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Tuesday 15 October 2019
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El viejo y el mar de asfalto

-Buena suerte Santiago. Bendecida por las palabras de Ernest Hemingway, como se bautiza con champán un barco, comienza El viejo y el mar, espectáculo callejero del grupo de teatro El Mirón Cubano, inspirado en la novela homónima que le valiera el Premio Pulitzer al escritor norteamericano en 1953.

Porque siempre existirá un viejo Santiago sin suerte en cualquier mar, Francisco Rodríguez, actor de la agrupación matancera,  se atrevió a llevar a escena una de las obras más famosas de Hemingway y porque los años que ahora le pintan la barba, le pintaron además cada uno de sus ratos a solas.

“La novela me gustó desde que la leí, pero le temía demasiado a la hora de interpretarla en un montaje escénico. La concebí en un momento de mi vida en que me identificaba mucho con el viejo Santiago y por eso incluye algunos elementos personales.

“Cuando actuamos en Matanzas a veces salgo de la esquina donde se interceptan la calle del Medio y Santa Teresa, porque tiempo atrás existió ahí una bodega que yo visitaba de niño junto a mi padre. De esa manera la obra se convierte en una especie de reflexión sobre la vida.”

Sin embargo, esta vez el viejo Santiago no tiene en sus manos los remos sino el manubrio de un triciclo improvisado y no navega en otras aguas que un mar de gente que lo sigue como una procesión de olas. Uno de los aciertos de una puesta pensada para el escenario urbano donde cualquier imprevisto puede surgir y para captar la atención del público compites con los ruidos de la calle y de la vida.

El Mirón Cubano ha presentado El viejo y el Mar en el Festival de Teatro de La Habana, en su homólogo en Camagüey, en la ciudad de Pinar del Río y se repite el éxito. Matanzas ha sido testigo de sus reposiciones, incluso en dos ediciones consecutivas de la Jornada de Teatro Callejero y aun así, el público se asombra como la primera vez.

“Se trata de una obra que le ha traído mucha alegría a la agrupación en los últimos tiempos y en lo personal me ha gratificado muchísimo al punto de curar casi todas esas nostalgias con que fue concebida.

“Hemingway puso a un viejo solo en el mar y de ahí partimos nosotros, de la posibilidad del fin. Es un poco la historia de cada anciano y la decisión de continuar la lucha, me vencen, no me vencen; pero lo cierto es que no se nace para la derrota.” Una certeza del Nobel de Literatura: “Un hombre puede ser destruido, pero nunca derrotado.”

Hacía 84 días que Santiago no pescaba, pero ese es el Santiago del libro, porque el de Francisco Rodríguez debe tener en el morral muchas caras de asombro y varios kilogramos en aplausos, suficientes para toda una temporada antes de navegar otra vez sobre las calles.

  • Fotos de Abel López Montes de Oca



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