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Monday 23 September 2019
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Uno de mis más grandes amores (+audio)

periodista-cubano-por-cueta-propiaTal parece que quisiera inventar el arte de contar las cosas. Y tenía tanta fuerza en el empeño como tanta nostalgia por aquella rutina, de acuerdo, muy mal remunerada, a estas alturas eso no constituye un secreto para alguien, pero al mismo tiempo muy añorada, e incluso, inconscientemente incorporada, adherida desde los tiempos más hermosos que haya vivido jamás en aquella universidad del centro de la Isla y en esa estación de radio con unas siglas en el nombre…

Entre pitos y flautas hacía cerca de dos años que no se detenía a pensar dónde debe ir mejor esta oración o si sobran las palabras para decir tal o más cual cosa.

Su desempeño se limitaba a la composición de correos electrónicos, donde procuraba escoger sus frases con minuciosa meticulosidad, en el afán de que sus destinatarios recibieran la información realizada con acierto y la consumieran lo más amenamente posible. De igual modo pasaba con la oralidad, pues trataba de utlizar en su vocabulario las palabras empleadas con anterioridad y que aún cuando estuviesen un poco fuera de contexto permitieran que la comunicación al menos fluyera según los modelos ideales de retroalimentación estudiados en aquellas teorías latinoamericanas.

Es por eso que vienen ahora en cúmulo puntos, comas, interjecciones y parrafazos que quizás no sean en conjunto ni publicables, pues habrá, desde luego, que pasar por algún censor que cobra también por eso y juega el rol del juez imparcial a la hora de evaluar los asuntos concernientes al estilo y el lenguaje.

Cuestionar o ponderar los aciertos y barrabasadas de la mayoría de los medios a los que tenía entonces acceso se convirtió en su ejercicio más cercano a la profesión. Y lamentablemente en este papel de cazador de gazapos o halagador de talentos, según correspondiera el caso, llegó un momento en el que se sabía estaba cerca, tal vez, de olvidar los indicadores a medir para emitir criterios, pues su ruptura con la creación la ponía en una posición de desvantaja creciente.

Por otra parte debía impartir lecciones a ávidos alumnos que estaban a punto de convertirse en colegas, pues cursaban el último año de la carrera, y aún cuando la enseñanza le robaba la atención desde los días lejanos de la infancia, se trataba de un contenido aprehendido de tantas veces repetirlo y de la pasión con la que lo aprendió un día, pero que en la actualidad carecía de validez y era precisamente por la ausencia de la práctica.

Fue entonces cuando se convenció de que no debía mantener más algún otro vínculo con aquel modo de ser y asumirse que tiene más de oficio que de profesión, que el de aportar, o al menos intentarlo desde cualquier lugar donde quiera que se encontrase eventual o definitivamente.

Y puede, insisto, y ahora perdonen los correctores, pues hablo en primera persona del singular, que estas letras no lleguen a publicarse jamás por lo anecdótico y parcial de su contenido, pero a estas alturas, o más bien a estas llanuras, estoy completamente segura de que sea cual sea el camino, SIEMPRE volveré a este sitio donde ciertamente, no puedo inventar cómo se cuentan las historias, pero sí puedo encausar la mía y narrar las ajenas y propias, porque no se trata de un viejo conocido, el periodismo es uno de los amores más apasionados de mi vida.




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