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Monday 16 September 2019
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La más joven de los primeros delegados

alinaAlina Trujillo fue la más joven de los elegidos como delegados a las Asambleas municipales del Poder Popular cuando esta provincia protagonizó en 1974 aquella experiencia política social única en el país.

El histórico proceso, de gran complejidad y profundo ejercicio democrático, sería el embrión de un nuevo sistema gubernamental, que dos años después se extendería a toda la nación.

Fue así como el 31 de octubre de 1976 se constituyeron las primeras Asambleas municipales del Poder Popular en Cuba.

Alina no hubiera podido imaginarse de antemano que a la altura de 40 años estaríamos hablando de cómo perfeccionar el trabajo de esos órganos de gobierno y del delegado de circunscripción como su pilar fundamental.

LA BELLA PROFESORA DE MATEMÁTICAS

A Alina Trujillo, integrante del primer destacamento pedagógico Manuel Ascunce Domenech, todos la veían con simpatía. Era una joven bondadosa y agraciada que se distinguía sobre todo por su inteligencia y que se hizo digna del aprecio de sus estudiantes y compañeros de profesión.

Por entonces impartía la asignatura de Matemáticas en la ESBEC Mariscal Antonio José de Sucre, en el municipio de Jagüey Grande. Era, además, presidenta de la FEU de dicho Contingente e integraba los comités municipal, provincial y nacional de la UJC.

La muchacha que por su dulzura y belleza todos querían como novia en la secundaria matancera, resultó delegada en una de las circunscripciones especiales en el plan de escuelas en el campo, encargo que asumiera con pulso firme.

«La elección fue un desafío, pero tenía la certeza de que no podía defraudar a quienes habían depositado su confianza en mí. Los problemas estaban asociados a los estudiantes y trabajadores del sector. Fue una experiencia emocionante y difícil, que luego sirvió para cuando en 1976 fui delegada en una circunscripción de Pedro Betancourt, mi tierra natal.

«En esta segunda oportunidad representaba los intereses de una comunidad con diversas problemáticas. Fue una etapa culminante de mi vida y el proceder de una familia revolucionaria me permitió entender con mayor claridad el espíritu democrático  del Poder Popular.

«El solo hecho de que yo, una estudiante de 17 años, hija de obreros, fuera propuesta por mis propios compañeros era reflejo de la naturaleza inédita de las instituciones que nacían.»

—¿Qué se necesita para ser un buen delegado?

—La misión del delegado es bien difícil, y eso es preciso acentuarlo. Creo que en este asunto no todo marcha a pedir de boca. Pero eso sí, lo más importante es no defraudar la confianza de la gente. Lo tuve presente desde mis primeras experiencias en la circunscripción especial.

«Recuerdo que debía realizar los despachos semanales con los electores en cada secundaria, tramitar los planteamientos, asistir a las reuniones y asambleas, efectuar las rendiciones de cuenta, estudiar para concluir satisfactoriamente mi carrera y, sobre todo, prepararme para impartir las clases a mis alumnos que eran mi razón de ser y por quienes sentía un gran amor y respeto.»

—¿No crees que en el universo de las atribuciones y el trabajo de los delegados falte todavía por hacer?

—Es natural que el sistema se haya ido perfeccionando. Hoy estamos en un proceso de actualización del modelo económico y social para lograr un socialismo sostenible. La premisa básica del funcionamiento y desarrollo de los órganos del Poder Popular es la participación popular en su gestión y para ello es necesario fortalecer el vínculo de los delegados con sus elec­tores.

«Creo que resulta necesario lograr que las rendiciones de cuenta sean un espacio efectivo de la participación del pueblo en la actividad de Gobierno, con el apoyo de las organizaciones de masa, donde se logren análisis críticos y objetivos, pues en ella se materializa el derecho de los que eligen y la obligación de estos ante quienes los eligieron.

«Dicho de otro modo, el delegado debe atender y conocer los asuntos que afectan a la comunidad sin descuidar, como es lógico, la importancia de unirnos en el barrio para lograr esos objetivos y defender las conquistas de nuestra Revolución.»

RECUERDO IMPERECEDERO

Alina tiene la virtud de no perder casi nunca el dominio de sí misma. Eso le trajo buenos dividendos en el complejo arte de dirigir y entenderse con los demás.

Guarda infinidad de recuerdos de su trayectoria en el Poder Popular y hay uno particularmente emocionante, vinculado a un fugaz encuentro con Fidel en la Asamblea Nacional en 1976.

«Fue un momento inolvidable. Como pertenecía a la Co­misión de Escrutinio me designaron para cuidar una de las urnas. Cuando menos lo esperaba llegó Fidel a depositar su voto. Recuerdo que me dio la mano y habló brevemente conmigo. Fue un instante de gozo y de nerviosismo para mí que guardo junto a otros en que tuve la oportunidad de estar con ese hombre único.»

Refiriéndose al trabajo de los delegados y diputados del Poder Popular, el propio Fidel expresó en una ocasión: «Es el mérito, exclusivamente el mérito, la capacidad, la modestia, la entrega total al trabajo, a la Revolución y a la causa del pueblo lo que determina la confianza que la sociedad otorga a cualquiera de sus hijos.»

A ese selecto grupo pertenece esta mujer matancera, quien hoy se desempeña en la sede del Partido provincial en el área de atención a la población. Quizá por aquellos atributos tempranos, por su sensibilidad y humanismo en la escuela Ma­riscal Antonio José de Sucre, allá por los años 70, los alumnos la admiraban tanto y veían en ella a la novia que todos querían tener.




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