los matanceros estén muy vinculados a La Habana como los habaneros a nosotros. Ahí está el caso del Goicuría, donde el grueso de los asaltantes fueron habaneros, o sea, que es una realidad histórica.”

Asimismo se conoce de las reiteradas visitas de  Fidel a Matanzas para conformar el selecto grupo de asaltantes.

“Él visitaba también a Julio Reyes Cairo, que aunque era de Jagüey Grande, vivía en Colón, además de a Jaime López, por la zona de Pedro Betancourt, es decir, que Fidel estuvo en esta provincia evaluando las posibilidades que se le ofrecían para sustentar el movimiento y así las cosas son once los que se quedan.”

Y dentro de esos once, el doctor Mario Muñoz Monroy, colombino que además de la Medicina gustaba de la aviación. Por ello, rememora Clara Enma, fue el antiguo aeropuerto Pepe Barrientos, próximo a las Cuevas de Bellamar, el lugar escogido para la entrevista que a principios de 1953 Fidel sostuvo con Muñoz Monroy.

“¿De qué podían hablar Fidel y Mario Muñoz en un lugar tan apartado. Pero el sitio era ideal porque resultaba normal que los aficionados a la aviación estuviesen en el lugar y un visitante más no iba a llamar mucho la atención.”

Y así sus nombres se inscribieron para siempre en las páginas del libro de honor de quienes arriesgan hasta la vida por una causa justa.




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