Un abrazo paterno para Pelusín

Pelusín del Monte y Pérez del Corcho, es rubio y su pelo es como las pelusas del maíz, tiene los ojos verdes y el corazón puro y libre como un animal silvestre de los campos cubanos.

En su rostro se dibuja una gran sonrisa que aún resuena picaresca como cascabel. Un sello revelador de las travesuras del guajirito de orejas paradas, cachetes pronunciados y enormes ojazos como estampa de la campiña.

Nació en 1956 de la pluma de la escritora matancera Dora Alonso y las manos del diseñador Pepe Camejo. En el seno del Guiñol Nacional de Cuba el muñequito campesino comenzó a desandar los trillos de la mano de su tropa de amigos.

Sus padres lo vistieron de guayabera, pañoleta y pantalón con colores que evocan la bandera de Cuba.  En un conjunto teatral que colocó en escena la flora, la fauna y los dicharachos del campo en las peripecias de este cubanito de pura cepa.

El Pelusín, de Pepe y Dora, llegó a la televisión en los años 60, con la voz entrañable de Marta Falcón y la animación de Carucha Camejo para su debut en el programa Las aventuras de Pelusín del Monte. Desde entonces ocupó los espacios del teatro de figuras  y la literatura infantil, con una presencia cada vez más arraigada  a la cultura popular.

Dada a su permanencia en la escena, a pesar de algunas etapas de silencio, el investigador, profesor y dramaturgo Freddy Artiles realizó su tesis doctoral y con opinión autorizada lo nombró: Títere Nacional de Cuba.

Rescatado de las tempestades del tiempo y ubicado en el lugar que merece por artistas como Rubén Darío Salazar y Zenén Calero Medina, el guajirito de guitarra cuenta con 60 años y continúa soñando con volar. Sus relatos no envejecen y a pesar de vivir tiempos invadidos por nuevas tendencias para los niños los titiriteros cubanos regresan a él, sobre todo en Matanzas, la tierra de inspiración.

Así, el peluso patatuso vuele a pasar por el corazón, con más fuerza, el 21 de marzo, Día Internacional del Títere.

Pero la fecha se envuelve con el velo de las coincidencias al acoger el natalicio de Pepe Camejo, en 1929, y la muerte de la Premio Nacional de Literatura Dora Alonso, en 2001. Dos momentos de la vida que aparecen para conectar en un abrazo a los padres de Pelusín del Monte, el Títere Nacional de Cuba.

El guajirito de sombrero jipijapa lleno de cocuyos y tomeguines que sigue cazando mariposas en los retablos, para orgullo del teatro de títeres cubano.

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