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Tuesday 15 October 2019
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Igualdad y equidad desde el campo

De las mujeres se espera que contribuyan a la economía del país tanto como los hombres. Más de 50 años de Revolución han influido en el cierre de la brecha de desigualdades. Sin embargo, las féminas mantienen una doble jornada laboral: fuera y dentro del hogar. El tema se complejiza cuando miramos con más atención la situación de la mujer rural.

En la mayoría de los casos las campesinas se dedican a las actividades agrícolas, colaborando con su pareja y no se les reconoce su labor, ni jurídica ni monetariamente. Las cooperativas realizan amplios esfuerzos para la integración de esas mujeres como cooperativistas, pero aún es insuficiente.

La agricultura cubana deviene idiosincrasia y tradición, elementos que forjan creencias y percepciones sobre cómo deben ser las labores en el campo. Pensamiento que pone sobre la agenda un tópico sensible como la desigualdad de género, precisamente cuando la presencia y desarrollo de las mujeres resulta elemental para la seguridad alimentaria.

El Ministerio de la Agricultura (MINAG) dispone de un sistema de trabajo sobre el tema, vinculado con el marco jurídico de la Isla, sin embargo, las diferencias persisten. En el 2015 menos del 20 por ciento del personal de la esfera agrícola eran mujeres, principalmente en puestos no productivos. Sin contar a aquellas que se acogieron a las posibilidades ofrecidas por el Decreto-Ley 300 que otorga las tierras en usufructo.

Las féminas sufren los estereotipos y roles de género que segregan su ubicación en puestos mejor remunerados. También, las desigualdades se extienden a la capacitación, participación en la toma de decisiones y distribución de la carga de trabajo en el hogar, además de la presencia de un lenguaje sexista y excluyente, la brecha presencial y la mala interpretación del papel de ellas en la esfera agrícola.

Factores que avalan la importancia de la estrategia de género que se aplica en el Ministerio de la Agricultura en Cuba para sensibilizar acerca del fenómeno y empoderar a las mujeres.

Se necesita igualdad de derecho a oportunidades, posibilidades, acceso y resultados, unido a una equidad, para llegar a la igualdad con acciones diferenciadas. Tal aspiración, que se materializa paulatinamente, va más allá de la elaboración de políticas o no, supone cambios profundos en la forma de pensar y actuar.

 

 

 




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