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Monday 23 September 2019
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Catedral San Carlos Borromeo, un paso más cerca del cielo

cat-8Desde tiempos inmemoriales el hombre construye templos al espíritu y ha puesto tanto empeño en la labor que muchas veces los sagrados recintos constituyen la mejor expresión de la creación humana. Por lo general, demandan titánicos esfuerzos, además de la gracia de Dios. Abundan las historias de iglesias que tardaron siglos en concluirse, sobrevivieron a catástrofes y epidemias y hasta costaron vidas. Pareciera que la faena exige lo más humano del hombre y da, a cambio, la garantía de eternidad mediante la obra.

La rehabilitación de la catedral San Carlos Borromeo, de Matanzas, completamente financiada por la iglesia, no escapa a diversos obstáculos ni, por suerte, a la voluntad de superación. Luego de ocho años de continuo quehacer, y hasta la muerte de un trabajador en un accidente laboral, se divisa el final de las operaciones constructivas.

Según Adrián López González, jefe de obra del equipo de restauración y decoración Matiz, el trabajo se encuentra en fase de terminación: “Entre otras acciones se pule el piso, que es lo último que falta para completar el trabajo.”

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La fecha idónea para la reapertura del inmueble resulta el 4 de noviembre, día en que se celebra la festividad de San Carlos Borromeo, titular del templo y santo patrono de la ciudad de Matanzas.

Los últimos retoques

Si bien Matiz se encarga de la parte “artística” de la obra, González López reconoce: “Es más el trabajo que no se ve que el que se aprecia a simple vista: esta ha sido una intervención grande desde el punto de vista estructural para dotar al inmueble de mayor espacialidad y luminosidad. Se han hecho cambios en la cubierta, la albañilería se trabajó a profundidad, se resanaron todas las paredes.

“El grupo Matiz asumió la restauración de los altares, las imágenes, los vía cruxis y el mobiliario como bancos, confesionarios, parabanes, púlpitos. Algunos de estos bienes se restauraron fuera del local debido a las condiciones de polvo y suciedad resultantes de las labores constructivas. Luego intervenimos los ocho altares de madera fijos, que estaban muy dañados y requirieron la reposición de faltantes, pinturas y dorado. Se intentó relacionar las imágenes y los altares como un complemento importante para la visualidad.”

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El jefe de obra destaca también las complejidades a las que se enfrentó el equipo que dirige: “Una vez que se inicia este tipo de labores se descubren ´fenómenos´ que no se veían a simple vista como elementos que hay que sustituir o reestructurar.

“Estoy muy satisfecho con el trabajo, en lo personal y también con el desempeño del grupo. Contento de haber tenido la oportunidad de trabajar en una obra emblemática de la ciudad, de mucha trascendencia para los citadinos. Me siento muy orgulloso de haber asumido este trabajo y esperemos que guste.”

El trabajo de mis manos

Anabel del Río, estudiante de tercer año de la carrera de Restauración en el Instituto Superior de Arte, asumió el reto de llevar a la práctica los conocimientos adquiridos en la academia: “En enero me junté con los restauradores y desde entonces trabajo con ellos en el laminado de retablos y púlpitos. Este proceso de trabajo ha sido intenso, pero importantísimo, he aprendido mucho.

“El laminado es un ejercicio más profesional, los materiales utilizados son importados, lo que aumenta la complejidad. Es un trabajo muy lindo, fino, que requiere cuidado y paciencia. Al mismo tiempo me ha sensibilizado respecto al cuidado del patrimonio. Te propones hacer cosas duraderas.”

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Acerca del eterno debate entre conservación y cambio en la intervención del patrimonio edificado, Del Río aseguró: “Se han hecho transformaciones en los diseños debido al gran deterioro. En los dorados, por ejemplo, se laminaron zonas nuevamente, pero otras fueron respetadas por su buena conservación, para nosotros lo principal es el valor histórico.

“Los diseños insertados, por supuesto, resultan coherentes con las estructuras originales, lo que demandó el estudio de las diferentes corrientes artísticas que confluyen aquí, pues predomina el estilo neoclásico, pero la fachada es barroca. Hay de todo un poco, prima el eclecticismo.”

La joven restauradora recuerda los obstáculos que superó en la realización de su trabajo: “La altura en los retablos, estar encima de los andamios y trabajar con químicos peligrosos fueron para mí las mayores dificultades. Por ser mujer conmigo tenían mucho cuidado: ´no te subas aquí, no te subas allá´.”

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“Ha sido genial. Sientes que has sido parte de un proyecto importante, porque la catedral es uno de las edificaciones más características de la ciudad de Matanzas. Las futuras generaciones lo tendrán en cuenta, se siente muy bien. Estoy muy contenta, la verdad.”

Israel Hernández, integrante del grupo Matiz, relata sus experiencias en la intervención del inmueble: “Me he desempeñado más bien como escultor y en algunos casos restaurador, he hecho de todo: las molduras en yeso, las partes de madera en los altares, uno de los pináculos de la torre. Este trabajo te permite abarcar muchas facetas de la restauración.”

Hernández reconoce que la restauración del sagrario, lugar donde se depositan las reliquias, resultó un gran reto: “Esta fue una pieza muy compleja, a pesar de no ser tan grande como los altares, que también fueron complicados de manera general.”

Mi hogar, la casa de Dios

Wilfredo González, chofer del Obispado de Matanzas, acompañó desde muy cerca el proceso desde su inicio: “Para mí ha sido un orgullo apoyar  las labores, desde pequeño me crié aquí y estaba dolido por el deterioro que tenía la catedral, ya me siento regocijado de cómo está quedando.

“Las mayores complejidades se presentaron en las bóvedas y el piso, por su avanzado deterioro. El trabajo de carpintería también ha sido arduo. Esto estaba en condiciones precarias debido al paso del tiempo.”

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El sacristán Sergio Díaz, por su parte, destaca la calidad humana del personal,  sin dejar de reconocer el talento: “Hemos tenido suerte con los trabajadores. Siempre se han portado bien y cuidan los objetos de la iglesia. Han sido comprensivos cuando se detiene la faena para efectuar actividades litúrgicas.

 “Las labores han sido muy artísticas. Las maravillas de los carpinteros no te las puedes imaginar, recuperaron muebles que estaban en pésimo estado. Cuando vean la catedral terminada se darán cuenta de que la demora ha sido productiva.”

La paz que me faltaba

Dariel Reyes, ayudante de carpintería, llegó a la obra por mediación de su abuelo quien lo inició en el oficio: “Llevo un año trabajando. Respeto todas las religiones, pero aquí he encontrado paz. No se habla el idioma de la calle, con malas palabras, todos son decentes, personas serias.”

Respecto a las particularidades de su trabajo, aseveró: “La madera que inicialmente se utilizó provenía de los techos, el cedro mexicano, una buena madera. Luego se empleó un cedro cubano, sobre todo en puertas. En la marquetería se aprovechó la pinotea. Se hicieron las ventanas para las torres, después se trabajaron las puertas y enchapes de madera (como alternativa al mármol).

“Para la reparación de determinados muebles hemos tenido que buscar fotos, investigar, porque no existen referencias de cómo se hacen. Aquí todo es una complejidad porque se trabaja con cosas muy antiguas.

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Juan González, jefe de la brigada de albañilería, confiesa: “Me he superado personal y profesionalmente. Ha sido una obra abarcadora y se trata, además, de la casa de Dios, la Diócesis de Matanzas. Dentro de la dificultad se aprendió mucho, he adquirido experiencia. No tiene comparación con otro tipo de edificaciones como las viviendas, se necesita mayor terminación, delicadeza en la construcción de estructuras que no son comunes. como las cornisas.”

En breve regresará el silencio a la catedral de Matanzas y será imposible no encontrar reposo ante la quieta solemnidad de las imágenes y bajo las torres que aspiran alcanzar los cielos.

(Fotos cortesía del Grupo Matiz)




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