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Tuesday 17 September 2019
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La «abuela» de los delegados

María Cristina Sotomayor, fundadora de los primeros órganos del Poder Popular constituidos en Cuba, inspira a sus electores la idea de que entre todos se puede revertir cualquier situación adversa. Si estamos juntos y hablamos el mismo idioma, los que de conjunto conformamos el barrio, podemos hacer mucho, aseguró.

Con esa finalidad asumirá el cuarto proceso de rendición de cuenta del delegado a sus electores de este mandato, sin lamentaciones y con el único propósito de defender los intereses de la población.

Gracias a la habilidad para tratar con las personas, y sobre todo a su tenacidad, esta mujer funge como delegada de circunscripción en su natal Jovellanos desde hace 43 años, prueba de sacrificio que le vale elogios de todo tipo.
Es lo que se dice un récord inusual el de esta matancera, de semblante bondadoso y que no ceja ante empeño alguno.

¿Cómo has podido mantenerte en esa responsabilidad durante tanto tiempo?

-En realidad, no ha sido nada fácil. La recompensa es la confianza de los electores. Creo que constituye el mayor premio al trabajo y me anima a continuar esforzándome. Por lo demás, hay que tener una gran dosis de paciencia.

“A veces chocas con la incomprensión de directivos y también de algunos electores. En esos casos es necesario reflexionar con serenidad para no incurrir en injusticias. Siempre trato de explicar de la forma más sencilla posible lo que hemos hecho y qué nos falta. Me esmero por preparar reuniones de calidad y para saber cuál camino elegir. ¡Ah!, y cuando no hay solución inmediata del asunto argumento suficientemente y siempre con honestidad”.

¿Cómo te las arreglas para cumplir con todo y cuál es el papel de la familia?

-Trato de hacer maravillas para planificar el tiempo. El apoyo de mi familia es fundamental. También es importante el de mis vecinos más cercanos y compañeros de trabajo. Sin la comprensión y ayuda de ellos, no sería posible.  

¿Cuánto más efectivo puede ser el trabajo del delegado?

-Durante los primeros años del Poder Popular se respetó mucho el papel del delegado y todos los organismos y entidades estatales colaboraban con gran interés en solucionar los planteamientos de la población.

“A mi modo de ver las cosas, ese apoyo ha mermado. A veces un viejo problema, sobre el que llevamos años y años insistiendo sin solución alguna, pues de pronto se destraba ante la participación del nivel superior o porque sale en la prensa. Sabemos que los tiempos no son los mismos, pero es preciso mayor coherencia en ese sentido”.

¿Qué aportó al sistema político cubano el ejemplo de la Experiencia de Matanzas en 1974?

-Fue una innegable contribución. Demostró la importancia del poder del pueblo y que las masas son capaces de solucionar muchos problemas. Además, que es necesario respetar a la comunidad y contar con ella.

¿Cuál es el planteamiento más añejo de tu circunscripción?

-La situación de los residuales y la impermeabilización de los edificios.

¿Y la instancia administrativa da la cara en tu radio de acción?

Por lo general siempre asiste un representante, pero a veces sin poder de decisión. No pocas veces asisten a las asambleas de circunscripción o recorren el barrio apenas en calidad de receptores.

¿Cómo calificas la participación de los más jóvenes?

-Una buena parte de los muchachos responde cuando se les convoca para alguna tarea, pero nos toca incentivarlos más para que comprendan la importancia de su contribución. No podemos cansarnos. Después de todo esa figura cardinal que es el Delegado dentro del sistema político cubano es también un educador.

Licenciada en Filosofía y fundadora del Poder Popular, María Cristina insiste en que, pese a no pocos sinsabores, esta inmensa tarea la ha hecho mejor persona y más revolucionaria.

¿Cómo haces para no repetirte, para superarte a ti misma?

-Me ayuda un poco mi profesión. El maestro tiene que ser creativo en sus clases, ninguna puede ser igual a otra. La vida es muy dinámica y a cada etapa corresponden cosas diferentes. La vinculación con tus electores es la esencia de todo. Esa unidad del delegado con sus electores constituye una fuerza estratégica para enfrentar cualquier batalla. Estar unidos en torno a la Revolución es lo más importante, como nos enseñó Fidel.

Tomado del periódico Granma




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