Historia viva de un historiador

xRaulruiz.jpg.pagespeed.ic.87AVTSPYb9No era oriundo de esta tierra, ni necesitaba serlo para recibir un homenaje poco más de una década después de su desaparición física.

Villaclareño de cuna, vio la bahía matancera por primera vez a los nueve años de edad. Desde entonces amó esta ciudad y le entregó su vida. Su amor ferviente por la historia, la dedicación que emanaba cuando entraba al aula y su predilección por el ballet y las artes plásticas, le distinguieron como un hombre culto. Así también disfrutaba de la música popular y clásica.

Autor de publicaciones imprescindibles para la historiografía local y nacional, la luz de Raúl Ruiz Martínez no se extingue, permanece aún más brillante con el paso de los años. Su ferviente deseo de regalar a Matanzas las memorias que hacen de esta una ciudad única, mantienen su vitalidad como un referente obligado para conocer y comprender a cabalidad su riqueza patrimonial.

xraulruiz-pagespeed-ic-87avtspyb9Ya no se le puede ver desandando las calles de la urbe yumurina, pero quiero creer que su espíritu sigue rondando, celoso, los pasillos de la Oficina del Historiador, enamorado siempre de la leyendas de esta ciudad, próxima a cumplir el 323 aniversario de su fundación.

Raúl Ruiz simultaneó con dedicación las grandes pasiones de su vida. Graduado en 1959 como Maestro Normalista y luego, en 1977, como profesor de Historia en el Instituto Superior Pedagógico de Matanzas, hizo de la docencia parte inseparable de su existencia, combinada con sus labores como escritor e investigador historiográfico.

Desde los primeros momentos de la Revolución se insertó en las tareas sociales y políticas que requirieron de él: la Campaña de la Alfabetización; las Milicias, ante la invasión por Playa Girón; tareas docentes y sindicales. Estuvo vinculado al movimiento de activistas de historia, hasta convertirse en el fundador de la filial matancera de la Unión de Historiadores y primer Historiador de la Ciudad.

Del ingenio intelectual de Raúl Ruiz nacieron sus obras dedicadas a la danza: Ballet y Revolución, Premio de Ensayo en el concurso Primero de Enero de 1972, y Fernando Alonso: danza con la vida, publicada en el año 2000 por la editorial Letras Cubanas.

Figuran también entre sus creaciones una biografía de cerca de 600 páginas sobre Alicia Alonso y publicaciones como Coreanos en Cuba, con prólogo del destacado escritor Miguel Barnet, y Pedro Duarte: Patria y Evangelio, sobre la vida de tan insigne patriota.

Se suman a su constante faena en favor de la salvaguarda de la memoria de la historia cultural de la nación Puertas Abiertas, el único poemario en prosa publicado por el maestro y dedicado A Martha, en nuestra casa, dedicado a su esposa Marta Lim Kim, con quien compartiría vida y vocación.

Su legado, a grandes rasgos, es una  valiosa obra de consulta, artículos, publicaciones  en importantes periódicos y revistas, entre los que se destacan Alicia, la Maravilla de la Danza, sobre la historia del ballet en Cuba;  La Ciudad de Matanzas  en la Forja de la Cultura y la Identidad Nacional, publicado por la Universidad Michoacana en 1993, entre disímiles contribuciones.

La obra de Raúl deviene una reverencia a la rica mezcla de cubanía y matanceridad que le imprimió a obras como Retratos de la ciudad, donde sobresalen su amor por Matanzas y sus ansias de mantener la identidad y conservar fresca la memoria histórica del pueblo cubano.

 “La historia tiene un valor educativo muy alto, es fuente de cultura, en su más amplio sentido, un medio ideal para afianzar conocimientos éticos, morales y patrióticos.”

                           Raúl Ruiz

Al llegar a esta ciudad nadie podía predecir que se convertiría en el buscador constante, el entusiasta investigador, el estudioso de los orígenes de esta urbe de poetas y locos. Nadie podría prever que, en compensación,  la ciudad lo haría suyo.

El hecho es que, once años después de su desaparición física, Raúl Ruiz aun prestigia la historia regional, imbuido cada instante en el rescate de los valores patrimoniales y la verdad histórica de Matanzas, una ciudad a la que definió  como “un tesoro con  muchos secretos, cuya almendra no había podido desentrañar totalmente”.

A su lado, tanto en la vida como en su prolífero quehacer cultural, siempre estuvo su esposa, la profesora Martha Lim Kim, quien confiesa que el primer interés investigativo de Raúl estuvo vinculado a la figura de Alicia Alonso.

Por este motivo, confiesa, las dos grandes rivales de su vida siempre fueron Alicia y Matanzas. Tal era la pasión de Ruiz por la prestigiosa bailarina y por la ciudad que lo adoptó como hijo en el 2002.

Para Raúl Ruiz eso era la historia, su vida. Descubrió espacios de tiempo olvidados o tergiversados por la cotidianidad, rebuscó y encontró verdades guardadas, las trajo a la luz y las transmitió a estas generaciones que lo veneran.

Aun cuando su cuerpo, inerte, dejó de ser suyo el 28 de septiembre de 2004, su memoria sigue latente, sus aportes se multiplican, sus enseñanzas son recordadas por el pueblo matancero. La historia no podía defraudarlo, el tiempo necesariamente tenía que estar a su favor, generaciones de alumnos no pueden estar equivocadas.

El profesor, el Historiador de la Ciudad, el escritor, el amigo, el hombre dedicado a su esposa e hijas…, así es recordado. La muerte no ha podido enmudecerlo, porque él  renace en cada latido de esa tricentenaria urbe a la que tanto amó.

Un comentario

  • Mirtha

    Me alegra que le recuerden Fue mi profesor y siempre lo llevo conmigo. Solo te alerto que su segundo apellido es Rodriguez. (Disculpa la ausencia de la tilde pero el teclado n me ayuda)
    Gracias

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